CINE: LA CHICA CON LA MALETA

Ya lo sé. Es ridículo. Es tan solo cine. No es verdad. Es fantasía en blanco y negro. Esa muchacha no existe y jamás, por lo tanto, podrá corresponder este amor absurdo que siento ahora.

Pero… no puedo evitarlo. No quiero evitarlo. Acabo de volver a ver “La chica con la maleta”, de Valerio Zurlini y una vez más me he vuelto a enamorar perdidamente de Claudia Cardinale, con la misma pasión que la primera vez que la vi hace ya casi 30 años.

Lo de Claudia Cardinale, en esta película, es algo increíble, mágico, imposible, maravilloso…

Ella, que es una de mis actrices favoritas y también una de las mujeres más hermosas que he visto jamás en la pantalla, en esta película lo es aún mucho más.

Su belleza se eleva sobre cada fotograma, traspasa la pantalla y se te clava en los ojos con la fuerza de ese primer amor inalcanzable e inolvidable.

Es ésta una película triste, por momentos dura, casi siempre conmovedora. Una historia de amor, de sueños rotos, de desesperanza y de pérdida. En mi modesta opinión una joya de ese gran cine italiano que tantas obras maestras nos ha ofrecido a lo largo de la historia.

Una maravillosa fotografía en blanco y negro. Una banda sonora inolvidable. Un guión fantástico y una dirección insuperable. Lamentablemente también es una de esas películas apenas conocida por el gran público. Cosas extrañas que tiene el cine.

Acompaña a Claudia un joven Jacques Perrin en una actuación conmovedora. En un papel difícil, de esos que podrían caer en el ridículo en manos de otro actor.

Un consejo, para los que se animen a ver esta película: recomiendo intentar verla en versión original subtitulada si tenéis la posibilidad. Porque os prometo que la película os atrapará aún mucho más.

Y es que si Claudia Cardinale es la belleza hecha mujer, su voz… bueno, su voz es la belleza hecha sonido. Hay miradas de Claudia en esta película que te detienen el pulso y te transportan al país de los sueños. Hay miradas de Claudia en esta película que se te clavan en el alma y ya no puedes olvidarlas jamás.

Sus ojos, grandes y expresivos como pocos, te cambian la vida. Y su sonrisa te alegra la existencia como pocas sonrisas pueden hacer.

Tengo 50 años y…, bueno… y no me avergüenzo de confesar mi amor cinematográfico por Claudia Cardinale en esta película.

Esa Aida, de ojos profundos, voz ronca y sonrisa maravillosa es uno de esos amores de cine que jamás olvidaré.

Ya lo sé. Es solo una película. La vida y el amor son otra cosa.

Tenéis razón. Pero sigo enamorado de Claudia Cardinale. Qué le vamos a hacer…

Manuel Cabo Fueyo

 

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