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“ADOLF HITLER DESCRITO DESDE LA EXPERIENCIA”. HANS SEVERUS ZIEGLER

 

“Cuanto más bajas y miserables son las obras de una época y de sus hombres, tanto más detestan éstos a los testigos de una grandeza y una dignidad pasadas, porque ellas han sido superiores”.
Adolf Hitler ‘Mi Doctrina’. 1938.

Este libro fue escrito y editado después de la derrota mundial de 1945, en Alemania, y eso le da aun más valor dada la persecución y la censura que allí hay sobre el tema de Hitler.
El autor, Hans Severus Ziegler, fue muy valiente en este libro, trata de evitar la prohibición pero el texto es tan absolutamente sincero, tan ajustado a la verdad, que pese a todo tuvo serios problemas, que relata al final del libro en su “Epílogo del Autor”. A fines de diciembre de 1965 fue prohibido por la fiscalía del Estado de Gotinga a causa de una denuncia y tuvo que sufrir un proceso penal contra él y contra el Editor.
Se le acusaba de treinta lugares donde había sido excesivamente favorable a Hitler, y por fin tuvo que eliminar del libro algunos de los párrafos denunciados por la Audiencia Provincial que carecían de importancia para estas memorias y en sustitución a esas líneas suprimidas introdujo una declaración de Ribbentrop mucho más importante.

¿Quién es pues ese tal ‘Ziegler’, desconocido en general, que estuvo tan cerca de Hitler como para poder dar testimonio suyo, especialmente en tema artísticos y culturales, y a la vez tan valiente como para editar el libro en Alemania tras la derrota?.
Hay un capítulo de ‘Datos biográficos del Autor’ donde se expone ese tema, así que no voy a extenderme en absoluto, pero creo necesario resumir algo para mostrar que Ziegler tiene derecho y motivos para poder hablar de ‘su testimonio directo’.
Fue Doctor en Filosofía, nacido en Eisenach (una predestinación, la ciudad al lado de la Wartburg wagneriana, con su Museo Wagner) el trece de octubre de 1893.
Los pasos fundamentales resumidos en su vida junto a Hitler se describen en ese apartado:

“A fines de 1924 Ziegler fundó el primer semanario nacionalsocialista, que llevaría el título Der Völkische, pero que un año después se cambiaría por el de Der Nationalsozialist. En esta publicación Ziegler se alineaba con las ideas de Adolf Hitler, con quien se encontrará por primera vez en marzo de 1925”.

“Tras la refundación del NSDAP en febrero de 1925, el Dr. Ziegler se convirtió en lugarteniente del primer Gauleiter de Turingia, Dr. Arthur Dinter, y después de que Fritz Sauckel lo sustituyese, Ziegler prosiguió en su puesto bajo éste”.

“A propuesta suya, se adoptó en 1926 la denominación «Hitlerjugend» para la organización juvenil del Partido”.

“Durante el tiempo que el Dr. Wilhelm Frick ocupó el cargo de ministro en Turingia (1930/1931) Ziegler trabajó en el Ministerio de Educación Popular de Weimar como referente honorario para temas artísticos y teatrales, prestando también asesoramiento a Hitler en cuestiones teatrales”.

“En abril de 1933 el gobierno de Turingia le concedió el puesto de Dramaturgo Jefe y Director Teatral en el Teatro Nacional Alemán de Weimar (Teatro Estatal de Weimar), en cuyo Intendente General se convirtió en 1935”.

“En 1935 el Dr. Ziegler se convirtió en Consejero de Estado del Gobierno de Turingia y en 1937 prosiguió su labor en el Senado Cultural del Reich”.

Estos datos son suficientes para ver la importancia de Ziegler en el tema cultural y artístico junto a Hitler. Por ello el título del libro es justo y adecuado: “Adolf Hitler descrito desde la experiencia”, no habla de oídas ni de algo que ha leído, sino de su experiencia junto a Hitler.
Esto es fundamental, porque la mayoría absoluta de mentiras y extravagancias contra Hitler provienen de los que jamás convivieron con él.

