DÍAS DE EXTRAÑEZA E INFAMIA

En estos días infames, los muy panolis “democracios” han vuelto a rasgarse las vestiduras a cuenta del actual (des)Gobierno y sus vomitivos tejemanejes con el brazo político de ETA para la aprobación de los PGE, cuando lo cierto es que la tan loada por aquéllos Constitución conlleva de manera intrínseca el relativismo moral en la acción política(1).

Así las cosas, no es que BILDU vaya a ir desde hoy a Madrid decidido a acabar de una vez por todas con el nefasto Régimen del 78 (como ha dicho el voceras batasuno de turno), sino que por muy extraño o paradójico que les parezca a algunos irá a consolidarlo (tal que apunta, agudo, Juan Manuel de Prada en su artículo de este sábado), pues el separatismo abertzale también forma parte del mismo.

Y no es que lo sea ahora cuando por fin se ha sumado a ese mantra infecto llamado “consenso”(2), es que en puridad la banda terrorista y sus recaderos en los diferentes parlamentos (ya sea en las Vascongadas o en la capital) siempre lo han sido: baste recordar la manera criminal en que se abrió la puerta al susodicho Régimen del 78, con aquel “oportuno” magnicidio nunca clarado de diciembre de 1973…(3).

Digamos la verdad: a partir de ahora los chicos de BILDU irán a Madrid, sí, pero para seguir destruyendo España, previo saqueo de la misma, pues no en vano continuarán cobrando un pastizal (a cuenta de todos, no lo olvidemos) por ello.

En el fondo nada demasiado diferente a lo que llevan haciendo aquí el resto de cancerígenas formaciones políticas que en las últimas cuatro décadas han reducido nuestra Patria a una apestosa escombrera.

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(1) De hecho, tal relativismo moral es una de las señas de identidad del liberalismo.

(2) Previo lavado de cara de los medios afines al negociado de izquierdas, los cuales llevan meses blanqueando la recientísima trayectoria criminal de Otegui y los suyos, algo que contrasta con el empeño en situar en primer plano de la actualidad hechos sucedidos hace más de 80 años, en plena Guerra Civil.

(3) Eso sin contar las numerosas figuras (en su mayoría militares y mandos policiales, pero no sólo) entonces refractarias al “cambio democrático” (sic) convenientemente eliminadas por acciones terroristas entre fines de los 70′ y primeros de los 80’…tanto que bien podría decirse que hasta que la banda asesina no se volvió “incontrolable” y comenzó a matar también a políticos, la casta partitocrática no reaccionó contra ella.

CACHÚS

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