EL RAPTO DE EUROPA

 

Para que un proyecto salga adelante hace falta conocer cuál es la meta a alcanzar; y qué nuevas metas vendrán detrás de ella.

Hoy la Vieja Europa está herida de muerte, sus heridas aún no son mortales, pero van camino de serlo, la víctima ha entrado en shock.

Las heridas causadas por el imperialismo yanqui y por el mundialismo capitalista son harto graves, se le ha atacado directamente al corazón, se le ha atacado en su forma de ser y de sentir. Europa está en coma provocado, es más, los europeos estamos siendo conminados a arrepentirnos de lo que somos, a avergonzarnos de ello, a reconocer en el invasor silencioso, ya venga en forma de trasferencia bancaria, código numérico o barco nodriza, la solución a la falta de proyecto, a la carencia de metas.

Solo una meta común, en la que se vean implicados los millones de europeos, sin excepción, o excepción hecha de quienes no tienen ninguna intención de ver más allá de hoy, será capaz de reconducir a nuestro viejo terruño europeo hacia un nuevo camino que habrá que construir.

Una meta no puede ser un anteproyecto a corto plazo, porque eso no continúa, es un camino cortado. Tampoco puede venir de fuera; de hecho, disolverlo con ideas, creencias o costumbres venidas de fuera es una forma de eliminar dicha meta, y esto los promotores del mundialismo y de la globalización lo saben bien, son duchos en la ingeniería social que hace que incluso los más limpios corazones se acomplejen cuando piensan (no ya siquiera que digan) que su identidad está muy por encima de absurdos mestizajes culturales.

Una meta no puede ser solo una moneda única, no lo puede ser porque la moneda única, como mucho, puede ser una vía de comunicación entre pueblos, nada más.

Una meta no puede ser solo una política común, y no lo puede ser porque es en la diversidad de pueblos de Europa donde está su grandeza, diversidad que se ha venido adaptando durante años y que también se ve disuelta por la imposición de culturas foráneas en un tiempo tan breve que es imposible asimilar sin desplazar la cultura propia.

Una meta no puede ser solo un mercado común, simplemente porque un mercado, como una moneda, es solamente una vía, no un objetivo.

Una meta solo puede ser grande cuando es eterna, y son eternos los valores que nos conformaron, los que hicieron a esta cultura lo que es, desde Grecia hasta Escandinavia, desde Lisboa hasta Moscú. Solo la lucha por preservar esos valores nos salvará como pueblo, solo esa puede ser la meta a alcanzar. No todo el mundo está dispuesto a ello, empezando por gobernantes cortoplacistas y acabando por acomplejados o perezosos ciudadanos que abogan por aceptar otras culturas en lugar de, no ya defender, sino tan solo conocer la suya propia.

Por suerte estos enemigos interiores tampoco serán eternos.

Europa, como en su origen, está volviendo a ser raptada, solo que esta vez no volverá como reina, tal y como la dejó Zeus, lo hará como esclava.

Aún estamos a tiempo.

GAITÁN

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