EL GENOCIDIO SILENCIADO

La Historia también es el “laboratorio de la moral” y es por ello que se puede decir que su interpretación constituye el fundamento de la política, en el sentido más amplio y noble de la palabra, de la forma como organizamos las relaciones de la sociedad en el presente: ahí y no en otra parte es donde se encuentra su verdadera importancia y la necesidad de su estudio.

Ello al hilo de la trayectoria infame de algunas naciones como Gran Bretaña, siempre a la vanguardia de arrogarse una superioridad moral que su trayectoria histórica niega una y otra vez.

Y para muestra, un botón: el silenciado genocidio cometido por la Pérfida Albión sobre los nativos australianos: los aborígenes.

La palabra “aborigen” significa “el primero” o “el primer conocido”. De hecho, griegos y romanos fueron los primeros que utilizaron tal término para describir a los nativos o a los “viejos habitantes” de un lugar o territorio.

Pues bien, después de muchos estudios e investigaciones se cree que Australia puede fácilmente haber sido el hogar de los primeros habitantes de nuestro planeta.

Éstos llevaban en las antípodas aproximadamente 60.000 años cuando los primeros ingleses desembarcaron allí en 1770. Su persecución a manos de la metrópoli londinense hizo que -en apenas 123 años, en 1911- quedaran reducidos de 700.000 a unos 31.000.

Desde el principio, los ingleses declararon que Australia era ‘terra nullius’, es decir, “sin habitantes humanos”, y así justificaron el despojo de las tierras indígenas y el saqueo del continente, arrojando a los aborígenes a las zonas áridas del interior, no sin antes arrebatarles a los hijos.

Unos hijos que en muchos casos sus padres nunca más volvieron a ver y que aún buscan.

Las familias que opusieron resistencia fueron represaliadas y, en cuanto a los niños robados, serían castigados por hablar el idioma de sus padres o intentar huir y regresar a sus familias.

En nuestros días, las comunidades indígenas australianas continúan presentando graves deficiencias sanitarias y económicas, y los indicadores sociales les colocan en posiciones inferiores en lo que respecta a la salud, la educación, el empleo, la pobreza y la delincuencia.

Recuérdese, para escarnio de los a menudo arrogantes británicos, que hasta 1960 los pueblos originarios de Australia eran considerados como parte de la fauna… ¡luego la “leyenda negra” la cargan otros!

La Reina Isabel II nunca se ha disculpado públicamente por tamaña tropelía.

Fraternalmente en Cristo desde Misiones, Argentina,

Fernando Javier Liébanes

 

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