BREXIT ¿SE PUDO EVITAR?

Franco, aquel estadista de cojones aunque bien que les jode, envió a Peret con una guitarra y su par de palmeros a Londres en 1964… y Benidorm se llenó de tipejos coloraos como gambas y maleducados tal que si de ingleses se tratara.

Salvador de Madariaga, masonazo y muñidor subsidiario de la alianza de perdedores que reunía por igual a rojos y monárquicos ante la ONU en un frente único desde 1962, se preguntó desconcertado ¿pero qué coño está pasando?.
Sencillo: Franco ganó la guerra, pero España ganó la paz.
El Contubernio de Munich se disolvía ante la evidencia de lo obvio: los españoles se abrían camino sin necesidad de terceros.

Las flatulencias británicas sujetas a duras penas por la decrépita Commonwealth, tras la IIWW y la descolonización ulterior, se rendían ante el sol, la alegría de vivir, y la simpatía española… “realpolitik”.
Les dimos vidilla, oigan.
Porque lo cierto es que el inglés siempre ha sido la hez de Europa, una mugre despreciada desde Lisboa hasta Odessa, pasando por Madrid, París, Berlín, San Petesburgo, Viena o Budapest.

Cuando Moscardó presidiera en 1948 el Comité Olímpico Español en las Olimpiadas de Londres (con la ausencia de Alemania y Japón) recordó a los deportistas españoles aquellas palabras apócrifas de Blas de Lezo: “Todo buen español debe orinar en dirección a Inglaterra”.
A pesar de que la cita literal sea puesta en entredicho, de lo que no cabe duda es de la relación epistolar entre el vasco y su adversario, el almirante Edwar Bernon, quien tras la rendición sin batalla de la plaza española Portobello (1739) escribiera:
“Espero que de la manera que he tratado a todos, V. E. quedará convencido de que la generosidad a los enemigos es una virtud nativa de un Ingles, la cual parece más evidente en esta ocasión, por haberlo practicado con los españoles, con quienes la nación inglesa tiene una inclinación natural”.
Lezo respondió:
Muy Sr mío: He recibido la de V. E. y en inteligencia del contenido diré, que bien instruido V. E. del estado en que se hallaba aquella Plaza, tomó la resolución de irla a atacar con su esquadra, aprovechándose de la oportuna ocasión de su imposibilidad de defenderse para conseguir sus fines, fines que si me hubieran hallado en Portovelo para impedírselo, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, aún para buscarle en otra cualquiera parte, persuadiendome que el ánimo que le faltó a los de Portobelo, me hubieran sobrado para contener su cobardía.”

Tan solo un par de años después se resolvió el cordial contencioso: Vernon sitió Cartagena de Indias (como hiciera con Portobelo) y Lezo mandó a pique su flota.

En fin, que sólo se trata de historia, pero… ¿qué necesidad tenía Franco de mandarles a Peret si los británicos apenas son una sucursal incómoda de sus colonias de mierda?.
La Realpolitik, amigos.
Cosas del Caudillo.

LARREA   ABR/2022

 

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