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DIGAN LO QUE DIGAN

 

Raphael (Rafael Martos) hizo famosa una canción con este título, aunque él aireó esta frase por motivos bien distintos a los de este artículo, seguramente.
Yo, nacido en 1954, viví por tanto el franquismo, teniendo ya, como se decía en esa época, “uso de razón” entre 1964 (diez años) y 1975 (veinte años).
Digan lo que digan, los niños y adolescentes de esa época fuimos felices. Hijos de una política de apoyo y promoción de la natalidad, que por otra parte estaba en comunión con la religiosidad de la época, que rechazaba todo tipo de medios de anticoncepción y abortos inducidos, nunca nos faltó una mano amiga pues bastaba con salir a la calle y te estaban esperando decenas de amigos ávidos de jugar.

Como no existían ni móviles ni siquiera televisión (años 60) pues solo en uno de cada muchos domicilios se lo podían permitir, nos dedicábamos a jugar en la calle a mil y un juegos, a zurrarnos entre nosotros y contra muchachos de otras calles, parando de jugar o de zurrarnos solo cuando pasaba un carro tirado por mula con su carga o uno de los poquísimos vehículos de motor que existían, y, ya calentitos, atender a la llamada de los padres que desde los balcones nos decían que ya era hora de subir a comer o a cenar. Sí, mamá, ya voy, era la contestación.
Ya de adolescentes, muchos de nosotros nos acercábamos por los Hogares de la O.J.E. Sin que nadie nos lo pidiera pedimos la afiliación. Allí se nos abría un mundo a muchísimas actividades que, ni en el hogar paterno ni por invención nuestra hubiéramos soñado. Nos íbamos de campamento en los largos veranos, forjando amistades que aún hoy perduran, camaradería que hoy cuando nos tropezamos por las calles aún rememoramos, incluso a alguno se le escapa una tímida lágrima, cosas de la edad. Y no creáis que se obligaba a la adolescencia y la juventud de la época a afiliarse a esa organización “fascista”. Os puedo nombrar con nombre, apellidos, fotografías e incluso vídeos a un montón de “camaradas” que luego han sido capitostes de partidos de izquierda, mayoritariamente del PSOE, y que fueron entonces acérrimos falangistas. Pero eso creo que ya es sabido. Allá cada cual.

Culminado el proceso de crecimiento y educación muchos de los chavales de esa época iniciaron estudios universitarios y al finalizar los mismos encontraron ocupación con arreglo a sus conocimientos y titulaciones sin problema alguno. Maestros, enfermeros, médicos, Abogados, Arquitectos, Ingenieros y todo tipo de titulados de formación profesional encontraron acomodo en los destinos profesionales apetecidos y para los que se habían preparado.
Y todo en una España sólida en lo económico (décima potencia mundial) y en paz en lo social. Digan lo que digan.

Las familias tenían trabajo (siempre hay excepciones en momentos puntuales y vaya desde aquí mi reconocimiento a quienes se vieron forzados a emigrar, con contrato laboral y reconocimiento médico, a otros países) y accedieron a la propiedad de sus viviendas y en algunos casos (no en mi familia) incluso pudieron acceder a una segunda vivienda de vacaciones.

Pero claro, se objetará por algunos que no teníamos libertad. Me da la risa. Teníamos libertad para dejar las casas con las puertas abiertas o la llave en la cerradura sin miedo a que nadie te robara o violara a las mujeres. Teníamos libertad para, al margen de los estudios y en épocas determinadas, trabajar unos días en el campo o en los almacenes de cítricos, o de enyesadores de edificios en construcción. Incluso tengo amigos, que optaron por no estudiar, que cambiaban de trabajo a voluntad en función de dónde pagaban más por hora de trabajo. ¿No era esa una buena libertad?. Teníamos libertad para transitar por todo el territorio nacional sin problema alguno. Incluso yo, con dieciséis años, en compañía de dos amigos, estuvimos un verano por todo el sudeste francés con la mochila a cuestas y sin que ni aquí la Guardia Civil ni los gendarmes en Francia nos molestaran lo más mínimo. Ni siquiera en la frontera nos pidieron el pasaporte que ya teníamos en la mano. Vaya Vd. hoy por ejemplo a Estados Unidos de América con la misma facilidad, a ver si lo consigue.
La única libertad que no existía era la de hacer daño al prójimo. Orden, paz y progreso económico de la Nación, es lo que había. El resto da para otro artículo.

Con esto no estoy haciendo lo que hoy se define como “apología del franquismo”, que por otra parte estaría en mi derecho en uso de la libertad ideológica y de expresión que, dicen, hoy existe, sino recuento de mis vivencias en esos años, extractadas, resumidas, inconexas, pero grabadas a fuego en mi memoria y en mi manera de pensar y de ser.

Y, digan lo que digan, el llamado Régimen del 78 acabó con esto. Se prometió al pueblo un régimen de libertades, del estilo de una democracia partitocrática, que iba a solucionar todos los males de lo que llamaban la Dictadura. La Constitución de 1978 iba a ser, más que mera ley de leyes, la nueva “religión” salvífica en cuanto a las cosas de este mundo. Empezó el “mambo” y ya empezó mal con los propios traidores al régimen anterior, la UCD, artífices del cambio, encargados, como nuevos Kerenski, de la transformación forzada para el tránsito a una democracia de signo capitalista, primando a las grandes empresas multinacionales en detrimento de las pequeñas y medianas empresas y de las clases medias, cuya existencia fue verdadero logro del franquismo y pilar básico del Estado.

La llegada del PSOE al poder, en 1982, trajo el desmantelamiento de la gran industria pública española y su venta, a precios de derribo, al “mejor” o “ más relacionado” postor. La entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea fueron otros de los “logros” socialistas (aunque ya anunciado e instado en su día por Leopoldo Calvo Sotelo) que a la larga nos ha perjudicado atándonos a un ente supranacional y ligándonos, como parientes pobres, al destino de los países ricos y verdaderos dirigentes de aquellas instituciones. Al tiempo comenzó a instaurarse la política del nepotismo y el comisionado económico.

Con la subida al poder de Aznar la situación empeoró. Comienza el cumplimiento estricto de las órdenes del N.O.M., la apertura de fronteras a la inmigración ilegal, de manera tímida pero decidida, y se posiciona junto a los que cree son aliados de España (Gran Bretaña y USA) en una guerra injusta de agresión contra un país tercero. Vuelve el PSOE y sigue con la política de puertas abiertas a la inmigración ilegal, el despilfarro económico rayano en lo grotesco, la metida de mano en la hucha de las pensiones y el descontrol de las cuentas del Estado. Vuelve de nuevo la derecha, con Mariano Rajoy al frente, y la cosa se desboca, el latrocinio institucional es ya extendido desde esferas intermedias hasta altas instancias autonómicas y estatales e incluso algún pariente del jefe del Estado tiene que ir por ello a prisión, de oro, pero prisión. Las arcas del Estado se vacían hasta límites de angustia. Angustia agravada por una crisis económica demasiado larga, inducida por las élites financieras y soportada y pagada por los españoles, sin parangón alguno en el pasado.

Y finalmente, llega al poder, de manera poco ortodoxa, Pedro Sánchez, un señor que no ha sido elegido democráticamente ni como presidente de su escalera, aupado por quienes antes les acusaban de ser casta política (Podemos) y por quienes están interesados únicamente en la destrucción de España (separatistas catalanes y vascos). En resumen, un gobierno esclavo de sus apoyos y que nada bueno puede reportar a la Nación.

Digan lo que digan, sacar a Franco del Valle de los Caídos no va a dar de comer a multitud de españoles que hoy están al límite de la pobreza o pasando ya hambre. Ayer mismo la prensa nacional daba la cifra de un millón de españoles con título universitario al borde de la pobreza ya que no hay trabajo para ellos en esta España de hoy.

Digan lo que digan, la cuestión del separatismo catalán y vasco, no resuelto ni a la corta ni a la larga, y aunque se resolviera, no va a solucionar la economía nacional ni la situación laboral de los españoles ni de los separatistas de todo pelaje que, quieran o no, son también españoles.

Digan lo que digan, el Régimen del 78 fue un engaño al pueblo. Por sus hechos los conoceréis. Y los hechos, tal cual está la situación en España, de penuria económica, de falta de confianza de las familias en su futuro inmediato y a medio y largo plazo, de falta de seguridad jurídica en muchos ámbitos, de no saber si la atención médica y las pensiones están aseguradas de aquí a unos años, los hechos, decimos, son tozudos.
La solución no la tienen los gobernantes actuales. La solución no la tienen, ya lo han demostrado, las derechas de este país, ni la extrema derecha del sistema, controlada por los mismos amos que, en definitiva, son quienes controlan todo lo que se mueve en España.

Digan lo que digan, solo el pueblo español, despertando de la pesadilla en que vive, despertando del sueño hipnótico inducido por las televisiones y los mass media desde hace demasiados años, rechazando las ideologías que les vendieron como remedio de todos sus males, y que se han demostrado impotentes, poniendo toda su fuerza, su fé en él mismo y en el alma y genio milenario de España, y con la ayuda de Dios, solo él podrá revertir esta situación y llevar a España y a los españoles al lugar que se merece.

Digan lo que digan.

LLÁCER
18 de octubre de 2018
Día de San Lucas

 

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    1 thought on “DIGAN LO QUE DIGAN

    1. Sí, señor; así está el tema. Me suena la niñez, la adolescencia y la actualidad; bien es cierto que la música se va haciendo, con el paso del tiempo, más perronera, más en falsete…, digan lo que digan.

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