ANTONIO CHOVER SÁNCHEZ

Antonio Chover nació en San Felipe de Játiva (Valencia) el 26 de octubre de 1776 y se alistó en enero de 1795 como soldado del Regimiento de Caballería de Alcántara.

Durante la Guerra de la Independencia española, en la batalla de Talavera, los franceses del mariscal francés Claude-Victor Perrin, en retirada, se enfrentaron con los españoles del general Cuesta y los ingleses de Wellington. En dicha batalla participó Chover como enlace.

El día 26 de julio de 1809, dentro de las maniobras previas a la batalla, Chover distribuyó a sus hombres, quedándose solo en las proximidades de Alcabón (Toledo), al margen de la calzada que conduce de Torrijos a Talavera. Al cabo de unos minutos desfiló por ella el mariscal francés Victor, con su estado mayor, el militar español los observó agazapado, pero cuando estaba a punto de retirarse descubrió que bastante rezagado venía un ayudante de campo francés y Chover le retó a un combate, disparando con la mala suerte de que la pistola no se encendiera y recibiendo 2 heridas casi mortales, una en la cabeza y otra en la espalda, aunque finalmente consiguió dejar al francés sin vida.
Cuando trataba, sin fuerzas, de montar a caballo, fue rodeado por Víctor y su Estado Mayor. Tambaleándose, Chover se dirigió al general francés y le dijo: “Ese hombre ha sido muerto por mí. Peleamos como caballeros. Exijo el respeto y trato de prisionero”, pero el francés no respetando su condición de prisionero, ordenó su ejecución.
Allí mismo fue acuchillado, recibiendo multitud de heridas que le atravesaron de parte a parte y dado por muerto, lo abandonaron cubierto de sangre y despojándole del uniforme, quedando tirado en el campo de batalla.

Al día siguiente, cuando deambulaba por la zona otro herido español, un sargento del Regimiento de Dragones de Lusitania, al cual le habían abierto la cabeza y andaba lleno de sangre y heridas, se dio cuenta de que alguien tendido en la cuneta le hacía señas para que se acercase a socorrerle. El sargento reconoció a Chover, que tenía la cabeza ensangrentada y abierta por dos profundas cuchilladas; la oreja izquierda cortada; un omoplato partido, el antebrazo derecho atravesado y seis estocadas en la espalda, aparte de dos que le atravesaban el estómago, perforado un muslo, herida la pierna derecha y un balazo en este mismo tobillo… tenia 21 heridas.

Ayudándose mutuamente, los dos españoles llegaron al vecino pueblo de Cebolla (Toledo), donde les auxiliaron, pero necesitando medicamentos que en ese pueblo no había, Chover se vio obligado a desplazarse a Val de Santo Domingo, donde no fue bien recibido por estar el pueblo en poder de los franceses y temer los vecinos sus represalias, ya que el mariscal francés al enterarse de que su cuerpo había desaparecido del lugar donde había caído y que por lo tanto era posible que estuviera vivo, como así era, dictó un bando en el que condenaba a muerte a cualquier persona mayor de 8 años que ayudara al militar español.

Chover encontró un refugio donde se escondió y se curó las heridas utilizando solo agua, vinagre y sal y así, con las únicas visitas de una anciana, un gitano y el cura párroco, que le facilitaron algún alimento y ropa, pasó 45 días.

Cuando se encontró algo recuperado se trasladó a Talavera donde llegó con 4 de sus heridas todavía abiertas, las 2 de la cabeza y las 2 del vientre, pero al ver que Talavera estaba ocupada por los franceses, continuó el viaje hasta llegar a Sevilla tras caminar más de 400 km. sin medios y en muy malas condiciones físicas.
Al llegar a Sevilla, se presentó al Inspector General de Caballería, el marqués de Palacios, quien quedó estupefacto al contemplar aquella visión y escuchar su relato. Inmediatamente le llevaron al hospital y fue atendido por médicos que consiguieron cerrar 19 de sus heridas, permaneciendo abiertas las 2 restantes durante toda su vida.

Tras reincorporarse a su Regimiento obtuvo el empleo de alférez con antigüedad del día en que tuvo lugar el combate de Alcabón, pero su estado le impidió continuar en el servicio activo, por lo que en agosto de 1811fue agregado al Cuerpo de Inválidos Inhábiles de Játiva y en febrero de 1817 al Estado Mayor de Valencia, siendo en septiembre nombrado ayudante de la ciudadela de la plaza de Valencia.

Destinado en 1820 al Depósito de Inválidos Hábiles de Valencia, no estuvo de acuerdo con el alzamiento liberal y en marzo de 1823 desapareció de su destino, uniéndose al Ejercito Realista, interviniendo en los 2 sitios de Valencia y en las acciones de septiembre de 1823 en Alicante y Elche, lo que le valió el ascenso al empleo de capitán y el grado de teniente coronel, además de la concesión de una medalla por el Rey como a “todos los impulsados de la más pura lealtad, que abandonaron el reposo de sus hogares y arrastraron toda clase de peligros a favor de los legítimos derechos de la soberanía de S. M. y en defensa de la religión y el Estado”.

En octubre de 1825 volvió al Cuartel de Inválidos y 4 años después pasó a la situación de retirado.
En diciembre de 1850 ingresó en el Cuartel de Inválidos de Atocha, en Madrid, donde en julio de 1854 se le hizo entrega del despacho de comandante de Caballería.

Su hoja de servicios, conservada como todas en el Archivo Militar del Alcázar de Segovia, testimonia que recibió 21 heridas en la batalla que tuvo lugar cerca de Talavera de la Reina, el 26 de julio de 1809, entre los napoleónicos y las tropas españolas aliadas a las inglesas de Wellington. Dicha hoja de servicios, que acredita 66 años, 1 mes y 16 días de servicios se cerró el 20 de mayo de 1857 por fallecimiento a los 81 años en Valencia.

En el Archivo General Militar de Segovia se muestra, como pieza destacada, un dibujo de Antonio Chovez, fundador del Cuerpo de Inválidos, con las 21 heridas recibidas.

ROSA M. CASTRO

 

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