¿DEMOCRACIA PARA QUÉ?

Tras el derrocamiento del gobierno revolucionario burgués presidido por Kerensky en octubre de 1917 -a manos de la facción bolchevique, como es de sobra sabido- se convocaron elecciones a fin de formar una Asamblea Constituyente.
La fecha elegida para ello sería el 25 de noviembre de ese mismo año y su resultado, contra todo pronóstico, deparó una severa derrota para Lenin y los suyos: sólo 168 diputados de los 703 posibles.
El gran vencedor en dichas elecciones fue el Partido de los Socialistas Rusos (los conocidos como “eseristas”) de Viktor Chernov, merced al apoyo mayoritario de un campesinado con razón temeroso de que sus tierras acabaran siendo expropiadas por los bolcheviques.
Sin embargo, tras la primera sesión de dicha Asamblea, Lenin procedió a disolverla acusando a los diputados rivales de “contrarrevolucionarios”, no volviéndola a convocar hasta 1918, cuando en plena Guerra Civil la misma ya estaba bajo su control absoluto, en un momento además donde todo el eje vertebrador del nuevo régimen pasaba de los soviets al Politburó, el Ejército Rojo y la Cheka.
La tan cacareada democracia en la nueva Rusia soviética había durado menos que un suspiro.
NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

Cachús

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