CUANDO MUERE UN HIJOPUTA

 

Cuando muere un hijoputa
huele más dulce la brisa
el ánimo se serena
y amanece una sonrisa.

Cuando muere un hijoputa
por un efímero instante
el mundo luce más limpio
y es el aire más fragante.

Cuando muere un hijoputa
el llanto por sus cornadas
se detiene brevemente
y se torna en carcajadas.

Es un soplo, una quimera
que efímera se disfruta
y, aunque breve, ¡qué sosiego
cuando muere un hijoputa!

Y aunque el alivio sea parco
y los consuelos inciertos,
cuando muere un hijoputa
descansan mejor los muertos.

J.L. ANTONAYA

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