ASCENSO AL PUIG D’OLORDA, VISITA A LA PEDRERA Y A LA CRUZ

“Lo que antes era un sendero ahora es camino real”. MARCIAL

“No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies”. ROBERT LOUIS BALFOUR STEVENSON

El Puig d’Olorda es una cima de 450 metros ubicado entre los municipios de Barcelona, Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat, en la Sierra de Collserola.

La cima lo coronan una torre de vigilancia de incendios y una inmensa cruz, que ha dado el nombre de la Cruz con la que a menudo se designa esta montaña en los pueblos de alrededor. Al lado oriental de la cima se encuentran la ermita de Santa Cruz de Olorda y la Pedrera de los Pájaros, al lado hay un restaurante con terrazas, extraordinarias vistas las que tenemos en los alrededores. Buen lugar sin duda para un buen almuerzo o refrigerio después de la caminata de marras o simplemente para hacer un breve intermedio en la misma.

Iniciamos la marcha desde la localidad de Hospitalet de Llobregat; cuando llegamos a Pedralbes ascendemos hacia la montaña de Sant Pere Mártir por un sendero que hay muy cerca del Cuartel del Bruc, el mismo de fuerte subida que inicialmente nos lleva directos hacia un viejo y gran depósito de agua en forma alargada situado sobre el Coll de Finestrelles, bautizado por la Hermandad Totalitaria como “El Arca” precisamente por la apariencia que tiene de embarcación; una metáfora teniendo en cuenta que según la mitología dicho artilugio tuvo la misión sagrada de “embarcar” a los elegidos y salvarlos del diluvio apocalíptico que arrasó a antiguas humanidades ya degradadas y corrompidas, con la función divina de fundar un Orden Nuevo o un nuevo Ciclo Ascensional, nuevas civilizaciones: ahí estás los mitos de Noé, de Gilgamesh, Viracocha, Horus y sus Shemsu Hor, etc. Dichas Arcas o Barcos Celestes siempre acababan embarrancando en montañas sagradas a la espera de la retirada de las aguas para así fundar e iniciar un nuevo ciclo civilizatorio. Todo un símil que deja bien claro la opinión que la Hermandad Totalitaria tiene de la megalópolis plutocrática (símbolo de las aguas caóticas y apocalípticas) que está a los pies de todas estas montañas sagradas por las que marchamos.

Muy cerca de esta zona se encuentra el precioso barrio de la Mercé, casi a los pies del depósito de agua. La sensación que da cuando paseas por el barrio de la Mercé es que estás en un pueblo, con sus casitas blancas de planta baja y piso. Nosotros dado su apariencia lo llamamos “el pueblo romano”. El barrio de la Mercè se construyó en los años 40 tras la finalización de nuestra Cruzada por iniciativa de la Obra Sindical del Hogar, durante aquella gigantesca Obra de Estado sin parangón en toda la Europa contemporánea que fue la Era de Franco. Se levantaron 123 casitas blancas protegidas, aunque hoy en día son algunas más. Estamos pues ante una preciosa obra de factura totalitaria que combinan a la perfección arte, belleza, equilibrio, simplicidad y estética.

Una vez superado el collado donde se encuentra “El Arca”, nos dirigimos hacia la tartera que nos conduce a un mirador, el ascenso es algo dificultoso debido a la irregularidad del terreno y lo pedregoso del mismo, no faltando algún que otro trompazo debido a los resbalones. Llegados a dicho mirador ya nos dirigimos hacia la otra tartera que ya nos lleva hacia la cima de Sant Pere Márrtir, fuerte ascenso también pero algo más sombreado, ya que en este sendero hay varios árboles que en ciertos momentos y durante el ascenso nos protegen de la solana.

Llegamos a la cima de Sant Pere Mártir y nos detuvimos ante las ruinas de una antigua ermita, rezamos un Padrenuestro por todos nuestros gloriosos y divinos Ancestros y Antepasados, gritamos un ETERNO PRESENTE por todos los Mártires y Caídos por Dios, por España y por la Tradición sapiencial, su recuerdo es hoy el mejor alimento existencial en medio como estamos de una desalmada pseudo-civilización demoníaca e intrínsecamente perversa.

