DE LA DEPRESION AL HUMOR

“Tengo por costumbre querido Sancho que, en viendo el burro venir, ya de lejos me apercibo sin confundirme, de las patadas que pudiera propinarme, por tanto mi fiel escudero fíjate en los andares y si viéndolo retorcido y mal encarado vieres que arranca sin compostura hazte a un lado, que de estos con mala idea, sucios y desaliñados mejor no tener contacto”
El Quijote, Cervantes.

Cuando me enfrento al mundo actual me pasa algo similar a lo que indica el sabio Don Quijote cuando veía venir a un burro malcarado, ya preveo las patadas que va dando a todos lados.

Pero a diferencia del gran consejo del ilustre manchego no me es posible ‘no tener contacto’ con semejante rocín, por estar metido, guste o no, en este mundo actual.

Ante semejante situación, cuando ves venir la bestia, sucia y decadente, con muy malas intenciones, y sin posibilidad de esquivarla en el camino humano que todos llevamos, hay la tentación de deprimirse, de caer en ese mal humor permanente, en esa posición de maldecir la humanidad, o el mal momento en que nos ha tocado vivir, de forma que además del mal rocín uno añade la mala gaita personal, agravando las consecuencias de esta situación.

Es fácil aconsejar no estar deprimido, pero recuerdo aquella sentencia: “Al que está en necesidad, no le des consejos sino soluciones”, pues el consejo si no lleva a resolver su necesidad solo son palabras sin gran valor.

Es harto conocida la palmadita en la espalda de ánimos, y el consejo de no atosigarse con las patadas del burro, o sea con las estupideces del mundo actual, no hacer caso a las tonterías de los que nos rodean, todo ello dicho con buena voluntad y poco seso, porque si fuera fácil soportar tanta inmundicia, no necesitaría ya consejo ni tendría peligro de depresión.

Así pues cuando hay que buscar soluciones, no las sencillas que no sirven más que para agriar el carácter a poco tiempo que soportes la presión del ambiente, hay que buscarlas en algo que realmente sirva para sobrevivir felizmente. Y esa solución es sin duda el Humor (así, con mayúscula), tomar ese mal rocín como un chiste de humor negro, o no tan negro pues si se mira bien es más risible que penoso.
El humor permite comprender las patadas y aceptarlas como lógicas y razonables en un payaso. Cuando el payaso hace tonterías no se toman por tales sino por humorísticas, de forma que lo que parece una grosería es en realidad un motivo de alegre carcajada.

Creo que en estos Tiempos Revueltos, ya muchos años, hemos aprendido a asistir al espectáculo del mundo desde la tribuna de un circo, reírse y aplaudir las payasadas, alegrarse con lo absurdo y asumir las cosas como propias del espectáculo, no como algo ‘serio’ de lo que desesperarse.

Bendito sea el Humor, esa capacidad humana de reír, de captar en lo más ‘serio’ el sentido jocoso de su barbaridad, de forma que uno no se deprima ni se ponga de mal carácter, sino por el contrario se divierta con ese ‘Teatro del Mundo’, que sin bien Calderón lo presentó como Tragedia, bien hubiera podido presentarlo como Comedia.

R. BAU

 

BAU

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    1 thought on “DE LA DEPRESION AL HUMOR

    1. Hace varios días he estado leyendo un interesante artículo de Ramón Bau sobre “La Filosofía y la Política” y aunque no existe duda alguna sobre la certeza y la perspicacia de sus comentarios, he decidido aprovechar esta ocasión que me brinda la publicación de un nuevo artículo suyo, para hacerle una serie de precisiones al respecto.

      En el ámbito de la ciencia política,la teoría y la práctica constituyen dos conceptos inmanentes como si fueran ambas caras de una misma moneda. La teoría pertenece al dominio del filósofo

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