DE MUROS E INMIGRANTES

Siempre me ha llamado la atención la “afición” de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, los defensores de la libertad, la igualdad y la fraternidad universales, por construir grandes muros que separen.

Primero fue el de Berlín, para que nadie pudiera escapar de aquel maravilloso edén en la Tierra que era el comunismo de inspiración soviética. Luego vinieron los edificados en Belfast por los británicos, el que separa Israel de Cisjordania, y ahora el que van a construir a medias el saliente Obama, premio nobel de la paz en Afganistán, Siria, Libia e Irak, y el amiguísimo del sionismo mundial Donald Trump.

Por lo visto a los Estados Unidos les molestan los inmigrantes mejicanos, y más que estén ocupando silenciosamente aquellos estados hoy usacos, que les fueron arrebatados a México durante el siglo XIX, víctimas de las guerras de expansión de EEUU contra su vecino del sur.

Es poco sabido que Méjico, les exigía a muchos colonos WASP establecidos en Texas, por ejemplo, saber español, convertirse al catolicismo, y pagar impuestos al estado mejicano. Como los arrogantes WASP (esos protestantes anglosajones tan amigos del sionismo) se negaban, Estados Unidos ocupó cinco estados, y parte de otros de su vecino por la fuerza. Desde entonces el dominio y la influencia de USA sobre Méjico ha sido casi total.

Lejos de ofrecer unas condiciones dignas de trabajo en las multinacionales estadounidenses establecidas en nuestra antigua provincia de Nueva España, los usacos se han dedicado durante décadas a otra cosa: exprimir el país. Y de estas prácticas viene la inmigración desde allí a EEUU, y los muros “de contención”.

Una cosa debería quedarnos clara a todos: solo el derribo o el debilitamiento de las élites mundiales que gobiernan a su antojo el orbe, y el cambio de muchas políticas mundiales, podría salvar a largo plazo, a aquellas naciones del norte del Globo que están sufriendo en sus carnes una fuerte presión migratoria. Si no, por muchos muros que hagamos, habrá cada vez más gente que los salte, no lo dudéis. El hambre es muy mala y lleva a otras cosas.

Resulta sorprendente y muy cínico, que no se hable de dar unas mejores condiciones laborales y humanas por parte de las empresas estadounidenses a su vecino hispano, y así evitar tantas lacras sociales que traspasen fronteras.

Lo suyo, lo de aquellos amantes de la democracia y la igualdad, conservadores o progres de salón, es crear problemas gordos, y luego poner bloques de hormigón para que no pase nadie. Hipocresía elevada al cubo se llama a eso.

Y lo vamos a pagar todos.

R. GARCÍA

 

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