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EL GENOCIDIO FILIPINO

 

Se repite una y otra vez, como un mantra progre, la idea del genocidio español. La semilla a veces cae en el asfalto, pero otras en tierra y de ellas surge más que una espiga, un árbol de odio, al ser comidos sus frutos por una sociedad ignara a la que se le ha hurtado no solo información sino también los más elementales mecanismos mentales de reflexión, convertidos en papilla con esa batidora catódica llamada televisión.

Recientemente un grupo de semovientes que se agarran el cuerno dejaron caer una lindeza sobre la masacre que los españoles cometimos en Filipinas.
Vamos a dejar negro sobre blanco unos cuántos datos, para que simplemente den vueltas sobre ellos.

La población de la que disponemos de datos más próximos a la debacle de 1898 es un censo de 1876. De él podemos ver que de un total de 6.174.000 personas, solo unos 25.000 eran españoles. De ellos 14.500 militares y 3.000 marinos.

Un momento. Detengámonos aquí. Pensemos que es cierta la idea del genocidio. De una masacre. O al menos de un par de idiotas que mataran por diversión. Con esa proporción, enfrentándose unas 25.000 personas a seis millones, no podrían haberse defendido ni con la bomba atómica. A pura pedrada los hubieran hecho fosfatina.

Pero continuemos. Pensemos que, bueno, no hubo tal masacre. Pero que tan solo se dedicaban a recoger el oro y las piedras preciosas que encontraban colgando de los árboles y dejaban morir a la población de hambre. Eso, está mal.

Y lo estaría, si fuera verdad. Pero como para muestra vale un botón, pensemos que en 1646 aparece la primera universidad en Filipinas (que, de paso, es la primera universidad en todo el extremo oriente). Con datos lo más próximos al 98 que podemos contar, los de la matrícula del curso 1886/1887, tenemos en esa universidad (ya que la hemos citado) una matrícula de 2000 personas, de las que solo 216 eran españoles. Cursaban Jurisprudencia, Medicina, Notariado, Farmacia…

Y es que la educación era algo que por supuesto no preocupaba. No preocupaba hasta el extremo de que en 1815 se establece la creación de escuelas gratuitas para la enseñanza primaria, tanto para niños como para niñas, de escolarización obligatoria entre los 7 y 12 años, siendo dotados los alumnos de alimentación y vestuario.
No pensemos tampoco en sanidad, en hospitales (el primero, creado en 1587, por supuesto el más antiguo de oriente)

Los propios Filipinos levantiscos, en la carta que mandan al gobierno español en 1891, reconocen la excelencia de los centros docentes y que la mayor parte de la administración está en manos de filipinos…, quejándose de forma principal de que desde 1837 no tenían derecho de representación en las Cortes.

Estos son los datos. Ahora, ustedes juzguen sobre la masacre española que venden los amigos de lo absurdo. O compárenla con las colonias, que esas sí que lo fueron, inglesas.

Si fuéramos inocentes, pensaríamos que todo esto es provocado por mero desconocimiento, cuando no idiocia generalizada. Pero no. El problema es que ellos son conocedores de estos datos igual que nosotros. Pero antes que a la verdad, sirven a otro señor. Y no me pidan que concrete, pues tendré que decir que ese señor anda sobre patas de cabra, tiene cuernos y huele a azufre.

GUTIÉRREZ

https://mapsontheweb.zoom-maps.com/image/84701384289

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