EL DESCAPOTABLE Y EL HOSPITAL TENEBROSO

¿Quién recuerda el Remdesivir?.

Una pista: no se trata de un equipo de la Bundesliga.

El Remdesivir es un retroviral desarrollado en origen contra el Ébola y que en las primeras -y desesperantes- semanas del Covid fue aplicado con notable éxito en pacientes con neumonía.

¿Y qué fue de la dexametasona y otros corticosteroides que también resultaron eficaces en el tratamiento de enfermos por el SarsCoV2?.

No se volvió a hablar.

Yo me pregunto, ¿a iniciativa de quién o quiénes se dejó de invertir en sanar y prevenir las “nuevas olas” para fiar la resolución de la pandemia en la promesa de una vacuna redentora de la humanidad?.

Sanar y en todo caso paliar es la razón de ser de la medicina, y no ceder cualquier responsabilidad por un lado a los enfermos, y por el otro a chamanes especuladores desaprensivos con vocación de dioses.

Porque oigan: lo que está pasando con las vacunas es pura especulación. “La ley de oferta y demanda” dirán los laboratorios, y ciertamente así se las ponían a Fernando VII…

Reclamar un 20% por encima del precio pactado por vial alegando que de los culines sale otra dosis, o entrar en subastas por las próximas entregas es de trileros de mercadillo, de camellos de arrabal. Es de hijos de puta.

Luego está la cuestión de la eficacia…

Entre las primeras poblaciones ya vacunadas: ancianos y “de riesgo” siguen cayendo como moscas, y tampoco otorga demasiada confianza que en Alemania casi el 70% del personal sanitario se niegue a chutarse el milagrito.

Y todo ello sin hablar de los desconocidos (por lo novedoso de la técnica) efectos secundarios, o de la mutación de las cepas cuya asombrosa multiplicación exime de responsabilidad subsidiaria a las multinacionales farmacéuticas.

Ante este caos global que ninguna nación quiere reconocer, los Gobiernos de todo el mundo vuelven a apostar por la fórmula ya fracasada del aislamiento total… y a surfear las olas.

¡Ah!, los políticos… la segunda plaga que padecemos.

A rio revuelto ganancia de pescadores, y si cualquier crisis es una oportunidad de oro para forrarse, una pandemia mundial es como ver el Halley: sólo pasa cada 80 años, y que suerte la mía que me ha pillado en un cargo público.

Lo del “político con cuñao” es como bautizar el café de la mañana: un clásico español.

Ximo Puig, más conocido por “el descapotable” tiene un hermano tal que Alfonso Guerra, y que -como aquél- se dedica “a sus negocios”.

Pero esa es otra historia.

El día después del pasado 8 de marzo (que es justo el día en que el Gobierno se enteró de que había una epidemia porque hasta entonces lo ignoraba sinceramente) el rodillo del Psoe S.A. se puso en marcha.

Madrid era el verdadero epicentro de la muerte y pronto la situación desesperada impuso medidas desesperadas y se habilitó un lazareto en los pabellones del IFEMA que a pesar de las numerosas críticas recibidas, salvó vidas.

A pesar de que la precaria situación en Valencia no alcanzaba ni de lejos los tintes de tragedia de la capital de España, al Descapotable se le encendió la bombillita: en lugar de habilitar algún ala vacía del antiguo hospital La Fe, o ¿por qué no? medicalizar un pabellón de la Feria de Muestras, decidió invertir 8 millones de pavos de dinero público en crear su propio hospital “de campaña”, como si los valencianos viviéramos en la selva de Borneo o entre las dunas del Sáhara.

Independientemente de lo majadero de la ocurrencia, el tinglado arrancó mal: con serias dudas acerca de si disponía o carecía de las licencias municipales e inspecciones oportunas.

Dice alguna de las leyes de Murphy: “Nada es nunca tan malo que no pueda empeorar” y el Descapotable y su equipo se empecinaron en demostrarlo.

El presupuesto original se fue -cachis la mar- de las manos y ya ronda los 16 millones.

La empresa adjudicataria IDAT (Ingeniería de Desarrollos de Alta Tecnología), por cierto “adjudicada a dedo” mediante procedimiento de urgencia, resultó haber sido creada apenas unas semanas antes con el exiguo capital social de 3.000 euros por la firma zaragozana Hispano Vema, proveedora habitual del Gobierno.

Ejem… cómo recuerda esto a las empresas de Correa.

IDAT se hizo también con los contratos (y por el mismo procedimiento) de Equipamiento Médico por otros 4,16 millones, además de 431.255 euros por 375.000 mascarillas y 10.000 litros de gel hidroalcohólico.

Tras 9 meses en que socialistas y medios de comunicación afines se los pasaron torpedeando la creación del Hospital de Pandemias Isabel Zendal, desviando así la atención sobre cualquier otro asunto, el chiringuito del Descapotable se mantuvo inédito como monumento al Pelotazo de toda la vida.

Esta semana en que ¡albricias! llegaron los primeros clientes, las carísimas tiendas de campaña de mierda han salido volando como patos en El Palmar.

No me consta a esta hora y a día de hoy que el Descapotable haya presentado su dimisión.

LARREA  EN/2021

 

 

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