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CUANDO LOS JAPONESES MASACRARON A 300 ESPAÑOLES EN FILIPINAS

 

En febrero de 1945, al borde del término de la Segunda Guerra Mundial, unidades japonesas bajo el mando del contraalmirante Sanji Iwabuchi fortificaron la parte sur de Manila y decidieron atrincherarse para hacer frente a la llegada de tres divisiones norteamericanas.

La colonia española residía en el sur de la ciudad, en las zonas de Malate e Intramuros, las más afectadas por las muertes. La gran mayoría de españoles confiaron en que serían respetados por las relaciones diplomáticas entre España y Japón. Nada de eso tuvo lugar. En 1945, ni Franco ni España ni el Eje significaban nada para el soldado japonés. Lo único que importaba era que el mundo no se enterase de la derrota. Así eran los nipones: ni concedían clemencia ni la esperaban.

En febrero de 1945, el consulado español albergaba a un total de 50 españoles y filipinos que confiaban en que las banderas del Eje les garantizarían protección. No obstante, la concentración humana que allí había formada fue lo que sedujo a los soldados nipones. El primer asesinado fue Ricardo García Buch, un vigilante falangista de tan solo diecisiete años. Después de asaltar y quemar el edificio, de las 50 personas que allí había refugiadas, solo sobrevivió una niña.

Las banderas y la presunta simpatía entre ambas naciones fueron la sentencia de muerte de aquellos españoles y filipinos inocentes.

J. MARTÍNEZ

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