EL CASO “MARCOS ANA”

Este individuo con pinta de entrañable abuelete (no se dejen engañar, pues hasta los peores asesinos tienen un aire amable en su vejez) disparó durante nuestra Guerra Civil de todo menos flores. Su nombre real (Fernando Macarro Castillo) quizás no les suene, pero seguro que sí su alias: “Marcos Ana”.

El ancianito de marras, siendo todavía un nene, ejecutó a sangre fría (tiro en la nuca, entiéndase) a tres personas totalmente indefensas durante la contienda, cuyo único delito contra la clase proletaria era ser de derechas e ir a misa. Condenado por ello a muerte en la postguerra, al ser dichos crímenes cometidos siendo menor de edad se le impuso una larga pena de cárcel.

En 1961 fue puesto en libertad, no por las presiones de Amnistía Internacional ni nada que se le parezca (de hecho, a su salida de prisión solicitó asilo inmediato en Bélgica y le fue denegado por su pasado criminal) como torticeramente se ha dicho, sino merced a un decreto extraordinario que ponía fin a su condena con motivo del 25 Aniversario de la Exaltación del Generalísimo Franco a la Jefatura del Estado. Esa es la verdad, no otra.

El resto de la historia, ya la conocen. Con el sectario ZP en el Gobierno de España, algún “rogelio” debió reparar en este “bulto sospechoso” y lo eligió para – homenajes a cascoporro mediante, presentándonoslo cual “luchador por la libertad” (sic)- lavar la cara de las tropelías cometidas por sus antepasados frentepopulistas en un ejercicio de perversión de la memoria pocas veces visto aquí en los últimos tiempos.

NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

CACHÚS

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