Vamos cresteando hasta llegar a otro mirador situado en la falda del Turó d’en Cors, colindante a la localidad de Valvidrera; estaba lleno de porquería, normal teniendo en cuenta que suele ser lugar de reuniones nocturnas (y a veces no tanto,) y terreno de pasto de subhumanidad varia que no sabe distinguir un espacio natural de una pocilga…. Asqueados ante tanta inmundicia apenas nos paramos en tan degradada zona, una pena teniendo en cuenta las extraordinarias vistas que hay en dicho mirador del Valle de San Justo, en fin…

Descendemos por una zona muy boscosa en dirección a Molins de Rei, concretamente hacia el paraje de Santa Creu d’Olorda, zona donde además de un restaurante y merendero hay varios puntos de interés: los restos de una antigua iglesia románica, además de la “Pedrera dels Ocells. La citada iglesia corresponde a la antigua parroquia de Santa Creu d’Olorda documentada ya en el Siglo XI y modificada en los siglos XVI y XVII. Según los paneles (des)informativos todo el conjunto “fue incendiado” (como por arte de magia como suele ser costumbre en estos casos…) en 1936 durante la Cruzada, siendo luego restaurado por el Estado del 18 de Julio (para variar…)

La “Pedrera dels Ocells” es un mirador situado cerca del Puig d’Olorda -nuestro objetivo final- y la ya citada Ermita de Santa Creu d’Olorda. Fue construida a partir de una antigua mina de pizarras negras a principios de los años 90 del pasado Siglo. Tras haber sido cerrada durante años por motivos de seguridad, se reabrió al público como humedal para la observación de aves. Se trata de un espacio naturalista, curioso y estético, con unas paredes de pizarra que llaman bastante la atención y unos charcos de aguas de color rojizo, lugar donde podemos oír el canto de diversos pájaros si no hacemos ruido y prestamos atención. Claro que estos pájaros sin duda son más bellos que los “pajarracos rojos” (valga la redundancia y el símil siniestro) que asolaron la zona durante la Cruzada, aunque según la demencial propaganda democrática el paraje al parecer sufrió una misteriosa combustión espontánea, sin comentarios…

En lugar de coger el sendero ascendente que nos lleva directamente a la cima del Puig d’Olorda, escogemos la pista forestal que va bordeando hasta llegar a la pedrera del mismo nombre, en la falda de la citada montaña. El lugar es espectacular y muy solitario, además de poco transitado al parecer por los riesgos de desprendimiento que hay y que ya advierten varias señales de peligro. La pedrera de roca calcárea fue intensamente explotada por una fábrica de cemento hasta en año 2006, aunque la misma siguiera funcionando hasta el 2014. Es curioso todo el conjunto, las formas caprichosas y fantasmales de muchos de sus montículos y collados debido a la explotación minera, pero también los restos ruinosos de dicha fábrica ya abandonada y en muchas zonas comida por la maleza. Da la apariencia de una especie de Chernóbil carcaturesco y en miniatura.

Después de visitar la pedrera y algunos lugares del complejo minero, nos encaminamos hacia la cima del Puig d’Olorda. Es la montaña más grande, por extensión, de la Sierra de Collserola y también la menos poblada y/o construida como hemos dicho, de ahí el aspecto de soledad y de tranquilidad extrema del lugar, con tan sólo 1,4 hectáreas de terreno construido, y eso que según la información del Parque Natural la montaña está poblada desde el Siglo V… Esta cima está incluida en el listado de las 100 cimas de la FEEC.

El ascenso a la cima desde la pedrera es muy empinado, trayecto corto pero intenso. Una vez llegados a la citada cima, los gritos rituales de rigor por nuestros Caídos ante la gran Cruz que la corona, de imponente estética y aspecto totalitarios, construida en la década 1920-30. Hay también una enorme torre de observación y de vigilancia, un vértice geodésico sobre un verdadero “castillo roquero” además de un enorme panorama y unas vistas de fábula, sin duda una zona de gran belleza y encanto.

Una vez alcanzados y superados con creces todos nuestros objetivos en tan instructiva y alegre marcha, emprendemos el descenso dirigiéndonos hacia la estación de Renfe de Molins de Rei, estación construida según los parámetros estéticos totalistas de la época (año 1941), un tipo de arte constructivo de carácter monumentalista, calificado hoy por la chusma progre y democrática con ironía de “arte colosalista e imperialista”, ello muy entendible, por otra parte, por el tipo de basura y de bazofia que esta gentuza tarada considera hoy como “arte”.

Nos olvidábamos, un pequeño inciso: muy poco antes de salir de los límites del Parque Natural y de adentrarnos en el casco urbano de la parte alta del pueblo de Molins, nos encontramos con las ruinas de otra joya del Medievo: Castellciuró, un castillo documentado en el Siglo XI y que parece ser fue construido sobre los restos de una torre de origen visigótico del Siglo VIII, destruida por las hordas sarracenas de Almanzor. El castillo fue concedido a la Orden de los Hospitalarios en el Siglo XII según consta en ciertas crónicas. En 1202 era propiedad de la Orden del Temple, aunque parece ser que pasó nuevamente a la Orden de los Hospitalarios tras la destrucción de la Orden del Temple a principios del Siglo XIV, villanía y crimen nefando que abriría las puertas de Occidente al triunfo de la subversión güelfa y poco a poco a la descomposición interna y posterior derrumbamiento de Sacro Imperio Romano-Germánico.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

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