El libro se compone de tres partes fundamentales bastante diferenciadas, y de una serie de apartados o anexos muy importantes sobre temas concretos (Prólogo, Algunos artistas que trabajaron con Hitler, una Biografía de Ziegler y su Epílogo, un discurso magnífico de Adolf Hitler sobre temática cultural pronunciado en la Jornada Cultural del Día Nacional del Partido de 1937).
Las tres partes fundamentales serían:
1- La lucha por la Verdad frente a las mentiras, ataques y difamaciones que se hacen sobre Hitler por quienes no lo conocieron ni trataron. Aunque se centra especialmente en su faceta de artista, de amante y defensor de la cultura, el texto es una acusación general sobre cómo se habla de Hitler desde el odio y la ignorancia.
2- La relación cultural y artística de Hitler con Weimar y Bayreuth.
3- La Degeneración de la música y el arte en general tras 1918 y luego tras 1945.

La lucha por la Verdad

Esta es el principal objetivo del libro, es una rebelión de la Verdad contra la caricatura del sistema contra Hitler. Como dice el autor “No se trata en estas páginas de hacer una «apología» de Hitler y de su movimiento sino sólo de «honrar» la verdad sobre él. Para impedir falsas suposiciones o sospechas malintencionadas: no escribo por encargo de nadie, escribo sin ninguna vinculación a ninguna organización política”.

Curiosamente ni en nuestros propios medios se ha comprendido la verdadera naturaleza de la lucha de Hitler, la naturaleza artística, la creación del Estado Artístico, su pasión por las artes. Como su ilusión era construir, fomentar y difundir el arte popular, alemán, sensible, romántico, y que en modo alguno deseaba la guerra.
Lograr que “quizás este lector llegue a reconocer que Hitler ha sido un ser humano de naturaleza artística, significativamente creador, que ha trabajado por amor hacia su pueblo”.
Una y otra vez combate Ziegler las mentiras típicas del sistema sobre Hitler, mostrando su faceta cultural. Muestra cómo tras 1918 en Alemania se impuso una decadencia tremenda de las artes, la disolución y destrucción de los valores culturales y artísticos alemanes, sustituidos por modas degeneradas, americanizadas y sexualizadas, que eran promocionadas como las únicas’ por los gobiernos de masones, progresistas y sionistas.
Frente a ello se levantó primero el movimiento völkisch y los Wandervogel, basado en el arte popular, las canciones tradicionales y los cantos de viaje alemanes. En los años 20’s estos movimientos fueron la base de la recuperación nacional alemana, y Ziegler estuvo en ellos desde el inicio.
No era más que reafirmar la propia identidad alemana. Como dice Ziegler, hoy Israel no desea una imposición cultural alemana, pero se queja de que en la Alemania de los años 20 y 30’s no se deseara una imposición cultural judía o americana.
No se trataba solo de luchar contra el bolchevismo político, sino lograr una Comunidad unida sin clases, y proteger la cultura germano-alemana y la cultura de Europa frente a las influencias extrañas decadentes.
Ziegler es pesimista sobre la situación actual, y más lo hubiera sido si no hubiera muerto en 1978 y viviera los momentos actuales.
Denuncia la música atonal y el arte abstracto como manifestaciones propias de estos tiempos son patológicas y se pregunta si no requerirían del reconocimientos de un médico psiquiatra.
Incluso Wilhelm Furtwängler tuvo el valor en 1949 de dejar claro y por escrito que la música atonal era una música «degenerada».

Así escribe “La decadencia había dejado de tener fronteras y hoy ha vuelto a dejar de tenerlas; dieciocho años después de la Segunda Guerra Mundial se ha propagado tanto que puede hablarse de anarquía y caos en la vida cultural”.
Profundo wagneriano, Ziegler ve en esa obra la capacidad de compasión y empatía ante las criaturas más débiles y de un íntimo compartir el destino de los menos favorecidos, que podría lograr en las siguientes generaciones, bajo las mejores condiciones, un fuerte sentimiento socialista junto a la renovación moral y artística.
Por último resaltemos este párrafo que por sí mismo es un resumen de esta parte del libro:
“Quien haya conocido de primera mano la personalidad de fuerte sello artístico de Adolf Hitler, al hombre de Estado y guía del pueblo, versado en todos los ámbitos del arte, no sólo en la música, quien haya sido testigo de su amor por las artes plásticas, de sus amplias dotes para la arquitectura a través de sus proyectos y planificaciones y, por último, sus extraordinarias dotes como orador, llegará a unos resultados en su juicio de conjunto completamente diferentes a los de los superficiales críticos del político desde 1933, que no han podido conocer a Hitler en profundidad y a quienes su enemistad llevó a rechazarlo y a rehusar a toda objetividad desde un principio”.

