DOSCIENTOS TREINTA Y TRES

Como cada 22 de septiembre, la Iglesia ha recordado al grupo de 233 mártires de nuestra Cruzada de Liberación Nacional (226 de la archidiócesis de Valencia, 6 de Barcelona y 1 de Lérida) beatificados (los primeros del Tercer Milenio) por San Juan Pablo II en la solemne ceremonia celebrada el 11 de marzo de 2001 en la plaza de San Pedro del Vaticano tras un largo proceso canónico.
Todos ellos -hombres y mujeres, religiosos y seglares- fueron horriblemente asesinados durante la sangrienta persecución religiosa sufrida en los años 30 del pasado siglo bajo la anticlerical Segunda República, todos ellos por el mero hecho de ser católicos, todos ellos sin renegar de su credo cristiano, todos ellos perdonando a la chusma infecta de matarifes (hoy reconvertidos en “demócratas” por mor de orwellianas leyes de “desmemoria”) que los ejecutó por puro odio.
Sería menester adentrarse en la biografía de cada uno de estos algo más de dos centenares de mártires, algo imposible aquí por la falta de espacio, si bien es algo que invitamos a hacer a quienes lean este necesariamente breve homenaje aunque sólo sea para dar cuenta del ejemplo de bondad, entrega, servicio a los demás y sacrificio supremo que constituye cada una de sus por desgracia truncadas vidas.
Es el caso de María Teresa Ferragud (arrestada a los ochenta y tres años de edad junto a sus cuatro hijas, todas monjas contemplativas, la cual pide acompañarlas al martirio), Francisco Alacreu (un joven químico de veintidós años afiliado a Acción Católica, quien antes de su ejecución escribe tres impresionantes cartas dirigidas a sus hermanas, a su director espiritual y a su novia, llenas de serenidad, fortaleza y, a pesar de las circunstancias, alegría), Germán Gozalbo (un sacerdote de veintitrés años ordenado hacía un par de meses), José Calasanz Marqués (que había sido misionero salesiano en Cuba)…
Ojalá que su recuerdo suscite en nosotros una vida cristiana más auténtica amén de un renovado afán por mantener viva la memoria (ahora más que nunca, en estos tiempos marcados por la mentira, el relativismo y la infamia) de aquellos gloriosos testigos de la Fe en Cristo nuestro Señor.
NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.
Cachús
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