EL PESIMISMO ACTIVO

 

Se dice en algunos textos que el ‘fascismo’ es pesimismo activo; yo creo que esta frase es cierta pero insuficiente. En realidad no es el ‘fascismo’ lo que centra al pesimismo activo, sino toda una Cosmología del ser humano que viene del principio de los siglos en que se empezó a meditar sobre la humanidad.

Es curioso, pero analizando el mundo en general, incluyendo los intentos de arreglarlo, se encuentran tantas miserias, traidores, desgracias y estupidez que uno se ve obligado a pensar aquello de Bernand Shaw: “Las revoluciones nunca han aligerado el peso de las tiranías, sólo lo han cambiado de hombros”.

Sí, hay casos muy raros que son excepción pero a la vez son cortos en el tiempo. La normalidad devuelve a la decadencia y la miseria humana.
Por eso no es el fascismo el que descubre el pesimismo activo, ya decía Homero, Odisea, XVIII: “Pero de todo lo que se agita y respira en la tierra, no hay ser más digno de lástima que el hombre”, y en cambio sus héroes son activos pese a ese convencimiento.
Es como si algo interno nos hiciera ser incoherentes con la realidad, sabemos que no hay solución a la naturaleza humana, pero no podemos menos que combatir eso que es inevitable.

Llevo desde los 15 años luchando por el Nacionalsocialismo, y sin duda he visto tantas miserias dentro de ese mundillo que tendría mil razones para dejar de tratar de ‘salvar al mundo’, puesto que no solo ‘el mundo’ no desea ser salvado a costa de esfuerzos y lucha, sino que si al salvarlo gobernaran muchos de los que se postulan como ‘salvadores’ sería mejor emigrar a alguna isla desierta.
Mota ya me decía que si gobernaran los ‘nuestros’ sería el momento de exilarse, pues ahora que gobiernan los ‘enemigos’ de forma estable y total somos tan poco peligrosos que incluso nos dejan sobrevivir mientras no les molestemos mucho. Pero gobernando los ‘nuestros’ sus traiciones, robos, miserias y ambiciones nos harían protestar y seríamos perseguidos como los peores enemigos.

Si hoy denunciara las miserias de muchos presuntos camaradas (aquel famoso texto que Mota propuso y dejo a medias, ‘Nuestros Traidores y estafadores’) sería mucho más atacado que denunciando las miserias de nuestros enemigos naturales, que muchas veces ‘pasan’ de nuestras denuncias mientras sean inofensivas para ellos.
Recuerdo siempre un día que iba a un acto en Zaragoza, pasaba por la explanada del Pilar, y había allí docenas de familias pasando la tarde del sábado. Me senté y me pregunté: ¿Qué dirían si les dijese que vengo a tratar de salvarlos de este sistema materialista y decadente actual?. Seguramente me pedirían por favor que no tratara de salvarlos, que eso llevaría a luchas y sacrificios, que prefieren tomar el sol bajo la bota que sacudírsela. Y es que la humanidad se conforma con ‘dejarse vivir’ como decía Mota.

Schopenhauer nos dejó el mensaje de la realidad: A veces se puede ser feliz pero solo si se olvida y no se piensa en los que no son felices. La realidad humana es eso, el egoísmo y la tendencia a que el deseo nos haga cabalgar como loco hacia mil objetivos volátiles, llegando al final solo a la tumba.
No se trata de aprobar toda la filosofía de Schopenhauer, en absoluto, sino solo analizar la realidad de la humanidad en vez de quedarse con filosofías utópicas y con buenos deseos. Los mayores desastres suceden cuando queremos imponer en la realidad una utopía anti natural.

Las revoluciones se hacen para mejorar, son nuestro deber, pero eso no implica que logremos el objetivo a largo plazo, solo cumplimos con el Deber, no con el éxito final. “No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no lo destruya”, Marco Tulio Cicerón.
Por tanto el fascismo lucha por un deber elevado incluso sabiendo que al final será inútil, el hombre volverá a sus miserias naturales.
Siempre he creído que la terrible frase de Santa Teresa de Jesús debería enseñarse en las escuelas en vez de toda esa palabrería sobre derechos y futuros pluscualperfectos: “He cometido el peor de los pecados, quise ser feliz”. Así es, queremos ser felices, y para ello caemos en una espiral de vilezas, deseos, egoísmos y tonterías, entre ellas escandalizarse cuando nos invade la enfermedad, el dolor, el fracaso, el desengaño o simplemente vemos a nuestro alrededor la miseria humana.

