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BARCELONA BURNING O EL PECADO DE LA BURGUESÍA

“En Barcelona, la revolución no se prepara, por la sencilla razón de que está “preparada” siempre… Asoma a la calle todos los días; si no hay ambiente para su desarrollo, retrocede; si hay ambiente, cuaja. Hacía mucho tiempo que la revolución no disponía de aire respirable; encontró el de la protesta contra la campaña del Rif y respiró a sus anchas. El motín se fragua a la luz del día, a presencia de gobernadores y jueces. No hay que conspirar ni que confabularse. Para destruir en España a un pueblo, moral y materialmente, basta con la hábil utilización de la Ley de Imprenta, la de Asociación y la de Reuniones Públicas. Por eso sostengo que en los tristes sucesos de julio hay que distinguir dos cosas: la huelga general, cosa preparada y cocida, y el movimiento anárquico-revolucionario, de carácter político, cosa que surgió sin preparación.”
(A. Ossorio, Barcelona, julio, 1909, 13-15)
La escena debió ser algo así:
-Y ahora convoco otro referendum.
-No hay cojones Quim.
-¡Aguántame el gin-tonic!
Que los líderes políticos solamente son el último apéndice de las oligarquías locales y multinacionales es asunto popularmente reconocido. Que en ningún sitio como en Cataluña este axioma se hace tan patente ya resulta más difícil de acreditar, y es que son los catalanes verdaderos maestros en ocultar sus huellas y tapar sus vergüenzas.
El movimiento independentista del corriente siglo, pacientemente incubado a lo largo de los lustros que van desde 1978 hasta aquí, y especialmente desde que obtuvieron de mano del “hombre que hablaba polaco en la intimidad” las postreras transferencias en materia educativa, nos ha situado a todos los españoles en un callejón sin salida aparente en el atolladero catalán.
Pero… cuando se abre una caja de bombas nadie sabe dónde acabarán estallando y la burguesía catalana -la más rancia y reaccionaria de España con diferencia- verdadera impulsora de “la revolución de las sonrisas” observa asombrada y sobrecogida cómo sus plazas y jardines se han convertido en campo de batalla de grupos anarquistas y extremo-izquierdistas cuyo objetivo final no es la “indapendensia” sino la revolución social. Es decir: todo lo que poseen aquellos que amamantaron a la bestia.
“No es aixó” dicen los burgueses cuando bajan a proteger los contenedores de basura en pantalón de pijama, zapatilla de estar por casa y camiseta de “volem votar”.
¡Y tant que es aixó″, oiga! . El problema que tienen ustedes (además del 3 per cent como afirmó Maragall) es que de tanto falsear la historia, han olvidado la verdad.
Retrocedamos en el tiempo por avivar la memoria…
¿Hasta la Corona de Aragón?.
No hombre, no tanto que no hace falta hacer sangre, tan solo un siglo que no es ná.
Finales del XIX… la pérdida de las últimas colonias -y también las más apreciadas-, convulsiona la sociedad española a todos los niveles. Económicamente, también.
Con la debacle se efectúa el retorno de miles de “indianos” y soldados en condiciones lamentables agravando una economía nacional en crisis, la mayoría de ellos por el puerto de Barcelona instalándose gran parte en aquella ciudad, destinados a nutrir al naciente proletariado industrial.
En este punto no está de más recordar que las grandes fortunas catalanas que comenzaron a invertir capital en la reordenación urbana del “Ensanche” y en el nuevo tejido industrial de la ciudad se habían forjado en el tráfico de seres humanos. Negrero fue Joan Güell, negrero fue Claudio López Bru, Marqués de Comillas; como negrero fue Joan Más, tatarabuelo de Artur Más, que seguro que les suena.
Durante todos estos años, paralelamente y en la misma proporción en que el poder de estos oligarcas se hacía omnipresente, el movimiento obrero crecía y se endurecía a la luz de las miserias a las que aquellos antiguos esclavistas les sometían. Nace Solidaridad Obrera, que es la suma de los incipientes sindicatos anarquistas y socialistas.
Pero el hambre de los ricos es algo que no se sacia jamás, y pronto aquellas élites catalanas llegaron a la conclusión de que visto que no podían exprimir más al obrero sin matarlo, una buena forma de rentabilizar sus ya de por sí enormes beneficios era pagando menos impuestos… o ninguno. España ens roba… ¿les suena?. Y aquí que aparece el primer partido “indepe” de la historia: la Liga Regionalista.
Era 1907 y la Liga de Prats de la Riba y de Cambó en coalición con los Carlistas y algún partido menor de corte republicano, bajo el nombre de Solidaridad Catalana consigue la cifra de 40 diputados a cortes de los 44 posibles.
Un verdadero éxito de la burguesía catalana que podemos citar como el origen de esa costumbre extendida hasta nuestros días de chantajear al gobierno español con la llave de las minorías que otorgan mayorías.
Llega 1907 y una explotación minera en territorio español en Marruecos es atacada por harkas locales. La “Compañía Española de Minas del Rif”, propiedad de las familias Romanones, Güell, López Bru y el mismísimo Alfonso el 13, reclama al Gobierno la protección del ejército, y Maura moviliza a los reservistas.
En el puerto de Barcelona los reclutas arrojaban al mar los escapularios y medallas que las aristócratas barcelonesas les colgaban del cuello antes de subir al barco “Cataluña”, mientras sus mujeres que ya se adivinaban viudas gritaban desde los muelles: ¡A la guerra que vayan los ricos!.
La indignación social por la medida aviva el caldo de cultivo de la explotación laboral salvaje y es rápidamente instrumentalizada por el movimiento obrero en Cataluña dando lugar a una serie de huelgas que desembocaron en la conocida cómo “Semana Trágica” donde la burguesía catalana atónita y boquiabierta vio cómo durante siete días la ciudad ardía y dejaba el triste balance de 78 muertos, medio millar de heridos y 120 edificios incendiados.
La oligarquía catalana -tan “indepe” ella- absolutamente desbordada por los acontecimientos revolucionarios tardó segundos en pedir ayuda al Gobierno español y éste mandó a su ejército pretextando “sofocar una revuelta separatista” inexistente y en pocos días aplastó la revolución.
El obrero volvió a su explotación y la burguesía al té con pastas y a sus quehaceres nacionalistas.
Y así hasta hoy, en que nuevamente se citan en las calles catalanas dos movimientos antagonistas e irreconciliables: los burgueses pueblerinos con su chantaje al Estado y los supuestos revolucionarios… con una particularidad: ¿qué jornada laboral exigen éstos?.
La gran pregunta es: ¿acabarán dando ellos mismos (los burgueses catalanes) el grito de “A mí la Legión” o con quitarles la tablet a sus hijos se remendará el desaguisado?.
Chi lo sa…
LARREA   OCT/2019
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