EL DERECHO DE PENSAR

Hace años, desde su inicio, El Cadenazo decidió no tocar determinados temas que provocaban por su sensibilidad fricciones innesarias cuando no discusiones entre los miembros de la Redacción, pues aquí, gracias a Dios o a los Dioses, ninguno estamos cortado por el mismo patrón. La llamada Fiesta Nacional es uno de ellos y tanto el Director cómo el Editor se han cuidado desde entonces en que la norma se mantuviera con estricto celo, incluso aunque en ocasiones la oportunidad hubiere exigido “decir algo” acerca de tal o cuál asunto.
Escribano disciplinado, las cuatro líneas que dejo a continuación no tienen nada que ver con la Tauromaquia y mucho con la libertad y el modelo social que están imponiendo a marchamartillo.
Confío en que así sea entendido tanto entre nuestra feligresía como entre mis compañeros de Redacción.
EL DERECHO DE PENSAR
Es Vicente Barrera, además de torero y licenciado en derecho, un valenciano con fama de buena persona, tanto entre su entorno como en nuestra pequeña ciudad. Tendrá -digo yo que como todos- su juicio político y sus querencias, pero nunca ha hecho gala de ellas y sus opiniones las guarda para sí.
La muy democrática Corporación del Ayuntamiento de Valencia desde su llegada (y de esto ya hace bastantes años) impulsó “la participación de los ciudadanos en la cultura” a través de las Asociaciones Vecinales, librando éstas propuestas a la Concejalía de turno.
Pues bien, el ciudadano Vicente Barrera, hijo y vecino de la ciudad de Valencia se apuntó a la asociación que corresponde a su barrio y trabajó en un par de ideas que plasmó en sendas propuestas.
Las dos fueron rechazadas por el concejal Grezzi, un napolitano afincado desde hace algunos años en nuestra ciudad y cuya mayor aportación conocida ha sido la de convertirse en el ariete favorito del alcalde Ribó… hasta que la estafa de 4 millones de euros en la EMT que el italiano presidía le obligó a replegarse a cuarteles de invierno mientras se repartan las responsabilidades.
Las propuestas de Barrera que Grezzi despreció obviamente tienen que ver con los toros y aún admitiendo que sea éste un asunto rodeado permanentemente de polémica, lo realmente cierto es que no es el “signorino” quien debe resolver si la Tauromaquia es o no es cultura.
Lorca, Buñuel, Picasso, Welles, Sabina o Serrat fueron o son algunos “rojos” de mucho más fuste que este aprendiz de camorrista, que defienden la Fiesta Nacional como una manifestación cultural que se origina en la misma noche de los tiempos de la vieja Europa.
Un servidor público lo es de todos los ciudadanos y no tan solo de aquéllos que lo han votado.
Este asunto lo olvida frecuentemente el Gobierno Ribó y mientras se tumban arbitrariamente propuestas culturales debidamente presentadas y argumentadas, se destinan importantes partidas presupuestarias a la estúpida “Fiesta de las Reinas Magas” o a absurdos talleres fomentando entre los escolares ideologías aberrantes.
El concepto de “libertad” que maneja el Gobierno Ribó tiene más que ver con la imposición de su modelo social que con la democracia con la que tanto se llenan la boca.
Ya advertí que no se trataba de toros.
LARREA   OCT/20

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