ANTONIO BERMÚDEZ CAÑETE

Entre los muchos asesinatos de los secuaces del Frente Popular (ésos que los falsificadores de nuestra Historia nos quieren colar ahora como “demócratas”) está el cometido sobre el hoy poco conocido Antonio Bermúdez Cañete (1898-1936).
Nacido en la localidad cordobesa de Baena, desde muy joven desarrolló una inteligencia fuera de lo común amén de un marcado espíritu crítico, especialmente hacia todo lo referido a la dura e injusta realidad del agro andaluz, erigiéndose en un decidido defensor de la reforma agraria y de la mejora en las condiciones de trabajo de los peones agrícolas.
Impulsado por la voluntad de sacar a su amada tierra andaluza del atraso secular en el que se encontraba decide estudiar economía, campo en el que dejó trabajos tan singulares como los referidos a hacer del aceite de oliva un producto más competitivo en el mercado o los muy pioneros que apuntaban al turismo como un sector clave para reducir el déficit estatal.
De natural inquieto, viajó con frecuencia al extranjero, no sólo para conocer de primera mano determinados aspectos económicos foráneos, sino también por motivos laborales, destacando su labor de reportero para el diario “El Debate” (en Alemania, donde cubrirá el ascenso del nacionalsocialismo y de donde sería expulsado por sus críticas al Führer, o en Etiopía, cubriendo su conquista por la Italia de Mussolini).
Dicha inquietud le impulsó igualmente a participar en numerosas iniciativas políticas que entonces buscaban la regeneración española desde una óptica patriota, destacando su papel en el comité organizador del rotativo “La Conquista del Estado”, auténtico germen del nacionalsindicalismo español.
Finalmente adherido a la CEDA, partido por el cual conseguiría acta de diputado, su filiación derechista le pondrá en el disparadero en aquel mortífero Madrid donde, tras el Alzamiento, los edificios históricos eran transformados en cárceles de la muerte, los paseos en caminos sin retorno y las cunetas en infectas pilas de cadáveres.
Así, en el mes de agosto de 1936, sería sacado del Sanatorio San José (en el que estaba ingresada su esposa Augusta, a punto de dar a luz) por mor de una delación y, tras ser conducido a la cheka situada en Bellas Artes, ametrallado con saña: nunca llegaría a conocer a su hijita, nacida días después de tan cobarde crimen.
NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA
Cachús
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