DEFINICIÓN DE CAMARADA

Camarada (Товарищ, tavárishch en ruso), especialmente en partidos políticos, sindicatos, fuerzas militares y poetas, significa correligionario o compañero.

Camarada era la estrecha amistad entre soldados y oficiales que vivían en la misma cámara, en el ejército Español del siglo XVI. La función del camarada era entre otras, la de hacerse cargo del testamento en caso de fallecimiento en combate de uno de los integrantes, amén de otras responsabilidades personales de las que la organización del Ejército no se hacía cargo. Las cámaras solían estar integradas por un capitán y cinco o seis oficiales, y en el caso de la tropa, en igual número de soldados.

Los camaradas vivían juntos, compartiendo beneficios, pertenencias, peligros e infortunios. La organización de la camaradería se extendió en Europa por la influencia de la Infantería Española en las guerras de Flandes. La mejor descripción se encuentra en dos escritos franceses de la época.

Nombre común en cuanto al género. Es la persona que acompaña a otra y que mantiene y sostiene con ella. También el que anda en compañía de otros, tratándose de confianza, cordialidad, firmeza y amistad. Cofrade, condiscípulo o compañero en algunos partidos políticos, gremios y asociaciones.

Camarada, es también según el diccionario, la persona con la que se comparten ideas, actividades o experiencias. Tambié es la persona con la que se comparten ideas políticas, especialmente en los primeros años del Partido Comunista o de asociaciones sindicales de izquierdas.

Inicialmente, la palabra camarada, llevaba y lleva una fuerte connotación militar en los ejércitos Europeos, pero es a partir de la Revolución rusa cuando se populariza, los bolcheviques lo emplearon profusamente como alternativa igualitaria a señor y otras palabras similares; el término solía acompañar títulos para darles un tono socialista. El uso de títulos igualitarios tiene su origen en la Revolución francesa, en la que se abolieron los títulos de nobleza así como los términos monsieur (señor) y madame (señora), y en su lugar se empleaba citoyen (ciudadano). Por ejemplo, al rey Luis XVI se le llamaba ciudadano Luis Capeto.

La palabra camarada (así como su variante compañero) fue popularizada por los bolcheviques durante la revolución Rusa. Luego quedó en la Unión Soviética como forma de tratamiento habitual en un contexto formal, es decir, sustituyendo a señor o señora, y así se decía, por ejemplo, el camarada ministro en vez de el señor ministro, y del mismo modo podía usarse para dirigirse a desconocidos en un tono formal.

En Italia, el trato de Camerata es propio del fascismo, mientras que en los partidos y sindicatos de izquierda (incluyendo los comunistas) se utiliza siempre compagno. También el fascismo intentó dejara de usarse el tratamiento de usted por el tuteo.

En España, compañero está asociado a las tradiciones socialista y anarquista, mientras que camarada se ha utilizado más dentro del ámbito de los partidos comunistas. Algunas organizaciones comunistas de creación más tardía, sin embargo, han preferido el término compañero por influencia latinoamericana. Por otra parte, en España el uso de camarada no se ha restringido solo a sindicatos y partidos de izquierda, puesto que los falangistas y los fascistas lo utilizan para saludarse entre ellos, anteponiéndolo a su nombre de pila. Durante el franquismo, era muy común leer en la prensa del régimen: “El Gobernador Civil Camarada…” y frases similares. Esta singularidad proviene de la influencia del falangismo joseantoniano. Los falangistas fundacionales se denominaban entre sí «camaradas» y el tuteo era norma entre ellos. De hecho, se llega a afirmar que el tuteo fue una conquista falangista. Un tuteo, el falangista, hijo del igualitarismo, nada que ver con el tuteo zarzuelero propio de quienes dialogan en chulo y salían antaño a los escenarios de las revistas

Y ahora el desenlace de las precedentes líneas: ¿qué es un camarada para vosotros?

Para servidor, es el que comparte tus ideas, sabe que comparte empresa titánica y, aún así, es capaz de luchar por ellas aunque tenga en el cerebro la certeza de la derrota y en el corazón la ilusión de la victoria.

E. CONNOLLY

 

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