ANTROPOFAGIA

Jonathan Swift (nada que ver con el número bancario) escribió un librito irlandes a la sombra del whisky. Corría el 1729, creo o eso pone en la publicación rescatada de las fauces de mi otrora sana biblioteca.
“Modesta proposición referente a los niños de las clases pobres, o cómo aliviar a sus padres y a la Nación de la carga que representan- cómo utilizarlos para el bien público”.

La solución propuesta es simple. Antes de cumplir un año, el niño todavía no se ha convertido en una carga: la lactancia sólo exige un “pequeñísimo complemento en la alimentación de la madre, evaluable en menos de dos chelines”. Es a partir del año cuando el pequeño se convierte en un estorbo. Hay que vendérselo en ese momento a la clase alta como un manjar exclusivo: “A la edad de un año, el bebé bien nutrido constituye un plato delicioso, rico en calorías e higíenico, ya se prepare estofado, a la brasa, al horno o cazuela, y tengo buenos motivos para pensar que con él se harían excelentes guisos y pepitorias.”

Esta irónica consigna no es una monstruosidad. Muchas sectas la aplicaron literalmente.

En el culto a MOLOCH en la antigüedad se hacía. San Epifanio, nos cuenta de dicha costumbre entre una secta gnóstica de las tan alabadas hoy: “No practican el acto carnal con afán reproductivo sino por pura voluptuosidad. Cuando uno de ellos ha dejado penetrar su semen, extirpan el feto desde el momento en que puede cogerse con los dedos , toman el aborto, lo machacan en un mortero mezclado con miel y condimentos y cada uno comulga con tal pasta de aborto.”

Nuestra Europa democraticoide es más hipócrita. El rito está ahi, apenas disimulado por “las ginecólogas feminoides” aunque no consumamos calórica y directamente los fetos. Se sabe que ciertas marcas de cosméticos se sirven de ellos. Otros con más pasta como ese puerco con 6 transplantes de corazón encima, sabedor del infierno aguardante, utilizan los fetos para proveerse de sustitutos orgánicos que prolongen la prórroga. Se evita el nacimiento clonante del niño y se sirve en piezas separadas.
Nuestro canibalismo estremecería a los antropófagos tradicionales. No nos comemos a los abortos directamente, pero todo se andará.
De hecho, comer para que otro pobre no coma, me hace canibal de él mismo….

El mayor logro de nuestra sociedad es haber hecho que una señorita monísima, en contra de su instinto más profundo, se haya convertido en canibal de su propio pequeño.
Y por eso comemos abortos a diario. Pagamos 9 euros el litro de leche (danacol) pero relativizamos el exterminio de mis pequeños camaradas, pues nos servirán para cremas antiarrugas.

Y se empiezan a vengar con paso firme de occidente. Millones de chiquitines se arman hasta los dientes y desde el limbo, invocan bombas, morteros y grandes forceps que aplasten la cabeza de una sociedad criminal y estreñida por el tapón de gilipolleces que llena sus anos en oferta.

Votad al ppsoeciudadanspodemos. Dáis asco con vuestro mal menor.

AL-MUZAARABI

 

AL-1

 

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