Nuestro objetivo no es ser felices, tomando la felicidad como una ausencia de dolor, enfermedades y problemas, una torre de marfil donde vivir en el egoísmo habitual de ‘estar bien’, si ese es todo nuestro destino en el mundo, realmente la humanidad vale bien poco, unos pocos años de ‘dejarse vivir’ en un mundo inundado de miserias.
Es curioso que incluso las religiones hayan tenido que ofrecer un cielo, un premio enorme, y unos castigos inmensos, para fomentar la buena conducta humana, con evidente fracaso en general. Siempre he pensado que la buena conducta de quienes creen en el cielo no deja de ser una ‘compra’ donde se vende buena conducta a cambio de algo mucho más importante posteriormente. Incluso en el Evangelio se promete ‘ciento por uno’ en el cielo, una especie de usura de buenos actos.
Por supuesto para una minoría se indicaba que el amor a Dios debía ser suficiente para esa conducta correcta, pero para algo general era necesario el premio y el castigo.

No debe extrañarnos, pues, que todo ello responda a la misma realidad: hay una minoría capaz de ser honorable pero la mayoría de la humanidad tiende al egoísmo de forma natural.
Cuando Schopenhauer, o el mismo budismo, propone soluciones a esa realidad egoísta lo hace desde la no-acción, o sea la mera compasión por la humanidad y la anulación del deseo, no hacer daño, pero sin esperanza de solución ni acción dado que toda actuación contra el dolor y el egoísmo es al fin algo inútil, una utopía sin resultado posible.

Sin embargo la mayoría de propuestas políticas no ‘fascistas’ insisten en la acción, llamándola ayuda al prójimo o ocultándola tras un ‘estado ideal’ a lograr progresivamente. En ellas no hay pesimismo sino acción ‘progresista’ únicamente. Ni el marxismo ni la democracia o el progresismo asumen la inutilidad del esfuerzo a largo plazo, sino que proponen un ‘cielo en la tierra’ gracias a ese progreso y a esa acción terrenal.
Los adelantos técnicos los presentan como demostración de ese camino a la utopía, aunque no mejoren en nada la bondad y conducta de la gente ni el estado de la humanidad, que más bien degenera tanto en el entorno Natural como en calidad interna humana.
En las políticas materialistas la acción es el único motor que alimenta ese progreso ilimitado hasta llegar al paraíso terrenal comunista o el ‘fin de la historia’ progresista.

El cristianismo y otras religiones no son pesimistas en tanto creen en el final feliz que Dios nos asegura, aunque acepta el mundo como un estado imperfecto y lamentable por nuestros ‘pecados’ (la idea del pecado original es una metáfora de esa realidad natural que hace de la humanidad algo egoísta). Y siempre proponen la acción como algo necesario, una obligación moral. Incluso los sacerdotes de clausura ‘trabajan’ con su oración por la salvación del mundo, asegurada al final por el mismo Dios.
Vemos, pues, que el pesimismo no es algo ”fascista’ sino una mera realidad salida de la observación de la humanidad, que la mayoría de pensadores han comprendido desde el inicio del pensamiento humano.
Y que la acción en sí misma no es algo fascista sino que es asumida como la base única de actuación de las propuestas que tienden (por esa acción) a un final utópico feliz.

En cambio eso que llamaríamos la esencia del fascismo es en realidad la continuación, la plasmación actual, de la propuesta eterna que aúna pesimismo y acción. Es la llamada a la acción sin esperanza de un final sino como una forma de rebeldía ante lo inevitable, ante la seguridad de una humanidad egoísta que siempre necesitará el combate para calmar sus miserias sin nunca lograr resultados finales.
No hay en el fascismo una promesa de Estado ideal eterno, ni un cielo ni una visión de una humanidad liberada de sus lacras, es solo la lucha por Deber contra esa realidad inmutable, una lucha desesperada e inútil en tanto resultado final, pero que es la única actitud que merece la pena para un hombre honorable y elevado.
Como decía Massana: “Yo solo me apunto a causas perdidas cuando están realmente ya perdidas de verdad”. Esa es la actitud heroica.

La lucha por una humanidad ideal está perdida, y por eso nos apuntamos a luchar sin esperanza pero en la acción.
Sófocles en su “Ayante” nos dice: “Un solo día abate y de nuevo levanta todas las cosas de los hombres”, así desde la Grecia clásica los hombre elevados sabían que todo lo que levantemos, caerá un día, pero eso no debe impedir nuestra lucha por levantar la belleza y lo noble aunque sea solo el tiempo y el entorno mínimo en que podamos influir, y no por un premio prometido, ni por una esperanza de cielo o de un paraíso terrenal a lograr, sino por nuestra propia dignidad.

Eso es el ‘fascismo’ y eso fue ya antes la moral del héroe, de quien actúa por deber interno sin esperanzas ni premios.
En realidad para el ‘fascista’ en ese sentido, su infierno es tener que soportar la miseria humana, su dolor y su bajeza, sus egoísmos y sus traiciones. Como dijo Voltaire “La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”.
Así debemos asumir el egoísmo humano con el único enemigo de nuestro Deber y Honor, junto a la compañía y ayuda del Arte y el ejemplo de los héroes, fueran cual fueran sus ideologías, que han dejado una estela de vida noble y digna.

R.BAU

 

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