EL OBSCENO ORGULLO DEL ESCLAVO

 

En este surrealista patio de Monipodio antes llamado España, la actualidad suele ser tan grotesca que cada vez es más difícil apreciar la diferencia entre una tertulia política, una telecomedia y un espacio publicitario.
La fauna exhibida en parlamentos y parlamentillos es cada vez más indistinguible de la mostrada en los “realitys”.
Cuando vemos a una choni enseñar orgullosa su incultura, nunca se sabe a primera vista si se trata de la participante en un concurso buscando macarra para aparearse, de una concejala de Podemos en una rueda de prensa o de una ministra pepera haciéndose la “cercana”. El tono, coletillas y léxico empleado en los tres casos suelen ser similares.

Con los telediarios pasa algo parecido. Los mismos locutores que nos cuentan las consecuencias de un tifón en Filipinas o las gilipolleces más recientes de Rajoy pasan, sin solución de continuidad, a hablarnos del último libro de autoayuda escrito por algún cocinero famoso.
Es cada vez más corriente que, tras la reglamentaria y debidamente lacrimógena noticia sobre los “refugiados”, nos hablen de la última colección de lencería fina diseñada por algún bujarrón de moda. Si nos despistamos, puede llegar a costar trabajo distinguir dónde acaba el publirreportaje y dónde empiezan las bragas.

Por eso, cuando hoy los bustos parlantes nos anunciaban ufanos que cierto mercader de ropa barata era, oficialmente, el tío más rico del mundo, uno no sabía si la “noticia” pertenecía a la información nacional, a la crónica rosa o se trataba del adelanto de un reportaje sobre la explotación laboral infantil en el Tercer Mundo.
La sonrisa servil de los locutores informándonos de que el tipo en cuestión tiene una fortuna de ochenta mil millones de euros. es porque el marrajo en cuestión es español.

Seguramente, el jefe de informativos de la cadena pensará que los españoles con problemas para llegar a fin de mes, se sentirán muy reconfortados al saber que el plutócrata número uno del mundo es un paisano.
Es un tema de conversación que amenizará a mucha gente la espera en la cola del paro. El ama de casa que se las ve y se las desea para llenar la cesta de la compra sentirá sin duda un gran consuelo y un íntimo orgullo al pensar que el tío con más pasta del mundo es de su pueblo. La costurera sin contrato que trabaja a destajo para la empresa del tipo, sonreirá con la satisfacción del deber cumplido al saber que su patrón es el más rico de todos. Es un consuelo saber que no siempre los explotadores hijos de la gran puta son extranjeros.

Y es que se nota que, gracias a Rajoy, la crisis ya se ha acabado. Por lo menos para los multimillonarios.

J.L. Antonaya

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies