DECÍAMOS AYER… UNA MIRADA A LA MONTAÑA

El siguiente texto lo escribí hace ya unos años, y fue publicado en B.L.T. (Bajo la tiranía) por cortesía de R. Bau, pero creemos que el ánimo con que fue escrito y su esencia siguen vigentes hoy en día. Por eso me he decidido a su publicación de nuevo.


UNA MIRADA A LA MONTAÑA

Cabría preguntarse en la actual tesitura hacia donde deben dirigir sus miradas los nacional-revolucionarios. Como contestación me viene a la memoria un párrafo de una vieja canción falangista que dice : “El cielo es limpio. Pon arriba los ojos, siempre arriba”.

Cuando todo se derrumba a nuestro alrededor, necesitamos elevar el espíritu, alejarnos de todo lo que nos rodea, materia y solo materia ya putrefacta, y dirigir nuestras miradas hacia lo alto, buscando un hálito de divinidad que nos impulse hacia cotas superiores de existencia.

Al hilo de estas disquisiciones se nos ocurrió a un grupo de camaradas, como continuación de la actividad campamental que cada verano desarrollamos, aglutinar a nuestras familias, mujeres e hijos (el tiempo no pasa en vano) y reencontrarnos con la montaña en busca de lo que ella nos pudiera enseñar, al conseguir elevarnos física y espiritualmente del mundo que nos rodea.

Y he de decir que la experiencia ha sido totalmente fructífera, en lo personal y en lo colectivo. Desde hace ya cinco años realizamos salidas al monte con una periodicidad mensual como poco. En ellas conseguimos aglutinar a un número cada vez más amplio de personas interesadas, con sus mujeres y sus hijos, consiguiendo un espíritu comunitario totalmente deseable, creando lazos de amistad y camaradería más allá de cualquier interés particular o parcial.

En dichas salidas se refuerza un estilo de entender la vida, se endurece el cuerpo y el espíritu, se habla con total libertad de las cosas que nos preocupan, y sobre las que no se pueden mencionar en el mundo de abajo, donde cada vez se hace más patente la falta de libertad. Se establecen compromisos y pautas de actuación para el futuro, y sobre todo se respira aire puro, en la confianza de que todo esto nos ayudará a llevar con más alegría y fe en nuestra causa la pesada carga de vivir en la actual sociedad firmes en unos principios que en dicha sociedad hace ya tiempo que tiraron por la borda.

A sabiendas de que lo importante no es conseguir marcas y alturas inalcanzables para nosotros, sino disfrutar de la montaña en grupo, ir consiguiendo para nosotros y para los más pequeños el hábito de conocer y amar la naturaleza como obra de Dios, despegarnos de la materia que dejamos por debajo de nosotros cuando iniciamos el ascenso a una cumbre, saber que podemos conseguir con nuestro esfuerzo lo que al inicio nos parecía inalcanzable, y sentirnos a gusto con nuestros camaradas y con nosotros mismos cuando vemos que hemos llegado al fin de lo que nos habíamos propuesto.

MACIZO MONTAÑOSO ENTRE ALZIRA, FAVARETA Y TAVERNES DE VALLDIGNA.-

Este fue uno de los primeros objetivos del grupo de aire libre. A la belleza de su paisaje se unía la diversidad de posibilidades en cuanto al tipo de actividades a desarrollar, que incluía el senderismo, el descenso en rappel de paredes de diversas alturas, y la asignatura pendiente, la escalada.

El primer asalto lo dimos subiendo por el barranco que une la Font del Garrofer y la Font del Barber, ya en término de Tavernes de Valldigna. En un día soleado y espléndido del invierno valenciano, no sin gran esfuerzo sobre todo para los más pequeños, llegamos tras más de tres horas de camino al estupendo paraje de la Font del Barber con su pinada que invita al descanso y su fuente de aguas limpias donde nos refrescamos. A continuación comida montañera y tras una pausa con la correspondiente tertulia política sobre los acontecimientos del momento, reemprendimos el regreso al punto de partida bajando ésta vez por una pista forestal que nos iba descubriendo otros hermosos parajes. Satisfacción en los rostros, canciones durante el camino de vuelta y el bonito espectáculo de ver a los pequeños peleándose por llevar la Bandera.

Para cambiar de actividad decidimos dedicar otra salida al descenso en rappel en los aledaños de las paredes del “Tallat Roig”, lugar donde existen vías de escalada abiertas. Esta actividad, ya aprendida por muchos en los campamentos de verano, y que combina el valor y la técnica, se trataba ahora de enseñarla a los restantes miembros del grupo, adultos y niños. Hay que decir que a fecha de hoy son contados los que no dominan ésta tecnica. Comenzando por paredes más pequeñas, de unos veinte metros, y siguiendo por paredes de treinta metros, uno tras otro de los camaradas, no sin alarde de valor, se fueron descolgando por las paredes verticales de ésta zona, muchos de ellos repitiendo para disfrutar más y mejor de la experiencia, que hemos repetido en múltiples salidas a ésta zona. De nuevo satisfacción en los rostros y para finalizar chocolate caliente u horchata con “fartons” según la salida haya sido en primavera o en invierno.

Otra salida se dedicó al ascenso a la “Creu del Cardenal” para más tarde seguir subiendo hasta el “Cavall Bernat”, cumbre del macizo alzireño, desde donde se divisa una panorámica excelente de la costa mediterránea desde Valencia hasta Cullera. De nuevo sin problemas ni siquiera en los más pequeños. Solo en el ascenso al “Cavall Bernat” cuando se debe subir por una pared casi vertical hubo que extremar las precauciones con los pequeños para evitar que se despeñaran. Por lo demás satisfacción general. Al bajar, de nuevo canciones de marcha que elevan el espíritu.

En otra ocasión, salida desde Favareta, para iniciar el ascenso a la “Cova de la Galera”, preciosa cueva de grandes dimensiones donde los más pequeños, guiados por el jefe de aire libre, se iniciaron en la espeleología atravesando un tramo de la misma. A continuación subida al “Ouet”, construcción de hormigón con forma de huevo que sirve de refugio en lo alto de la montaña.

MONTAÑA DE CULLERA.-

Prueba de matrícula de honor para los descensos en rappel. Pared de cuarenta metros con la dificultad añadida de que el casco urbano del pueblo queda por debajo, aumentando la sensación de vértigo y teniendo que redoblar el valor. De nuevo el grupo consigue su objetivo. Donde uno flaquea, está el otro para animar. Esto es la consecuencia de nuestra actividad en grupo. Al final todos consiguen superar la prueba.

PICO MONDUVER, EN GANDIA.-

El Monduver, pico de 831 metros de altura, se hiergue majestuoso desde la localidad de Jeresa, al borde del mar, hasta su cumbre, por lo que sus 831 metros de ascensión son reales. Puede ser coronado desde la localidad de Barx, pero la altitud es menor al partir desde cuatrocientos o quinientos metros de altitud. Lógicamente al grupo le interesaba la ascensión desde la base. Y así lo hicimos. Treinta y tres camaradas de distintos pueblos iniciamos la ascensión desde Jeresa, donde quedaron los vehículos. Nos esperaba una larga caminata, que comienza con suavidad, prácticamente en llano, hasta que a un kilometro y medio de la población se inicia el sendero que asciende sin prisa pero sin pausa y que es un rompepiernas. Tras un par de horas de ascender llegamos al punto intermedio de la ascensión, desde el que se contempla en toda su majestuosidad el espolón enhiesto del pico Mondúver. Parece imposible de ser asaltado por nosotros, siempre con la impedimenta que representa el hecho de llevar niños pequeños de entre 3 y seis años (no queremos dejarlos al margen, eso forma parte de nuestro compromiso como grupo), pero nos decidimos y seguimos la marcha. Tras un par de horas más llegamos a coronar el pico, no sin recoger a algún camarada del suelo, desplomado por el esfuerzo, y al que los pequeños jaleaban con alegría no exenta de sorna para que continuara. Y el espectáculo mereció la pena. Desde allí se divisa la mejor panorámica del golfo de Valencia, desde la capital hasta la localidad alicantina de Denia. Todo el mundo disfrutó de la experiencia. A continuación comida en la cumbre, descanso y charla sobre los temas que de contínuo nos preocupan, canciones y de regreso al punto de partida, ahora por la vertiente este del pico, que desciende de manera vertiginosa y rápida y donde hay que tomar precauciones. Alguna caída sin importancia y tras el consiguiente esfuerzo llegamos a Jeresa. Café y compromiso de todos de volver, cosa que se cumplió en otra ocasión.

DE LORCHA A VILLALONGA, por la antigua vía del tren.-

Leyendo en una ocasión una revista especializada sobre itinerarios y rutas de senderismo, apareció una información sobre la ruta que discurría por una antigua vía del ferrocarril entre Lorcha, a los pies del pantano de la localidad alicantina de Beniarrés y Villalonga, cercana a Gandía, describiendo un paraje excepcional. Allí dirigimos nuestros pasos la totalidad del grupo. Tras dejar los vehículos en la antigua estación de Lorcha, todos menos uno que quedó en Villalonga para trasladar después a los otros conductores, emprendimos el camino, del que pronto vimos su excepcionalidad, pues discurre por un cañón rodeado de altas montañas describiendo el camino, ya desprovisto de los raíles y traviesas, un trazado sinuoso paralelo al río que lo atraviesa. La fauna y la flora es exhuberante, quizá por la hasta ahora inaccesibilidad de la zona, lo que hace mayor si cabe el disfrute de atravesar dicho lugar. A mitad de camino paramos a reponer fuerzas y tras la habitual tertulia reemprendemos la marcha. Se hace esperar el final del camino, y al fin aparecen a lo lejos una serie intermitente de túneles excavados en la montaña que tenemos que atravesar a oscuras para llegar finalmente al punto de llegada, Villalonga. De nuevo conseguimos nuestra meta, con la satisfacción de que tenemos a nuestra gente lo suficientemente curtida para salir airosa de cualquier contingencia. El esfuerzo siempre merece la pena.

BARRANC DEL INFERN.-

Haciendo honor a su nombre nos atrajo este barranco con malas artes propias del maligno, cautivándonos con informaciones que nos llegaban desde diversos puntos y personas y que eran verdades a medias o exageraciones y a veces confusiones. Que si era un barranco precioso, que era de fácil tránsito, que casi no hacían falta cuerdas ni material de montaña, que se hacía en unas cuatro horas. Luego pagamos todos eso.

La Vall d’ Ebo discurre desde la localidad alicantina de Pego y penetra tierra adentro en dirección a la montaña alcoyana. El paraje es digno de macizos de mayor envergadura. Junto con otros valles cercanos como el conocido de Vall de Gallinera conforma unos lugares ideales para acercarse a la Naturaleza y disfrutar de ella en todo su esplendor.

Un grupo de catorce camaradas, entre ellos seis niños, nos adentramos en dicho barranco sobre las doce horas del mediodía, confiados en que se trataba de una excursión más de las muchas realizadas en búsqueda de lo que continuamente ansiamos, fortalecernos personalmente, física y espiritualmente, y reforzar los lazos comunitarios entre los miembros del grupo.

Pero al cabo de una hora nos dimos cuenta de que no iba a ser una salida más, y de que nos iba a marcar para futuras salidas, aunque finalmente le sacáramos el aspecto positivo, que también lo tuvo. El que esto escribe cayó fulminado por un golpe de calor en un punto de no retorno y sin posibilidad de evacuación aérea. Gran susto. Suerte que entre el grupo había un sanitario que realizó las correspondientes maniobras de reanimación y en cuestión de diez minutos consiguió que me recuperara, reanudando la marcha y no teniendo más problemas durante todo el trayecto. Pero lo peor estaba por venir.

El descenso del barranco tenía un sin fin de bajadas en rappel seguidas de otras tantas subidas de igual altura, lo que retrasaba bastante el avance. Entretenidos en estas tareas, dificultadas por la presencia de los pequeños, no nos apercibíamos de que las horas transcurrían demasiado deprisa. A las seis y media o siete de la tarde llegábamos a una zona de las denominadas como “paso de clavijas”. Dada la dificultad del terreno tuvimos que completar dicho paso instalando cordinos en zonas no suficientemente aseguradas y pasando a los más pequeños con doble aseguramiento lo que retrasó todavía más el llevarlos a zona estable. Allí se nos hizo de noche. Como dificultad añadida quedaba el descenso de una escalera de peldaños metálicos incrustados en la roca, alguno de los cuales se movía, por lo que tuvimos que asegurar desde arriba a todo el mundo. Por fin llegamos al final del barranco y a la salida del mismo. Ahora solo quedaba encontrar el lugar de la senda de ascenso hasta la parte alta donde se encontraba el punto de salida del barranco y los vehículos. Tras una hora de caminar debimos pasar sin verlo y rebasamos dicho punto llegando a través de maleza que igualaba nuestra altura a un punto de no retorno entre montañas cerrada por lo que parecía un antigua presa de hormigón fuera de servicio (supimos después que se trataba de la presa de Isbert). Dada la hora, sobre las 11 de la noche, y el consiguiente cansancio que hizo presa en todos pensamos, sin decírnoslo unos a otros, pues esto lo supimos días después al comentar la experiencia, en pernoctar allí mismo y reemprender la marcha al amanecer. Pero no era momento para hablar ni para reproches de ningún tipo, y dejamos al jefe natural en ese momento que tomara la decisión oportuna. Y esa fue el rehacer el camino sobre lo andado hasta encontrar la salida. Por fin esta se nos mostró, y emprendimos el camino de subida, tardando otras dos horas en llegar a los vehículos, totalmente exhaustos pequeños y grandes. De nuevo el grupo había salido triunfante de la experiencia.

Lo positivo, el comportamiento no ya de los adultos, que estuvieron todos a la altura de las circunstancias, sino de los pequeños. A nadie se le oyó ninguna queja, ningún lloro, ninguna muestra de desconfianza en el mando, ningún síntoma de miedo, y doy fe de que hubo motivos para ello. Todos se sintieron orgullosos del comportamiento en una situación difícil de nuestros niños, resultado sin duda de lo que van aprendiendo y viviendo en su acercamiento a la montaña y todo lo que eso reporta a sus vidas. Se va forjando su carácter.

Postdata de éste apartado : Luego nos enteramos que tiempo atrás en la escalera de peldaños de hierro murió una persona al caer desde lo alto, pues se desprendió el peldaño. Este mismo verano murió en dicho barranco un montañero de 42 años, de Madrid, que se internó solo en el mismo. No en vano tiene ese nombre dicho barranco, “del Infern”.

BARRANCO DE BERCOLON.-

Una de las actividades que más éxito tienen en el grupo, ésta vez limitado solo a los adultos, aunque alguno de los niños ya ha hecho pinitos en este sentido, es el descenso de barrancos. Entre ellos el de Bercolón es por su longitud y belleza de su entorno sobre todo en la parte “acuática” del mismo el que se lleva de momento la palma por el número de veces que lo hemos descendido.

Situado en el alto Turia, donde este río todavía se llama Guadalaviar, y entre los límites de Cuenca y Valencia desciende este barranco y el río que le da nombre en bajadas de paredes de vértigo que terminan en pozas de agua clara donde inexorablemente terminan los camaradas.

Cuento sin temor a equivocarme que son más de cinco o seis veces las que hemos descendido en grupo este barranco, y en todas se repite el mismo ceremonial. Temprano se sale en dirección a la cabecera del barranco, nervios, tensión y sobre todo ilusión de poder pasar momentos agradables junto a la gente (al tipo de gente) que queremos, sociable, fuerte, exenta de egoísmos, patriota, revolucionaria.

