AGOREROS CON MUCHA CARA DURA

Tirando de hemeroteca (a la que, a este paso, también tildarán de fascista), bien podríamos encontrar (en publicaciones supuestamente “prestigiosas”) artículos de hace un par de décadas diciendo que en torno al 2020 las principales ciudades costeras del mundo estarían poco menos que anegadas…

Pero, pese al fiasco de tales predicciones y a que por el camino se hayan quedado en nada el agujero de la capa de ozono, la lluvia ácida o el efecto invernadero, todavía a estas alturas los pusilánimes hombrecillos occidentales seguimos creyendo la teoría (decretada indiscutible e inobjetable) de ser los, responsables del presunto Apocalipsis climático que se avecina, tragando con el gran negocio (impuestos verdes, subvenciones millonarias a empresas, etc.) montado alrededor del mismo.

Desde luego, nunca como ahora el rollo de salvar a la humanidad se convirtió en el mejor pretexto para controlarla: y si no, que se lo pregunten a todas las élites (financieras, partitocráticas, mediáticas, etc.) que conforman el mundialismo, las cuales deben estar partiéndose la caja mientras se pegan la vida padre a nuestra costa.

Lástima que dentro de unos 12.000 años (cuando, en un ciclo que se repite cada 15.000-17.000, el eje de la tierra vuelva a desplazarse y el Sáhara sea de nuevo un vergel) no estemos ya aquí para verificar la tomadura de pelo de semejantes sinvergüenzas.

CACHÚS 

 

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