EL AVIÓN

Allí donde se masca la realidad de la miseria humana.
Los elegidos arrugan la nariz resignados a mezclarse con el lodo.
El perroflauta y la gleba la arrugan como dando muestra enfadada de que “todos semos iguales”.
La llegada es una carrera de pollos sin cabeza, a codazos por embarcar primero aún a sabiendas de que son “asientos enumerados”.
Una vez dentro las más estúpidas peticiones y caprichos.
Que si “el trato indigno”, “he de miccionar en pleno despegue”, “un cafe descafeinado con leche de soja natural tirando a templada”, “clave wifi”… y todas aquellas gilipolleces que a ningún pobre mortal se le ocurren en su vida cotidiana.
Devorando menús de cortesía y barras libres, cuando las había.
Bebiendo del grifo del lavabo cuando no los hay.
Cintas de equipaje con aires de arrogancia porque “han venido en avión”. Eso sí, nada de Seychelles… de Valladolid.
La degeneración del viaje aéreo, antes rodeado de un cierto aire de glamour, hoy camión cisterna de jipis descalzos, perro-flautas variados, tostados hediondos, hooligans becerriles, y la más variada fauna.

Todo se va a la mierda.

HER VICTOR

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