EL PASTOR DE LAS NAVAS

Comenzaba el verano de 1.212 y el ejército cristiano se puso en marcha hacia Andalucía con 60.000 carros y mulos de carga cargados de provisiones. Formaban las vanguardias Don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya, las órdenes Militares, el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, y tropas extranjeras, seguían luego Alfonso VIII “El Batallador”, rey de Castilla, con numerosos guerreros y Pedro II “El Católico”, rey de Aragón, con 3.000 caballeros.

Quemaba el sol en las llanuras de la Mancha y los extranjeros comenzaron a desertar… finalmente por el calor irresistible, se volvieron todos, abandonando la empresa cuando estaban a punto de aparecer las hordas moras de Al-Nasir. Entonces llegó Sancho VII “El Fuerte”, rey de Navarra, con sus huestes y les animó a seguir adelante… el riesgo sería solo español y español el triunfo.

El ejército cristiano marchaba por los vericuetos de Sierra Morena cuando la vanguardia quedó detenida frente al desfiladero de la Losa. Los moros ocupaban las alturas del abrupto paso y parapetados entre los riscos inaccesibles tenían al alcance de sus flechas a cuantos intentaran atravesar la rocosa garganta. El ejército no podía maniobrar ni desplegarse. El propio Rey Alfonso VIII dijo que “era tan escabroso, que mil hombres podían defenderse allí de todos los hombres que poblaban la Tierra…”

Junto al rey de Castilla se agruparon los otros reyes para deliberar, unos eran partidarios de desalojar a punta de espada las alturas pero, el resultado sería incierto, otros optaban por retirarse pero, eso sería malograr sin éxito el esfuerzo y ceder el campo sin combatir. No había acuerdo en la reunión de los magnates.

Entre tanto, un pastorcillo vestido toscamente, se abrió paso hasta la tienda del rey de Castilla, diciendo ser portador de importantes noticias. Alfonso VIII consintió en recibirle. El pastor que dijo llamarse Martín Alhaja y conocer palmo a palmo los vericuetos de la sierra, le dijo al rey: “Señor, os encamináis a vuestra ruina. Si os aventuráis en el desfiladero, el enemigo apostado en él desde hace días, os aniquilará sin remedio. Pero yo conozco un camino que os permitirá cruzar la sierra sin riesgo alguno y desembocar en una gran llanura, donde podréis vencer a la morisma”.

La ayuda era providencial. El rey hizo explorar la senda que indicaba el pastor y el camino era bueno. Los moros no divisaban el sendero ni se apercibirían de la maniobra. El ejército guiado por el pastor que caminaba al lado del rey de Castilla llegó sin riesgo al sitio conocido desde entonces con el nombre de Meseta del Rey… A su vista se presentaba la llanura de Las Navas de Tolosa ocupada por el ejército sarraceno.

Aquel 16 de julio, los españoles se lanzaron a la batalla acabando con el ejército de la media luna que superaba en casi el doble de efectivos al ejército de la Cruz, fugitivo el feroz Al-Nasir y libre España y Europa (Al Nasir había jurado plantar la media luna en Roma) del mayor peligro corrido hasta entonces, el rey de Castilla buscó al pastor de Las Navas para premiarle pero, no pudo hallarle. Nadie había vuelto a verle, nadie tampoco en aquellos contornos conocía a Martín Alhaja…

Años mas tarde, en la Capilla Mayor de la Catedral de Toledo se erigía una estatua a EL PASTOR DE LAS NAVAS. Fue el único tributo de agradecimiento que España y la Cristiandad pudieron rendir a aquel ser (pastor o angel) cuya intervención en momentos de apuro fue providencial y decisiva.

ROSA M. CASTRO

 

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