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EL NAÚFRAGO

Aquellos naufragios imaginados por mentes privilegiadas: la llegada a Calipso de Ulises aferrado a una tabla, Robinson Crusoe, Tintín o el Capitán Grant… desde la ficción de todos ellos, hasta las tragedias de la balsa del Medusa, de la Armada Invencible, del USS Indianápolis, el Titanic o el famoso naufrago solitario de García Márquez, pasando por cientos de historias menos populares, la zozobra de una embarcación que se va a pique y el grito de “hombre al agua” siempre ha apelado a la compasión por aquella indefensión del hombre ante la inmensidad de la naturaleza representada en su brutal esplendor por la mar.

Precisamente por tal motivo se dictaron leyes de navegación en las que se garantizara la protección de la vida humana a través de Convenios Internacionales.

En resumen y por no alargarnos: el capitán de cualquier buque tiene la obligación de acudir al rescate de un naufragio incluso abandonando la ruta de su embarcación.

Empero, además de la ley, está la cuestión moral y la caridad humana.

La cuestión planteada actualmente en el Mediterráneo, presenta aristas que resultan difíciles de encajar en la definición anterior, tanto por el asunto del dudoso naufragio como por la actividad de las embarcaciones que acuden en primer lugar y de manera preferente a su rescate.

Hemos podido ver imágenes de las pateras siendo remolcadas vacías desde Libia hasta aguas internacionales y una vez en ellas desembarcados los “náufragos” para de inmediato emitir un SOS.

La actividad profesional de los barcos de las ONG’s de salvamento marítimo también tiene mal encaje en cualquiera de los supuestos del rescate: éstos no “pasaban” por allí, están instalados allí.

Y para terminar: los rescatados nunca son desembarcados en puertos africanos incluso a pesar de encontrarse más próximos, sino guiados a puertos europeos.

Argumentar “puertos seguros” por parte de los capitanes y patrones “salvadores” es una excusa muy pobre. Como muestra, un botón: Túnez recibió el pasado año 9 millones de turistas… no parece un sitio donde se coman a nadie.

En realidad y visto lo visto, cualquier persona puede llegar a la conclusión objetiva de que los “naufragios” del Mediterráneo en realidad se han convertido en el negocio de una línea regular de tránsito de personas.

Y esto, amiguitos y amiguitas: SÍ es ilegal.

Y además, es inmoral.

LARREA   AG/2019

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