CARTA PERSONAL A JOSÉ ANTONIO

Estimado y apreciado Jefe:

Ya sé que escribir a alguien que no podrá leer una carta, es quizá un intento pretencioso, valdío y fallido de comunicarse entre las personas, pero no por ello todos los días dejamos de enviar mensajes que no obtienen respuesta, y aún así a veces hasta insistimos. Algunos dicen que nada desaparece en este Universo, así que quién sabe si alguna vez, podrías llegar a leer esto.

Han pasado casi ochenta años desde tu fusilamiento en un patio de una inhóspita y fría prisión de Alicante, y me alegra decirte que aún existen españoles que mantienen en alto la Bandera que tu movimiento nos legó, con mejor o peor fortuna, pero que como tú siempre querías, siguen inasequibles al desaliento.
Muchas cosas han pasado desde que iniciaste tu marcha de este mundo, aquel veinte de noviembre de 1936. Me pregunto qué se te podría contar de todo lo que ha sucedido desde entonces.

La guerra civil acabó con la victoria de los militares, con Franco, aquel General al que dirijiste una carta cuando la Revolución de Asturias, como mando supremo del Ejército.
Benito Mussolini, al que sé que admiraste siempre, fue asesinado en abril de 1945 por guerrilleros comunistas en el norte de Italia, tras perder una contienda de dimensiones mundiales, que le fue impuesta por aquella alta finanza internacional de raigambre masónica, que tú tanto combatiste.
El mundo fue repartido en dos mitades: la de los capitalistas liberales, y la del bolchevismo. En España, Franco utilizó la Falange como partido único, y algunos de tus camaradas de los primeros tiempos estuvieron a su lado, aunque otros se mostraron refractarios a colaborar con algo que no colmaba sus altas expectativas vitales.

Todo aquello también pasó, y en tu querida España llevamos cuarenta años en manos de los herederos ideológicos de aquellos que tanto repudiaste en vida, y que hoy campan a sus anchas acabando con todo cuanto amaste y deseaste para nuestra Patria.
Solo unos pocos intentamos resistir a todo esto, quizá con más buena fe que atino a veces, pero intentando interpretar tus consignas de siempre con música de ahora, como tú enseñabas.

Hay muchos adelantos tecnológicos, pero poco ha cambiado España en otras cosas desde tu partida a los luceros. Los enemigos de Ella siguen siendo los mismos, y las propuestas que nos dejaste, permanecen casi tan frescas y vigentes como si se hubieran escrito ayer mismo.
No sé si estarías orgulloso de tus seguidores de ahora, pero tengo la certeza de que en vida siempre hubo por tu parte un gesto de comprensión y cortesía para todos los que se acercaron a tu Falange, así que gracias por tu aliento allí donde te encuentres.

Nunca caminarás solo, Jefe, y sonríe porque piensa que antes o después, como tú querías, nuestra semilla habrá de brotar de nuevo entre las flores de alguna reluciente primavera.

R. GARCÍA

 

GARC11

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