ANTONIO SÁNCHEZ: LA LEGISLATURA CHANANTE

La verdad cabal es que este tío es para echarle de comer aparte.
Cuando el de Pontevedra se retiró, según cuentan las crónicas ahogando la pena entre lingotazos de Macallan, algo en mí se conmovió, no porque le hubiera cogido cariño, es que se nos iba un fino humorista.
Y a un servidor le encanta reírse, me da la vida.

¡Qué lejos estaba de suponer que el recién llegado iba a relegar a Mariano a la altura del tercero de Martes y 13!.
Aquello de “es el alcalde el que quiere que los vecinos sean el alcalde” que en su día funcionara mejor que la empanadilla de Móstoles, se ha quedado en mero chiste de Jaimito al lado de las tribulaciones de Antoñito el Camborio (con perdón para el poeta, que ya sé que el asunto iba de drama).
De acuerdo que son bufones diferentes: al gallego se le daba de coña el estilo “Ozores”, mientras que el madrileño ha dado una vuelta de tuerca a la comedia de Mihura.

Y es que, cuando crees que Antonio ha tocado techo con su último sketch, el guión se retuerce al más puro estilo de un Jardiel o un Paso (con perdón) para que la siguiente escena ponga en pie al público, incluido el sieso que sestea en la platea.
Miren: fuera genial el debut, poniéndose on line en el besamanos real.
Hay que decirlo ¡oigan!: ni Woody Allen lo hubiera escrito.
Luego llegó aquello de la recepción al matrimonio Merkel, al que gentilmente cede el paso en el bungalow de Doñana… para dar luego con la puerta en las narices a Begoño, que dicen por ahí es su señora.
Aprende Billy Wilder…

Con el “Paseillo de Joe” (vaya título para una obra) donde apostado tras una columna y apareciendo súbitamente al rebufo de Biden le informaba de lo poco que corre Benzema pa lo que cobra, cuanto alcanza un cachirulo, y de paso los peces de colores, Antoñito parecía haberse coronado entre Lemmon y Matthau.

Pero amigos: aquél que naciera pegado a las tablas nunca defrauda al público y en triple salto mortal con voltereta y tirabuzón y medio Antonio Sánchez lo ha vuelto a hacer:
Se ausenta de España, se esfuma, desaparece como el fuet de Casa Tarradellas en la peor crisis económica del último lustro, con el argumento aireado por todos los Medios paniaguados de “Sánchez se reunirá con los otros lideres europeos por imponer sus ideas para contener la inflación” y tras el selfie con Draghi, gran Maestre del tinglao continental, éste despacha a Pedrito llamándole Antonio.
Y menos mal que no le dijo Toni, que es nombre de chucho.

Miren: me parto.
No tuvimos nadie igual desde Leblanc.
Normal que el teatro esté en crisis desde que se nos fuera Arturo Fernández: los grandes genios ahora nos hacen reír en prime time.

¡Vivimos unos tiempos apasionantes!

LARREA  MARZO 2022

 

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