Adolf Hitler con Weimar y Bayreuth

Cuando Hitler visitó a la Sra. Förster-Nietzsche en Weimar, ésta le dijo en la despedida:
“Su visita, Señor Canciller, es para mí un motivo de profunda alegría. En los últimos años me he hecho informar al detalle de los progresos del nuevo movimiento y me alegro mucho de poder dar hoy la bienvenida a su Führer”
Y Hitler la responde:
«Sepa Usted, Ziegler, que amo Weimar. Necesito tanto Weimar, como necesito Bayreuth. Y llegará el día en el que me dedicaré a fomentar todavía mucho más esta ciudad y sus teatros. Es mucho lo que tengo proyectado para Weimar y Bayreuth».

Estas dos ciudades fueron especialmente fomentadas como centros culturales y Ziegler dirigió uno de ellos, Weimar, tras que en 1933 hubiese asumido la Dirección Teatral y un año después la Intendencia General del Teatro Nacional Alemán en Weimar.
Se reformaron los teatros, se asignó más dinero para actividades culturales, se promocionó todo tipo de obras, demostraciones y edificaciones. Esto era lo que entusiasmaba a Hitler.
Pero hay algo vital, contra lo que pasa ahora, los teatros alemanes, también en el teatro de Bayreuth durante el periodo de Hitler, se regían como norma por el principio de rendimiento. No interesaba la pertenencia al Partido sino sólo los resultados. Si la gente no iba, si no lograban público, no recibirían ayuda estatal. La promoción artística era general, pero cada acto, cada lugar, debía lograr su éxito por sí mismo.
Hoy la mayoría de actos viven solo de subvenciones, y ésas se dan solo si se obedece las normas de lo ‘políticamente correcto’.

Si no hubiera tenido que luchar para salvar a Alemania tras 1918, la predisposición de Hitler era ser arquitecto, y sus habilidades más importantes estaban como dibujante, artista, quizás dedicado como estudioso al teatro y la música.
Ziegler relata cómo vio varias veces dibujar en directo a Hitler, con una gran calidad, especialmente bocetos arquitectónicos. Sus pinturas son también casi todas de base arquitectónica, y no están nada mal teniendo en cuenta que no tuvo formación externa alguna y que muchas las realizó para venderlas y poder sobrevivir en su etapa de pobreza en Viena.

Hoy se considera por la prensa del sistema que Hitler era ‘wagneriano’ solo por interés político, como si el arte no le interesara en absoluto. Hitler era un gran wagneriano, profundamente conocedor de sus obras.
La total mayoría de los libros y artículos desde 1945 han tratado las cuestiones «Adolf Hitler», «Hitler y Wagner» y «Hitler y Bayreuth» todos dictados por el odio hacia Wagner y hacia Hitler, y con una total ignorancia de la realidad. Y ese odio es especialmente radical contra Winifred Wagner, la esposa del hijo de Wagner, por su posición favorable a Hitler.
Hay muchas anécdotas que demuestran el conocimiento de Hitler y su integración en el drama y la obra de Wagner. Relata Ziegler una que es poco conocida:
“En una de nuestras representaciones de Lohengrin, tras la finalización del primer acto, Hitler solicitó que el director responsable, Dr. Hesse, (actualmente en Berna) se presentase ante él en el salón del palco, para manifestarle su aprobación en general. Sin embargo, Hitler opinaba que la comitiva de mujeres de Elsa de Brabante quedaba demasiado extendida por el amplio escenario y que consideraba mejor que las angustiadas mujeres estuviesen lo más cerca posible de Elsa, como polluelos asustados ante una tempestad alrededor de su madre, con lo que se lograría una mayor tensión dramática”.
Tiene razón y muestra como comprende el drama y el efecto teatral.
Los Festivales de Bayreuth se realizaron, antes de la Primera Guerra Mundial y también hasta 1936, cada dos años con una pausa anual. Pero por iniciativa de Hitler los Festivales se celebrarían anualmente desde 1936.
Tras el inicio de la guerra fue Hitler quien apoyó la idea de mantener los Festivales de Bayreuth pese a todo. Ante los problemas de cantantes, público, etc. fue el mismo Hitler quién logró solucionarlos:
«El público estaría compuesto por heridos, por personas distinguidas por sus méritos, por trabajadores de las fábricas de armamento, organizados por la KDF, por jóvenes y mujeres enfermeras y de la administración interior. En unas semanas daré la orden correspondiente».
Y aceptó que los artistas, los solistas, el coro y los músicos de la orquesta fueran liberados del frente o del trabajo durante el tiempo de los ensayos y Festivales.
Pero en cambio Hitler jamás concedió fondos públicos al Festival como tal, ni tampoco subvenciones financieras a la familia Wagner.
También fue Hitler quien quiso apoyar a los artistas en general, y amplió el periodo de cobro de los derechos de autor de treinta años a cincuenta (lo que todavía está vigente en la actualidad).
En cada visita a Bayreuth hacía una silenciosa visita al sepulcro de Wagner y a partir de 1930 también a la del hijo de Wagner, ante los que siempre depositaba flores. Eso antes de llegar al poder, sin propaganda ni prensa.
En absoluto la mayoría de dirigentes del III Reich fueron wagnerianos, al contrario, solo unos pocos, pero contaban con Hitler. Eso pasa también actualmente entre los militantes nacionalsocialistas, la mayoría no poseen la sensibilidad requerida para sumergirse en cuestiones artísticas. Y eso debe solucionarse, este libro pretende exponer como el tema cultural y artístico fue esencial para Hitler y para el Nacionalsocialismo.

