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DO, RE, MI, FA, TROLLLLLL

El judío tiene la más poderosa arma de destrucción masiva que existe.
Y no, no hablo de ninguna de las que ustedes están pensando -que también- sino de una mucho más peligrosa, aquélla que es capaz de fulminar la verdad sin dejar ni rastro de ella : los medios de comunicación.
Con ese poder, cualquier anécdota histórica debidamente manipulada, instrumentalizada y adecuadamente distribuida, pasa a engrosar la memoria colectiva hasta convertirse en dogma en las sociedades más avanzadas.

La Paramount, 20 C.Fox y Hollywood en general, se toparon con un verdadero filón tras el 45 con las películas bélicas en las que el soldadito yankee gana la guerra él solito con un paquete de bubble gum y una pegatina de Betty Boop. Con dos cojones.
Pero sobre todo, encontró una mina en el proselitismo de lágrima fácil con las películas que demostraban la infinita maldad de los vencidos e inyectando directamente en vena a los atónitos espectadores un irresistible afán de aplaudir hasta sangrar las falanges, por la justa venganza que aplicaron los aliados.
Diarios de niñas atormentadas, trenes con overbooking injustificable, lámparas y jabones de dudosa calidad y, ya más recientemente, algo de una fiesta de pijamas.

Una de las historias más discretamente conmovedoras, pero de una gran eficacia propagandística fue la archigalardonada “Sonrisas y Lágrimas”.
Vamos a ver, que levante el dedo el que no haya visto al menos media docena de veces la historia de amor de la monjita y el baronet.
¿Quién no ha tatareado alguna vez casi sin darse cuenta, aquello del “la al nombre es anterior”?
Pero, como casi todo en Hollywood -debe ser eso que llaman “la magia del cine”- la peli tiene muy poco que ver con la historia real.

María, la novicia encantadora interpretada por la dulce Julie Andrews -que se encontraba en el momento álgido de su carrera- en realidad se trataba de una joven huérfana de madre y abandonada por su padre al cuidado de un tío y que acabó -no se sabe muy bien cómo-, en un convento; padecía un trastorno bipolar y no fue en absoluto la angelical madrastra que le valió la nominación al oscar.
Tampoco el “patriota” baronet Von Trapp era del todo austriaco, en realidad había nacido en Zadar (hoy Croacia, entonces parte del imperio austro-húngaro) .
El barón enviudó y heredó una importantísima fortuna de su primera mujer; tras comprar una lujosa mansión en las afueras de Salzburgo conoció a Maria -veintimuchísimos años menor que él- que ejercía de institutriz de sus hijos. Superado el luto, se casó con ella en 1927, es decir mucho antes del Anschluss -la anexión de Austria- que fue en 1938.
El anacronismo de la película debe ser casualidad.

No tuvo mucha fortuna el baronet con sus inversiones financieras y dilapidó la fortuna heredada por lo que no le quedó más remedio que arrendar el palacete, pasando él con su señora y sus diez hijos a vivir en la buhardilla. Es decir, poco que ver con las magníficas fiestas que organizaba para la aristocracia austriaca en la versión peliculera.

No demasiado aficionado al trabajo y acuciado por las deudas, Georg Von Trapp ideó una forma de vivir del cuento -en este caso, del cante- y formó una suerte de coral polifónica con sus hijos (hoy, alguien lo podría llamar explotación infantil) y el repertorio popular austriaco que tuvo un razonable éxito en los teatros europeos (¿tal vez aprovechando el tirón germanófilo?, pregunto).
En 1938, la Compañía Trapp recibió una oferta para hacer una gira por los EEUU y, tranquilamente, sin que nadie los hostigase, persiguiese o siquiera los echara de menos, la familia Von Trapp cogió un tren y se trasladó a la nada fascista Italia de Benito y de ahí, el vuelo a la fama y a la tierra de las oportunidades.
A día de hoy, los descendientes de los Trapp, aquella bucólica saga, andan a ostias en los tribunales por las herencias y los derechos de autor.

Esta es la verdadera historia y así se la hemos contado.
Alguién dirá, “bueno, púes no es pa tanto, casi siempre los guionistas deforman la realidad para transformarla en productos comerciales”.
Permítanme unos pequeños datos complementarios.

La película fue rodada por la 20th Century Fox, compañía fundada por los judios Joseph M. Schenck y Darryl F. Zanuck.
El guión lo “adaptó” el judio Ernest Lehman y la película fue dirigida y ¡producida! por el también judío Robert Wise…

En fín, podría seguir aburriéndoles con los músicos, actores, etc pero prefiero dejarles con un video de la inolvidable Mary Poppins.

¡Mazel tov! amigos.

LARREA    AG/2016

 

(VÍDEO):

http://diariojudio.com/videos/millie-julie-andrews-sings-at-a-yiddish-wedding-lekahim/

 

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