Al final sólo hay dos bandos.

Aunque se difuminen entre la hojarasca de mil retablos de maese Pedro.

Dos bandos.

No son los bandos canónicos de los libros de falsa Historia homologados por Hollywood en sus trampantojos.

Los fingidos contendientes de la guerra fría son hermanos siameses hijos de la misma puta hebrea. In gold we trust.

Los fingidos contendientes de la guerra fría siempre han estado en el mismo bando: El bando de los que quieren un mundo sin fronteras. Sin belleza. Sin cultura. Sin decencia. Sin justicia. Sin identidad.

El bando de los que aspiran a ser pastores de un rebaño multiétnico, multicultural, multiamorfo, multienvilecido, multiemputecido, multigilipollas en la siniestra feria del consumo y de la explotación.

El bando de las mil aberraciones para dinamitar los cimientos de la cordura: Feminismo, animalismo, homosexualización, ecumenismo, pacifismo, globalización, endofobia…son las distintas facetas de la misma carcoma antinatural.

Nosotros estamos en el otro bando.

El del verso sublime y tenso frente a la vulgaridad de lo prosaico.

El del pequeño grupo de antorchas alumbrando desafiantes en una inmensidad oscura.

El de la última trinchera frente a la mediocridad.

El de las banderas de luto ondeando desgarradas y desafiantes.

El de los malditos mil veces satanizados y calumniados.

El de los represaliados y perseguidos.

El de los derrotados en 1945.

El de los que finalmente vencerán.

J.L. ANTONAYA

 

ant12

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