CRÓNICAS DE LA MUGRESÍA

Dice mi gran amigo Jacques Marchal que cuando llegó de provincias a la universidad de París, garçon ignorante de las cuestiones políticas, tras una mera aunque suficiente ojeada a su alrededor supo de inmediato con quién no quería estar.
Por aquellas fechas se estaba gestando el Mayo Francés y la progresía dominaba cualquier aspecto de la vida estudiantil.

No hay, ni nunca los hubieron, fenómenos sociales en el viejo continente que no se extendieran por simpatía, y al desaseo personal tal vez inducido por la angustia sartriana de vivir se le conoció por “Progresía” y aún hoy sigue siendo tendencia entre la zurda casposa de rastas y camisas imposibles de combinar salvo que padezcas discromatopsia.
¡Qué tiempos aquellos en que los primeros bolcheviques eran rechazados por los obreros a la salida de las bocas de las minas o de los telares al ser confundidos por su extrema pulcritud con Testigos de Jehová!.

Uno de los sempiternos grandes éxitos de la izquierda ha sido la perversión del lenguaje, o mejor dicho: la transmutación de la definición de algunas palabras hasta alterar su significado cabal.
Ser progre en los 70 significaba apostar por el progreso en detrimento de las actitudes reaccionarias o conservadoras… ¿quién en su sano juicio no iba a estar de acuerdo en ello?.
Pero lo cierto es que no era así entonces, como tampoco lo es ahora.

Ya en las postrimerías del pasado siglo, la Progresía comenzó a construir en torno a sí misma una leyenda que alcanza hasta nuestros días por la que la yunta de bueyes, la alpargata de cáñamo, darle la vuelta a los calzoncillos, y la producción de energía frotando dos palitos representa la redención de la humanidad.
Se me ocurre que ¿puede haber ideas más reaccionarias que éstas?.

Con el desembarco en las grandes capitales de los Carmena, Colau, Ribó, etc. y sus “políticas de movilidad” la distopia ha tocado techo.
En lugar de descentralizar servicios, replantear vías rápidas para agilizar los traslados con áreas de parking, y mejoras en el transporte público, se ha apostado por arruinar el comercio tradicional y la hostelería del centro úrbano (alma e historia viva de las ciudades) desplazando forzosamente el ocio de los urbanitas a la periferia, a esos mamotretos comerciales imposibles de soportar sin un par de valium, cuya propiedad o explotación, por cierto, pertenece a grandes corporaciones multinacionales.
El producto de estas políticas son nuestras capitales muertas por aburrimiento.

Y hablando de morir: la pandemia de los carriles-bici con los nuevos ingenios motorizados “sostenibles”, viejo sueño húmedo de la progresía, ha dejado estos días atrás a una octogenaria fría sobre el asfalto: un patinetero veloz tanto a la acometida como a la fuga, se la llevó por delante.
Me dirá el típico imbécil: “también hay atropellos de coches”… sí majo, pero a éstos se les obliga a tener un carnet, pagar un impuesto, tener una matrícula, y un seguro.

-“¡Reaccionario!”
– Calla, Mugresista, calla que te conviene

LARREA   MAR/2021


 

Muere la mujer arrollada por un patinete eléctrico y la Policía pide colaboración para identificar al conductor

La mujer fue atropellada en el carril-bici del parque de la Cuña Verde, cerca de Madrid Río, en el distrito de Latina

https://www.elmundo.es/madrid/2021/03/15/604f9350fdddff04868b4594.html

 

 

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate