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CUATRO EJEMPLOS DE ORGANIZACIÓN NACIONALISTA (V). TOM BARRY Y EL I.R.A.

-El IRA: Organización de las Columnas Volantes en tiempos de guerra

Si Venner habla en la teoría, Ordre Nouveau recuerda su práctica, y Mishima se entrena para ayudar al ejército de su país,Tom Barry y el IRA combatieron en una guerra de baja intensidad. Tom Barry fue uno de los oficiales más jóvenes del IRA, jamas colocados al frente de una de sus Columnas Volantes. Mientras que el IRA mantenía una estructura paramilitar de base territorial en que cada brigada o compañía estaba ligada al condado o ciudad en que era reclutada, favoreciendo la coherencia de un grupo que estaba formado por viejos amigos, vecinos y parientes más o menos lejanos, las Columnas Volantes eran unidades reclutadas de acuerdo a las necesidades del momento, por los jefes de cada condado, dotadas de autonomía y capaces de moverse campo a través a pie o bien motorizadas. Se trataba de unidades irregulares y autosuficientes acostumbradas a vivir sobre el terreno y a expensas del enemigo.

La organización de la Columnas Volantes.

Durante largos meses, hasta septiembre de 1920, numerosos oficiales nacionalistas, dispersos a través de toda Irlanda, pensaron en los medios necesarios para asegurar la existencia de una Columna Volante. Por extraño que pueda parecer, para el IRA de Cork Occidental el objetivo que debía primar en toda Columna Volante, en la situación imperante, no era combatir sino seguir existiendo. La misma existencia de esa formación, incluso si no lanzaba ningún ataque, era un desafío constante lanzado contra el enemigo, que le obligaba a mantener guarniciones importantes para prepararse frente a los atentados, comprometiendo su fuerza armada para asegurar la protección de su autoridad civil. Una columna de ese tipo continuamente en movimiento debía afectar seriamente la moral de las guarniciones. Permanecía el símbolo más perfecto de nuestra nación. ¿Acaso no era la Columna Volante del Ejército del Pueblo? La Columna Volante atacaría cada vez que pudiera causar más pérdidas que las que pudiese sufrir. Escogería su propio cambo de batalla, y, cada vez que esto fuera posible, rechazaría el combate si las circunstancias la eran desfavorables. Por el contrario, buscaría al enemigo y presentaría combate sin aceptar siempre, necesariamente, su desafío.

La Columna debía evitar el desastre a toda costa; ciertamente, a veces, por el bien de todo el movimiento, estaría dispuesta a asumir bajas, a condición de que permaneciese una cantidad suficiente de hombres armados y experimentados para crear una nueva unidad.

La Columna Volante tenía por misión permanente el acosar, matar y destruir a las fuerzas enemigas; romper el esfuerzo del ocupante para reconstruir su administración civil, duramente puesta a prueba; guardar y proteger los edificios que albergaban nuestras instituciones estatales, así como las personas que las elaboraban y hacían funcionar. La misión de esa punta de lanza del Ejército del Pueblo era pesada, considerando los efectivos y recursos del enemigo en relación con nuestra propia debilidad en efectivos, material y experiencia. Una Columna Volante, mal organizada y despreocupada por la seguridad, no habría durado ni una semana sin sufrir un desastre. Sólo los mejores Voluntarios, bien mandados, instruidos y disciplinados, podrían permitir que la Columna realizase su misión.

He aquí los principios en vigor desde la creación de la Columna de Cork Occidental:

1. El mando de la Columna Volante de la Brigada era absoluto. Nadie podía mezclarse con las atribuciones del comandante de la Columna. Sus decisiones eran personales y no se sometían a la aprobación de ninguna autoridad interior o exterior a la Columna. Era el único responsable y en caso de fracaso el único culpable. Nadie podía compartir su autoridad y nadie podía compartir su responsabilidad en caso de desastre.

2. En cada Batallón y cada Compañía de la Brigada, todos los recursos, debían ser puestos a disposición de la Columna Volante. Sin esos elementos organizativos, la eficacia de la Columna Volante sería nula y su existencia reducida.

3. Sólo Voluntarios escogidos serían aceptados para servir en la Columna Volante. Los hombres que no entrasen de corazón constituirían un peligros para la misma. Todos los oficiales de los Batallones y Compañías deberían pasar un periodo al servicio de la Columna, pero sin ser obligados. Sin embargo, cualquier oficial que escapase de ese servicio sería considerado como inepto para permanecer como oficial del IRA.

4. Se señalaría a los nacionalistas que se alistarían como Voluntarios en la Columna Volante la disciplina reinante. Esa disciplina no podría ser sino rigurosa. Se les señalaría también el hecho de que la movilidad era una de sus condiciones esenciales; que tendrían que recorrer largas distancias a pie, que no comerían sino cuando tuvieran víveres, que dormirían al raso sino había ningún alojamiento disponible y, de forma general, que llevarían una vida dura y primitiva. Cada hombre debía saber también que luchaba contra fuerzas superiores y que la Columna estaba continuamente en peligro de destrucción.

5. Los oficiales y jefes de sección eran nombrados por el comandante de la Columna, independientemente del grado que tuviera el Voluntario antes de ser destinado a la misma. Así, un teniente de Compañía podría ser nombrado como jefe de sección y el teniente podría ser juzgado como preferible a un comandante de Batallón.

Guerrillero en Irlanda. Tom Barry.

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