EL TÍSICO

Ahora que la Ley de Memos Histéricos ensalza a los que tildan de “héroes de la democracia” frentepopulista (me niego a llamarla “republicana” pues ellos mismos fueron quienes se cargaron la actualmente idolatrada Segunda República), vamos a recordar a uno de éstos que nos quieren colar como tales: hablamos de Agapito García Atadell alias “el tísico”, un asesino en toda regla cuyo solo nombre ya despertaba pavor en aquel Madrid sometido, no tanto a los bombardeos de la aviación de Franco, como al terror de los milicianos anarco-comunistas.

Gallego de nacimiento, tipógrafo de profesión, socialista de carnet (de hecho, formó parte de la muy camorrista escolta personal de Indalecio Prieto) y ladrón/matarife de vocación, Atadell creó justo al inicio de la contienda la tristemente célebre Brigada del Amanecer a las órdenes del inspector de policía Antonio Lino, cuyas “operaciones” contra la “quinta columna” despertaron el aplauso casi unánime de la prensa roja. Tanto que, con el beneplácito de los servicios de seguridad gubernamentales, instalará una Cheka en el Paseo de la Castellana.

Como no podía ser de otra forma, allí se torturó, violó y mató a destajo, no sólo a derechistas, también a aquellos republicanos que no eran de su cuerda. Así hasta noviembre de 1936, cuando sorpresivamente decide huir a Marsella (se dice que aprovechando que había sido enviado en misión secreta a Francia) con sus compinches y buena parte del botín robado a sus pobres víctimas, momento a partir del que los rotativos al dictado del PCE comienzan a tacharlo de “traidor” y “enemigo del pueblo”.

La jugada, sin embargo, no le saldrá bien a Atadell. Embarcado en el “Mexique” rumbo a Cuba para darse la gran vida, el muy canalla sería al final detenido en el puerto de Las Palmas por un grupo de guardias civiles y falangistas que, de paisano, habían subido al citado vapor cuando atracó en La Coruña días atrás. Debidamente juzgado y merecidamente condenado a la pena capital por las autoridades nacionales, la misma se llevará a cabo por garrote vil en julio de 1937, junto a su secretario particular, el no menos criminal Luís Ortuño alias “Byron”.

Conclusión: entre 1936-1939 se asesinó en la retaguardia controlada por el prosoviético Frente Popular mucho y a manos de chusma harto miserable, tal que este desalmado. No todos lo partidarios de aquél fueron héroes o víctimas, ni de lejos. Tampoco todos los condenados por el Régimen del 18 de Julio eran inocentes, ni durante ni después de la guerra: antes bien, al contrario, la mayoría de ellos tenían las manos manchadas de sangre. Mayor prudencia, pues, a la hora alardear del “abuelito republicano” que hoy tantos dicen haber tenido entonces…

NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

Cachús

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