EL SUEÑO DE MAMERTO

Mamerto, el alcalde de Villacabras de la Rastrojera, tenía un sueño: que su pueblo fuese conocido por poseer la orquesta más famosa del mundo. Todos los años oía, conmovido por un sentimiento mezcla de admiración y sana envidia, el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Al escuchar los valses y las polkas de rigor, se hacía el firme propósito de que, algún día, el nombre de la capital austríaca se vería eclipsado, en el firmamento de la música clásica, por el de la muy noble villa de Villacabras de la Rastrojera.

En lugar de las distinguidas melenas de los empingorotados directores de orquesta habituales, en las televisiones de todo el mundo aparecería, como símbolo de la nueva constelación musical, su vieja boina sin rabillo. Ya se veía a sí mismo dirigiendo, con mucho movimiento de brazos, la superorquesta que sería el pasmo de propios y extraños, sobre todo de esos soplapollas de Villatempujo, el pueblo vecino, que se pavoneaban por tener una pequeña orquesta de música de cámara, los muy pretenciosos.

Y es que los villatempujanos eran inaguantables. Todavía se cabreaba al recordar que se habían ofrecido a echar una mano en el proyecto cuando se enteraron de la iniciativa. Como si en Villacabras necesitasen la ayuda de esos señoritos engreídos. No te jode. Naturalmente, los había mandado a la mierda sin dudar.
Y es que los de la orquesta de cámara de Villatempujo, con eso de que ellos sabían solfeo y llevaban años de estudio en el Conservatorio, a lo mejor se creían que estaban más capacitados para montar una orquesta. Valientes gilipollas. Mucha partitura y mucho violín, pero nunca habían llenado la plaza de toros con sus conciertos. Bueno, la plaza de toros sí, pero hace ya muchos años. Y es que encima, los de la orquesta de cámara eran unos carcamales que para qué.

Mamerto creía que lo que había que hacer era dar paso a la juventud. Al fin y al cabo, la gente se divertía mucho más cuando los mozos de la peña del Bayern Villacabras tiraba al pilón al árbitro tras el partido contra el Inter de Villatempujo que con todas las charlas divulgativas y cursos que patrocinaba la orquesta de cámara.

Mamerto decidió que ya era hora de dar a conocer la superorquesta con un pasacalles multitudinario. Habría que suplir con imaginación y empuje las pequeñas carencias técnicas: en lugar de los instrumentos pijos que requieren saber solfeo y cosas de ésas, utilizarían zambombas. De esta forma, podrían unirse al pasacalles todas las peñas y hermandades de la comarca, que tampoco sabían mucho solfeo pero eran muy alegres y animadas. Bueno, todas no. Como siempre, esos vejestorios de Villatempujo serían vetados. Sólo faltaría que apareciesen por aquí con sus ínfulas, sus partituras y sus gilipolleces a dar lecciones.
Y además, oye, qué mala es la envidia. Sabedores del éxito que iba a tener el pasacalles de Villacabras, los de la orquesta de cámara habían tenido la desfachatez de no suspender el concierto que hacían todos los años. A lo mejor se creían, los muy cretinos, que con eso iban a restar público a la jornada zambombera. Los muy gilipollas habían invitado además a varios maestros de la Filarmónica de Berlín a dar charlas sobre música. Como si nuestros jóvenes necesitasen los consejos de un peinacanas de éstos, para saber tocar la zambomba.

Al final, el pasacalles fue un éxito rotundo. Varios centenares de zambombas atronaron las calles de Villacabras, acompañadas del recio resonar de los petardos y del alegre humo de las bengalas. Parecía el día de la Fiesta mayor, no te exagero.

Y eso que muchos capullos prefirieron acudir al concierto de cámara de Villatempujo. Menudos muermos. En fin, tiene que haber gente pa tó -reflexionó Mamerto-.

Al final, enfervorizado por los vítores de una multitud entregada, Mamerto se vino arriba y decidió pronunciar una frase lapidaria que, por fin, relegase al olvido a los viejos músicos del pueblo rival:
– ¡Semos los herederos del espíritu del Chopin y del Mozart ése!

Los aplausos se oyeron en kilómetros. Fue un día memorable.

J.L. Antonaya

 

ANT6

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    4 thoughts on “EL SUEÑO DE MAMERTO

    1. El Fascismo no puede permitirse el lujo de encerrarse en la sala de conferencias de un hotel,porque se apolilla, se acartona, se momifica y es ignorado por el pueblo,el impulsor del fascio.

      1. Hombre, lo suyo es que cuando se organizan unas conferencias se hagan en una sala. La entrada es libre y cualquier persona puede acudir. Cuando toca salir a la calle, también se hace.

      2. Es archiconocida la frase joseantoniana de que la acción sin pensamiento es pura barbarie y el pensamiento sin acción, pura entelequia. No voy a insistir por tanto en dimes y diretes sobre estrategias ajenas. El artículo sólo es una respuesta a la provocación y el menosprecio continuos hacia la ACIMJI por parte de quienes incluso tras una manifestación aprovechan para lanzar sus pullas contra nuestra formación. Quizá he cometido una torpeza por “entrar al trapo”. Seguramente, lo que se buscaba con ciertas alusiones era precisamente que devolviéramos la coz. En cualquier caso, tómese este relato no como una respuesta airada sino simplemente como una sonrisa inevitable ante la enésima tocada de huevos por parte de quienes, en lugar de afines, siempre nos han considerado “competencia”. Como me consta el malestar que entre algunos buenos camaradas ha provocado el cuentecillo, quiero, una vez más pedirles disculpas a todos los patriotas de buena voluntad que el pasado sábado salieron a la calle a defender los derechos de nuestro Pueblo que pudieran haberse sentido ofendidos.

    2. Hombre, es que cada cosa en su momento y en su lugar. Una cosa es un ciclo de conferencias y otra un mitin. Una cosa es dar la tabarra todos los días en la red y otra organizar de cuando en cuando una manifestación. Y no por hacer una cosa se deja de hacer las demás…

      Chapó tíos.

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