EL KLEENEX DEL COVIDIANO

Iba camino a mi trabajo en el transporte público.

En una de las paradas sube un personaje harto peculiar: calvo, regordete, pantalones bermudas de Coronel Tapiocca, botas de senderismo, el preceptivo bozal y un pañuelo de papel con el que pretendía proteger sus manos de la exposición del bicho coronado en las barandillas del bus.

Pues bien, en su afán de salvaguardar su integridad física del bicho coronado, se le va de la mano el pañuelo camino al suelo y hete aquí que lo detuvo de caer como Arconada o Zubizarreta deteniendo un penalti…

Pero claro, su empeño de salvarse del bicho coronado y su pericia de portero de fútbol, no lo libraron de pegarse el ostiazo de su vida con la consecuencia de una pequeña brecha en la ceja, a modo de “herida de guerra”,  por tamaña proeza que sin duda podría ser inspiración de un poema de Homero.

Todo ello, por salvar a su kleenex protector del bicho coronado…

Carlos Fuster Cerezo

 

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