No fueron solo Weimar y Bayreuth los centro de promoción artística especialmente apoyados por Hitler, fue un renacimiento general. No solo se acabó con al degeneración abstracta o la música-ruido, sino que se creó toda una revolución del arte, una creatividad sin igual en pocos años.
Por ejemplo, algo que ni ahora se hace: se crearon orquestas y compañías de teatro de gran calidad que debía ser ambulantes, descentralizadas, para hacer llegar arte de calidad a los campesinos.
El DAF invitaba a miles de trabajadores a conciertos y teatro, óperas, etc… hoy solo les ofrece normalmente beber en fiestas y la playa.
Hitler creó nuevas orquestas de calidad, como la de Linz, que se formó a partir de la Orquesta Bruckner bajo la dirección del joven Jochum, así como el teatro local con puestas en escenas del escenógrafo del Reich von Arent.
En el Tercer Reich se dispuso la celebración de exposiciones artísticas, no sólo en Berlín y Múnich, sino en todos los Gaue, y que fuesen populares en el mejor de los sentidos, cuando en aquella época eso no se hacía en ningún país.
Algo que nos descubre Ziegler, poco conocido, es la admiración de Hitler por las obras de Karl May, del que dijo: “¡Cómo lo han atacado los críticos en vez de reconocer la cantidad de valores positivos que contienen sus libros. Un verdadero escritor de obras juveniles, al igual que cualquier otro escritor –May escribía también para los adultos– debe poseer una rica fantasía, transmitir sentimientos honestos y mostrar lo que significa capacidad de vivir”.
Nos habla luego de temas como la abstinencia absoluta de carne en Hitler por amor a los animales, su sentido del humor en anécdotas varias, su dominio extenso en el campo de la historia mundial, ya fuere la antigua o la moderna. Como la historia de América le cautivaba.
Se ha criticado a Hitler que no hubiera viajado, pero se olvidan que, a diferencia de los dirigentes capitalistas, Hitler era un obrero, sin medios, que tuvo que luchar para sobrevivir, y luego tuvo que ir a la guerra en 1914.

