AÑO NUEVO, VIEJAS FOTOS: HACIENDO CAMINO

Llevamos unas cuantas décadas ya, discutiendo en el ambiente nacional-revolucionario español, y digo bien, enfatizo, nacional-revolucionario, porque eso fueron los fascismos, entre otras cosas, y no simplemente “nacionales”, ya que el espectro que abarca esa palabra es tan amplio, que caben desde los constitucionalistas de Vox o el PP, hasta el más pirado conspiracionista creyente en la unión de reptilianos, trilateralistas y ovnis en la luna, sobre las formas y los nombres que debe adoptar un movimiento NR ante el pueblo español.

Los éxitos electorales logrados por partidos “nacionales” en Europa, o más recientemente por el “camarada” Donald Trump en Estados Unidos, no han contribuido a aclarar ideas, sino a enconar aún más el debate en nuestras filas.

Que el partido neofascista más poderoso en Europa, el MSI italiano, sin renunciar ni al discurso ni a las formas “históricas”, durante los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, acabara como acabó debido a las ansias de “modernizarse” (que no es sino sinónimo de reducir el programa del partido a pedir carrilles-bici, listas abiertas como en el Senado, defender el sistema de partidos políticos como la panacea, o aceptar el Nuevo Orden Mundial en todos los ámbitos de nuestra vida, poniendo un par de medidas económicas proteccionistas a lo sumo), parece que no nos ha hecho extraer conclusiones de ningún tipo.

Y me he acordado de una vieja foto de don Manuel Fraga, antaño líder de buena parte de las masas que llenaban la Plaza de Oriente los 20-N, y los actos “nacionales” en nuestra Patria. Don Manuel, admirador del general de Gaulle, como los Le Pen o Almirante, de los del “quiero y no puedo”, OTAN sí, pero no, unión de Europa, no pero sí, rojos no pero sí y al revés, contra el terrorismo siempre, autonomías no pero sí, democracia por supuesto, Vivan el Ejército y la Guardia Civil, aunque nada de golpes “fascistas”, Israel “faro de la civilización occidental” en Oriente Medio… ¿os suena?.

Ahí le tenéis, vestido impolutamente como todas las derechas europeas, como un hombre de orden (de su orden, del orden de los vencedores en 1945), delante de un cartel que bien podrían ser nombres de partidos “renovados e identitarios” de los que ahora se estilan por aquí y por allá.

Don Manuel se jactaba de que las camisas azules llenaban la Plaza de Oriente, pero que le votaban a él, y seguramente no esperaba que con el tiempo hasta le imitaran en todo.

Mussolini ya nos previno radicalmente contra las derechas en sus últimos discursos públicos, y José Antonio o Ramiro no se quedaron cortos. ¿Nuevos Finis?, ¿Derechas nacionales? No, gracias. Nuestro camino es más largo, más difícil, pero no por ello menos honesto, menos político, y menos real, y a la postre, el único que puede salvarnos como pueblo.

¡Que sigan los demás, que muchas veces hasta son los “nuestros”, con sus festines!. Roma no se construyó en un día.

R. GARCÍA

 

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