EN EL CENTENARIO DE LA EJECUCIÓN DE ROSA LUXEMBURGO

Hace ahora un siglo, el 15 de enero de 1919, la agitadora comunista Rosa Luxemburgo era ejecutada en Berlín después del fracaso del asalto al poder que los bolcheviques habían efectuado en la Navidad de 1918.

Rosa Luxemburgo, judía nacida en Polonia, revolucionaria profesional marxista y que había conseguido la nacionalidad alemana mediante un matrimonio de conveniencia para difundir las ideas revolucionarias en Alemania, había encabezado en 1916 una escisión en el seno del socialismo alemán, el SPD, un partido socialista que aunque profundamente marxista era bastante refractario al radicalismo bolchevique. Esta escisión, la Liga Espartaquista, sería a finales de 1918 la semilla de la que brotaría el Partido Comunista Alemán (KPD).

El KPD tuvo su congreso fundacional en Berlín del 30 de diciembre de 1918 al 1 de enero de 1919. En los días previos al congreso, durante el mismo y a su finalización, los revolucionarios, muchos de ellos soldados amotinados y fuertemente armados, se lanzaron a las calles y tomaron Berlín apoderándose de casi todos los edificios gubernamentales y nudos de comunicaciones. Berlín estuvo a punto de convertirse en el Petrogrado de Alemania.

Sin embargo, el Gobierno Provisional alemán, a diferencia del ruso de Kerenski en 1917, no entró en pánico y procedió metódicamente a revertir la situación.

Frente a una idea muy extendida actualmente, la represión feroz y despiadada de la intentona bolchevique de 1919 en Berlín que acabaría con el cadáver de Rosa Luxemburgo arrojado al canal de Landwehr después de haber sido golpeada y finalmente tiroteada, no fue ordenada ni planificada por las fuerzas de la reacción anticomunista. Fue el presidente socialista y marxista, Fritz Ebert líder del SPD, que a la sazón era el presidente del Gobierno Provisional de Alemania, el que ordenó a otro socialista, su ministro de Defensa, Gustav Noske, reunir tropas alrededor de Berlín hasta conseguir una fuerza capaz de reconquistar la capital y derrotar de forma ejemplar a los revolucionarios.

Es cierto que Noske no dudó en emplear para este cometido a todo tipo de fuerzas militares, desde unidades socialistas leales al SPD hasta unidades nacionalistas de los Freikorps. Tanto unas como otras iban a tener carta blanca para reprimir el levantamiento.

El caso es que hace ahora cien años los bolcheviques fueron sangrienta y brutalmente derrotados en Berlín a manos de los socialistas. Sin tener en cuenta este “detalle” es difícil comprender por qué durante los años siguientes de la República de Weimar el KPD nunca quiso saber nada de ninguna alianza con el SPD, ni tan siquiera cuando el partido Nacional Socialista Obrero Alemán comenzaba a emerger. Para los comunistas los socialistas alemanes siempre serían “socialfascistas”.

La diferencia entre dos socialistas como Gustav Noske y Rosa Luxemburgo residía en que el primero era socialista, pero era alemán y la segunda era judía, Alemania le importaba un bledo y solo pensaba en el “internacionalismo bolchevique”.

JORGE ÁLVAREZ

 

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