Comenzamos con una larga caminata monte arriba que de entrada te destroza las piernas y te hace eliminar todas las toxinas del cuerpo para dejarte a punto. Una vez en la entrada del barranco, donde siempre ondea la bandera nacional en la casona allí existente, cogemos la senda que siguiendo el curso del río nos va adentrando en una zona montañosa de singular belleza, en la que pasta ganado bravo, y en la que se puede ir caminando disfrutando del paisaje y de las conversaciones con los camaradas hasta que de repente el camino de corta y hay que empezar a descender en rappel. Primero una pared pequeña, de unos quince o veinte metros, con una salida complicada, luego una más grande, de unos veinticinco metros, con un volado. Más adelante se llega a un rappel triple, en el que la primera bajada te deja en la zona intermedia, desde la que se desciende a una repisa donde se siente un cosquilleo primero casi imperceptible que se va acentuando a medida que pasan los minutos y ves desde esa posición los treinta y tantos metros de caída bajo tus pies con una salida de extrema dificultad y resbaladiza por el curso de agua, situación que se empeora por el hecho de que siempre en ese punto se suele desatar una tormenta que aumenta el nivel del agua allí embalsada.

Superado este punto y tras un rato caminando se llega a la parte “acuática” del barranco, donde ya se goza de los descensos y del chorro de agua que te va cayendo a la cabeza y de la inmersión al llegar a las pozas de aguas claras y frescas. Mención especial merece el último rappel, por su altura, de unos veinticinco metros de caída con cascada de agua incluida y por su situación, pues penetra en una cueva desde la que se accede a la salida del barranco después de nadar unos metros en agua casi helada.

BARRANCO DE OTONEL.-

El culmen de nuestras salidas barranquistas lo constituye, de momento, pues no hay que olvidar que nuestro grupo está abierto a más experiencias de éste tipo, el descenso del barranco de Otonel, en la muela de Cortes.

Se trata de un pequeño barranco, pequeño en longitud, si bien grande en desnivel, que vierte sus aguas al río Júcar a su paso por el lateral de la muela de Cortés de Pallás, municipio al que pertenece la aldea de Otonel.

Mención especial merece la belleza de los toboganes que te llevan a caer en sendas pozas y el rappel precioso que sirve de preludio para el “grande”, por llamarlo de alguna manera. Se trata éste último de una pared vertical de sesenta metros, impresionante, y que termina en una poza sobre la que cae en cascada un torrente de agua que te va cayendo sobre la cara al ritmo que vas descendiendo. Se te hiela todo, no sabemos si por el frío o por el nerviosismo que se va apoderando de uno en el descenso. No obstante esto, casi todos los miembros del grupo hemos repetido la experiencia, unos por valor y otros por no ser menos.

Como siempre una buena comida montañera acompañada del buen vino de la tierra ameniza la experiencia y nos hace explayarnos sobre el día vivido en grupo y los proyectos que forzosamente y sin género de dudas hemos de acometer en un futuro próximo.

A MODO DE COLOFON.- Lo anteriormente relatado no contiene nombres ni de personas ni de grupo por un doble motivo. Primero, por razones obvias que cualquier camarada comprenderá. Segundo, porque nuestro grupo no hace las cosas para que se sepan o para presumir ante otros, sino por el gusto de hacerlas, por forjar lazos de camaradería y de vida en comunidad entre nosotros y con la Naturaleza. Si de paso sirve de indicador o de ejemplo a otros camaradas de lo que se puede hacer ante un mundo en ruinas, nos damos por satisfechos. Ojalá existiera en cada comarca de nuestra Nación un grupo, reducido o extenso, de camaradas que vieran en el modo de vida que hemos elegido como actividad “política” una vía de actuación o de acción para forjar lazos como los que nosotros hemos forjado en nuestro grupo. Sería una buena base desde la que iniciar otras muchas y buenas “santas aventuras”. Un saludo a nuestro estilo.

LLÁCER
Valencia, año 2003

 

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