BRETTON WOODS: EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

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“A largo plazo, todos muertos”
J.M. Keynes

Para valorar en toda su extensión cualquier hecho histórico es fundamental conocer tanto la causa que lo originó, como las consecuencias que de éste se derivaron. Si hay algún dato que marca la importancia de una efeméride es aquel de “el antes y el después”. Y para toda la humanidad, hay un antes y un después de la conferencia de Bretton Woods.
Desde el 1 de Julio de 1944 y a lo largo de tres semanas, se celebró en la localidad de Bretton Woods (New Hampshire) una cumbre económica que fijaría la política económica de reconstrucción tras el fin de la guerra que ya se intuía próximo.
Esta cumbre, dicen, fue impulsada por las Naciones Unidas . Falso, la ONU no se creó hasta Octubre del 45. Es cierto que tras la disolución de la inútil Sociedad de Naciones se habían iniciado conversaciones (USA y UK, Ago/1941) para formar una nueva organización de mayor entidad que la anterior, pero obviamente en las fechas en que se celebra la conferencia ésta no se había constituido ni remotamente. La realidad es que fue EEUU la organizadora de la cumbre económica. Y tenía buenos motivos para hacerlo.

En aquellas fechas en que el mundo se encontraba devastado , EEUU acumulaba el 80% de las reservas de oro, la mitad de la producción de carbón, la mitad de la producción de energía eléctrica y dos terceras partes de la producción de petróleo; además de la mayor industria pesada y manufacturera del mundo. Era el único país combatiente al que no había alcanzado la guerra y además, no solamente había vendido armamento a todos los países, sino que lo había financiado.

Con la reunión, los USA pretendían generar relaciones de dependencia a través de préstamos para la reconstrucción, convirtiéndose de esta manera en banco mundial. Además serían proveedores de los materiales imprescindibles, dando salida así al enorme excedente de estos que su fortísima maquinaria producía.
Como dato ilustrativo, en 1945, EE.UU concentraba con menos del 7% de la población mundial, cerca del 50% del PIB de todo el mundo. Literalmente, su mercado propio se les había quedado pequeño.

Y, a la voz del amo, allí que se fueron los países del “mundo libre” hasta completar la cifra de 44. Obviamente las naciones que iban a salir derrotadas de la contienda no fueron invitadas y, si aún así la cifra parece reducida, hay que recordar que todavía estaba por llegar la descolonización. La URSS acudió al encuentro como único país socialista y tras denunciar la política capitalista, pidió la cuenta y salió de naja dando a entender que ya se crearía ella su propio mercado en el este de Europa; cosa que certificaría poco más tarde en Yalta donde Pepe Stalin pasó factura a los aliados por la sangre rusa derramada (no olvidemos que fue con diferencia el país con mayor número de bajas). Resulta curiosa la alta tasación del dictador comunista por la vida de los “heroicos soldados rojos que combatieron a la bestia fascista”, comparándola con lo barata que la compraba en el Gulag; pero en fin, esta es otra historia.
El paseo militar (nunca mejor dicho) que se habían prometido los nuevos amos del mundo tuvo un aguafiestas inesperado. La china en el zapato yankee se llamó John Maynard Keynes.

Lord Keynes no era tan solo el mejor economista de la época (tal vez incluso hasta hoy), además era una personalidad brillante. Escritor, extraordinariamente culto, amante del arte y próximo a la gente. Keynes no era ningún estirado, al contrario, era un tipo educado y simpático que se ganó desde la prensa hasta los currelas.

Pronto entraron en conflicto las dos cosmovisiones del capitalismo y la conferencia se convirtió en un duelo al sol donde el británico, que sabía de sobra que no podría vencer, estaba dispuesto al menos, a convencer.
En los meses previos se habían elaborado dos propuestas distintas, una apoyada por Estados Unidos y la otra por el Reino Unido. La británica de Keynes y la estadounidense por Harry Dexter White.

Básicamente la del inglés pretendía mantener un estilo proteccionista y establecer una moneda nueva como referencia mundial, el Bancor. Los países con excedentes financiarían a los países deficitarios y la clave de esta propuesta era que los países acreedores y los deudores estarían obligados a mantener una balanza comercial equilibrada. Keynes, que ya había sido negociador por su país al termino de la Gran Guerra, precisamente había dimitido de aquel cargo para mostrar su desacuerdo con las duras condiciones impuestas a los vencidos, vaticinando que serían imposibles de cumplir y que conducirían a la ruina económica de Alemania. Es decir, que algo sabía de reconstrucción económica.
EEUU, por el contrario, pretendía una absoluta liberalización de los mercados (obviamente en su privilegiada posición tenía mucho que ganar) dando estabilidad a las transacciones comerciales a través de un sistema monetario internacional, con tipo de cambio estable basado en el dólar. Para ello se adoptó un patrón oro-divisas, en el que EE.UU. debía mantener el precio del oro en 35,00 dólares por onza.Como garantía y herramienta de todas las prácticas financieras aprobadas, se fundaron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Con estas dos instituciones se crearon las dos patas que iban a sustentar el Nuevo Orden Mundial.

Hasta aquí el resumen de la conferencia de B.W. aunque cabria añadir a modo de apéndice, en absoluto anecdótico, algunos nombres propios de los principales actores de la cumbre. No me hubiera gustado estado estar en la piel de los cocineros del hotel Mount Washington de Bretton Woods… ¡cuántos problemas para confeccionar el menú!

Harry Dexter White, Dep. Tesoro EEUU, judío.
Henry Morgenthau jr. , Dep. Tesoro EEUU, judío.
Camille Gutt (Guttenstein), Primer director del FMI, Bélgica, judío.
Eugene Meyer, Primer director del B.M., EEUU, judío.
Eugene R. Black, Director del B.M. desde 1949 hasta 1963. EEUU, judío.

La II WW y los consiguientes acuerdos de BW sirvieron para establecer un Nuevo Orden Mundial. Que cada cual saque sus propias conclusiones de esta certeza, pero recuerden siempre aquel axioma, “si quieres hallar al culpable, busca siempre al principal beneficiado”.

LARREA     NOV/2014

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