La Degeneración en el arte

No podemos hacernos ahora una idea de la cascada de degeneración artística que la República de Weimar lanzó sobre el pueblo alemán. Pornografía, burla de lo religioso, música negroide americana, ruidos, manchas y trastos como ‘arte’, todo esto ahora ya es tragado por un pueblo domesticado por años de propaganda, pero entonces provocó la sana reacción del pueblo.
Ziegler fue en 1938 el creador de la exposición «Música degenerada» en el marco de la Semana Musical del Reich, celebrada en Düsseldorf donde expuso que la Revolución Nacional no debía limitarse a dar soluciones a cuestiones políticas y económicas, sino también a las de naturaleza político-cultural.
Nos expone el libro muchos casos de esa degeneración, de cómo incluso en la Navidad de 1919 las celebraciones navideñas públicas de la «Bauhaus de Weimar» estaban a cargo de gamberros y beodos, que usaban a ritmo de jazz canciones navideñas alemanas en la sala del Teatro Nacional, burlándose de la tradición y los sentimientos del pueblo.
Contra ello era preciso reaccionar.
Dice con gran lógica Ziegler: “Nadie niega que la economía precise de una dirección. Nadie contesta la dirección de las actividades financieras y tributarias, ni tampoco nadie la de los servicios sanitarios públicos”, pues por lo mismo se precisa animar una dirección de la vida espiritual y cultural, que es más importante que lo económico, pese a que el capitalismo y marxismo no opinen así.
Se ha escrito mucho de las personalidades que tras 1933 fueron destituidas de sus puestos en todos los ámbitos artísticos (pero no encarcelados ni asesinados), como un centenar, todos ellos involucrados en el fomento de la decadencia de manera consciente, y financiados por los capitalistas. Pero no se dice nada de los cientos de artistas y personalidades de la cultura del III Reich represaliados en prisiones durante años en 1945 por los aliados, y asesinados por los rusos.
Curiosamente indica Ziegler, ya tras 1945, que no es en la URSS donde se estaba produciendo un arte y una música carente de arraigo en su sustrato étnico, no se acepta allí lo abstracto, la atonalidad. Es el capitalismo el cáncer de la decadencia.
Por fin escribe: “Porque en realidad, no se trata sino del odio de personas que poseen talentos mediocres, estériles y sumidas en complejos de inferioridad, que hacen gala de una naturaleza proletaria, y que se alzan contra la aristocracia del maestrazgo clásico y romántico”.

Otros temas del libro

Hay tras estos asuntos esenciales toda una serie de estudios de temas más concretos. Uno, por ejemplo, sobre los artistas del entorno de Hitler, especialmente los arquitectos. Y en concreto del arquitecto muniqués Profesor Paul Ludwig Troost, fallecido en 1934, el artista a quien Hitler confió las primeras grandes tareas arquitectónicas. Luego el treinta de enero de 1937 Hitler nombró a Albert Speer Inspector General de Arquitectura de la Capital del Reich, los planes para Berlín eran extraordinarios, algunos no llegaron a poder hacerse por la guerra y otros los destruyeron los rusos y aliados con sus bombas e incluso tras 1946 con dinamita.
Luego un capítulo dedicado a Eva Braun, una joven mujer que con amor dedicó su juventud a Hitler y que al final ofreció su vida en sacrificio.
No participó en política, ni tuvo influencia, pero fue lo poco de pudo disfrutar Hitler se su vida privada. Ella amó mucho a Adolf Hitler y lo hizo exclusiva e incondicionalmente hasta su muerte.
Ziegler fue uno de los que logró desenmascarar la falsificación en 1948 de la revista Wochenend publicando un falso Diario de Eva Braun.
Ziegler incluso se permite unas palabras sobre el mal llamado Holocausto… peligrosas palabras escritas en Alemania tras 1945, moderadas porque negarlo era delito grave:
“Para algunas personas que fueron muy cercanas a Hitler y que en los últimos años y meses de la guerra permanecieron junto a él resulta inconcebible, como lo es para mí, que Hitler pudiera haber dado personalmente la orden de exterminar a los judíos internados en Auschwitz. Esa orden no se ha encontrado jamás, lo que, en función de las intensas investigaciones que no han dado frutos, da que pensar”

Por fin hay un precioso discurso de Adolf Hitler sobre temática cultural.
Este discurso sobre arte y cultura es impensable en un Stalin, Churchill o Roosevelt, etc… que jamás tuvieron el menor interés artístico.
Es un texto profundo y sentido desde el alma.

Terminaría con una cita del propio Ziegler:
“Lo que Hitler, como Führer del pueblo, realizó en pocos años en el terreno cultural, estimulando, fomentando y creando, es mucho más importante que lo que el resto de políticos hicieron durante décadas para la formación de su pueblo”.

R. BAU

 

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