ANTORCHAS 2019

INTERVENCIÓN DE JUAN ANTONIO LÓPEZ LARREA TRAS LA MARCHA DE LAS ANTORCHAS.

Enhorabuena a todos los asistentes por vuestro ejemplo. Y de manera especial a los organizadores por hacer posible por noveno año consecutivo esta humilde procesión que es en sí misma el mayor exponente de gallardía y lealtad, virtudes éstas que no acompañan a la inmensa totalidad de la sociedad actual.

Y si como muestra vale un botón, no podíamos empezar estos discursos sin recordar a Víctor Laínez cobardemente asesinado por la espalda, desnucado en el acto y pateado en su agonía por un salvaje al que un “jurado popular” ha decidido exculpar a pesar de las abrumadoras pruebas y testimonios en sentido contrario, relegando el abominable crimen a una simple cuestión de mala fortuna.

Víctor ha sido por tanto asesinado por dos veces.

La primera ocasión víctima del odio que despierta entre los rojos la exhibición espontánea de españolidad. En la segunda ocasión, víctima de un Sistema que nos desprecia y que no duda en otorgar patente de corso a aquellos que se muestran voluntarios para ejecutarnos y dispuestos a ejercer como verdugos.

Es ya viejo aquello de “matar fascistas no es un delito”. La frase fue acuñada -no lo olvidemos- nada menos que por un escritor que fue galardonado en 1997 con un Nobel: Darío Fo.

Pero que no olviden nuestros enemigos que el gran Mario Tutti completó la cita con la frase: “pues si no es delito, nosotros haremos que al menos sea peligroso”.

Llegado el día –si éste llegara- del “tanto va el cántaro a la fuente” nadie podrá juzgarnos moralmente ni condenarnos por asumir la defensa de nuestra propia vida.

Advertidos quedáis.

Hoy estamos aquí para, repitiendo aquella fórmula tantas veces recitada, jurar ante el mundo que tu sangre, camarada, no será estéril y que ya está germinando en los pechos ansiosos de cientos de jóvenes dispuestos a hacer de su sacrificio personal el resurgir de España.

Porque España amigos, España se nos muere… desaparece como agua entre los dedos, hurtada por generaciones y generaciones de políticos sin escrúpulos capaces de vender a su madre con tal de perpetuarse en el poder.

Primero, urdieron la ruptura moral y espiritual de la nación española con la desafección programada de sus hijos hacia su propia patria.

Simultáneamente, tramaron y desarrollaron un Sistema político donde las minorías periféricas, históricamente en manos de oligarquías corruptas, los nietos de los negreros, tuvieran la última palabra acerca de la gobernabilidad de España.

Y es con estas alforjas que el nefasto Régimen del 78 nos ha traído hasta aquí. El pueblo español observa con asombro cómo su destino es servido en bandeja de plata a una cuadrilla de Rufianes.

Conseguidos sus objetivos, a nadie ya sorprendería que una de las naciones fundamentales de la historia universal fuera disuelta en aras de “la convivencia pacífica”, como si esto de la “paz forever” fuera la mayor gloria a la que puede aspirar un pueblo forjado en el quebranto de mil batallas libradas a lo largo de los siglos.

Pues bien, nosotros os decimos: ¡España no se negocia!.

Y si en algún momento de vuestro delirio habéis llegado a suponer que podréis entregar la tierra de nuestros padres sin batalla, id armando vuestro báculo y recontando vuestras filas porque nos vais a tener decidida e inexcusablemente, enfrente.

No albergo duda alguna incluso a pesar de nuestra pertinaz soledad, de que nuestro empeño y nuestro sacrificio en esas horas cruciales -si llegaran- serían el despertar de la conciencia colectiva de este pueblo indómito en sus genes que hoy se encuentra abotargado por aquella idiocia del borrego camino del matadero.

Que este llamamiento a la resistencia no confunda a aquellos que instalados confortablemente en el abrigo de sus privilegios de clase observan la desaparición física y espiritual de España con la mezquina preocupación por cómo ésta afectará en sus balances y a sus cuentas de resultados.

No es la España de charanga y pandereta aquella que queremos salvar. Que es cabalmente la que daremos tierra y sepultura.

A diferencia del Partido que amenaza con convertir el patriotismo legítimo en una verbena de Corrala, no saldrá nuestra España de “los restos desabridos de un banquete sucio”.

En la España que anhelamos no tendrán cabida ni los ociosos ni los explotadores. Ni los mercachifles ni los titiriteros.

Tampoco saldrá nuestro Estado de ese nuevo frente popular que amenaza con legitimarse bendecido por la corona en las próximas semanas:

La izquierda española es un boxeador groggy que amaga y no golpea. Que afirma que dice que hará… pero que no va a retirar ni una coma de la vergonzosa última reforma laboral, aquella que certificó con la aquiescencia de los sindicatos la defunción del estado social heredado del franquismo.

Como tampoco va a recuperar ni un miserable céntimo del préstamo que todos los españolitos hicimos a la banca con la penúltima crisis del capitalismo.

Han sustituido la lucha de clases por ese ingenio de laboratorio que es la lucha de género, las Casas del Pueblo por los chalets en la sierra, y la revolución por el Falcon.

Si efectivamente la servidumbre es la moral del esclavo: ¡España ponte en píe!, rompe tus cadenas y apiádate de tus hijos que se envuelven con tu historia para gritar:

¡ARRIBA SIEMPRE ESPAÑA!

Juan Antonio López Larrea

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