EL DESFILE DE LA CORRUPCIÓN

Se inicia el juicio por el llamado caso Gürtel. El desfile de corruptos es tan numeroso como uno de Victoria’s Secret, sólo que, en este caso, sus paños menores están manchados de fango y codicia.

Tras este vergonzoso desfile hay un partido político, el Partido Popular, dirigido por Mariano Rajoy. Cualquier persona con un mínimo de dignidad, ante tamaño ladrocinio, habría dimitido -él y su equipo- y habría propiciado una refundación de su partido. Asímismo, cualquier votante del PP, por un mínimo de decoro, le habría negado su voto. Pues ni lo uno ni lo otro.

El ciudadano vota a partidos corruptos -el PSOE o la refundada Convergencia, son también un ejemplo de ello-, y le parece no ya correcto, sino ético hacerlo. Cualquier persona con sentido común y sensatez afirmaría que nuestra democracia es un democracia corrupta, y no le faltaría razón.

Cuando votar se limita al acto de depositar un papelito en una urna, sin asumir ninguna responsabilidad ni garantizar un mínimo de capacidad para asumirla, la democracia se convierte en una falacia y el voto en un paripé al servicio de quienes, a pasos agigantados, nos están construyendo una sociedad amorfa, sin alma y enferma de materialismo.

Juan Antonio Llopart

 

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