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CARTA ABIERTA A UN MUSULMÁN

Amigo musulmán, deberías entender que los adalides en Europa de las mezquitas y de los minaretes, son los mismos que también defienden la política genocida yanqui-sionista en Oriente Medio. Estos políticos y periodistas que no entienden que los europeos se alarmen ante lo que ellos llaman islamofobia, son los mismos que mantienen a Europa en la OTAN y que despliegan soldados europeos en la ocupación de Irak o Afganistán.

Tú, amigo musulmán, que crees igual que los cristianos en Dios, aunque lo llames de otra forma, debes saber que quienes defienden aquí la tolerancia multicultural son, de obediencia mayoritariamente masónica y, por lo tanto, ateos. Su único dios es el dinero y para que éste triunfe necesitan grandes espacios de consumidores sumisos con idénticos gustos. No son, por más que lo parezcan, tus aliados. Ellos aspiran a un mundo repleto de ciudadanos desarraigados, sin tradiciones, sin religiones, sin patrias. Un mundo rebosante de consumidores anónimos de productos idénticos en un mercado global. Ellos odian las diferencias, porque suponen una barrera para la imposición de un único modo de vida que facilite la distribución de sus productos.

Ellos esperan que, con el tiempo, los millones de musulmanes de Europa acabarán con la cultura cristiana. Pero, no te engañes, en sus planes no figura la islamización de Europa. Ellos también saben que las futuras generaciones de musulmanes criados en Europa acabarán abandonando sus raíces, seducidos a medio plazo por el consumismo materialista de nuestras sociedades enfermas. También se volverán laicos y dejarán de tener hijos. Y en unas décadas se fusionarán mansamente con los europeos descristianizados. Aunque, vosotros, actualmente mostráis un grado superior de resistencia a esta contaminación mundialista del que ofrecemos los europeos, aunque defendéis vuestra religión y vuestras tradiciones con mucho más valor que la mayoría de nosotros y aunque seguís trayendo hijos al mundo con mucha mayor generosidad que la que mostramos los cristianos, también sabéis que muchas de vuestras sociedades están empezando a ser cada vez más permeables a la occidentalización. En algún momento, a no mucho tardar, vosotros acabaréis como nosotros, sumisos y desarmados ante la globalización materialista. De ahí surgirá una población que ya no sabrá de dónde viene ni a qué aspira, más que a vegetar en medio de unas ciudades aburridas y clónicas, repletas de franquicias globales, en medio de deslumbrantes anuncios de neón que invitan a consumir frenéticamente como único horizonte vital.

El triunfo del materialismo de inspiración judeo-calvinista supone una tragedia de dimensiones cósmicas tanto para el Islam como para el auténtico cristianismo, el Católico Romano. Y la única forma de preservar un mundo plural, rico y diverso, es el respeto mutuo. Pero este respeto sólo puede funcionar si no nos dedicamos a invadir los espacios que unos y otros ocupamos. Un auténtico patriota europeo no quiere un enfrentamiento con el Islam, pero sí quiere un espacio europeo unido por sus tradiciones milenarias de origen grecorromano y cristiano romano-germánico; pero también desea un mundo árabe-musulmán libre de agresiones yanqui-sionistas y de imperialismo neocolonialista.

La resistencia contra el orden mundial destructivo procedente de la ética judeo-calvinista sólo puede venir de pueblos diversos que conserven en su imaginario colectivo de forma indeleble su conciencia. Nunca llegará de un mestizaje cultural y racial fruto de una coexistencia impuesta por las leyes del mercado. El individuo cultural y étnicamente mestizo se convertirá en el máximo defensor del mundo “orwelliano” que nos están preparando. Sin señas de identidad, sin recuerdos, sin orgullo y sin otro referente religioso que el culto a su tarjeta de crédito, este individuo desarraigado será el máximo exponente del triunfo de Soros. En definitiva, el triunfo del mal.

JORGE ÁLVAREZ

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