EL TOCATA: 41 AÑOS DE RAMONES

Este año, el primer trabajo de RAMONES (abril de 1976) cumple 41 años. Por el camino han quedado tres de los cuatro miembros de la banda, unos cuantos suplentes, 14 discos de estudio y varias recopilaciones y discos en directo, haciendo un total de 21 álbumes y un total de 212 canciones. Ésto sin contar los litros de alcohol y los kilos de droga.

El único superviviente, Marky, publica la autobiografía ‘Punk Rock Blitzkrieg. Mi vida en los Ramones” de la que os dejamos unos párrafos como homenaje a la Banda.

¡Larga vida a RAMONES!….  -al menos, a sus canciones-

A. MARTÍN

 

“Mi vida en los Ramones’ ha sido la última autobiografía en aparecer en las librerías de medio mundo, pero antes vieron la luz los recuerdos impagables de Johnny en ‘Commando’ y los de Dee Dee en Lobotomy: surviving the Ramones. El primero fue publicado en el 2013 por la barcelonesa Malpaso Ediciones, mientras que la autobiografía del bajista todavía no se ha publicado en castellano.

Dee Dee era el más polifacético e imprevisible de toda la banda. Escribía, pintaba y, a finales de los 80, incluso se atrevió con el hip hop, para asombro de todos. Murió de una sobredosis en el 2002, el mismo año en que la banda era canonizada en el Salón de la Fama. Le sustituyó un jovencísimo Christopher Joseph Ward, rebautizado C.J. Ramone, conocido también como Little Ramone por ser el más joven, hasta la disolución de la banda en 1996.

El carismático Johnny, el sargento de hierro, murió dos años después de Dee Dee. Antes dejó lista para imprimir Commando, una completa y sincera autobiografía acompañada de numerosas fotografías inéditas. “Salía ahí sabiendo que éramos los mejores, que nadie se acercaba siquiera. El volumen era mi cómplice y jamás utilicé tapones para los oídos. Eso habría sido un engaño”, explica en su biografía Johnny, quien fue considerado por la revista ‘Rolling Stone’ el decimosexto mejor guitarrista de la historia.

Johnny, con sus hermanos postizos, presumía de haber creado el punk, el sonido de la rebeldía. “La verdad es que nunca sentí que perdía la cabeza: era solo mi manera de vivir. Yo era el matón del barrio”, cuenta el maestro de los tres acordes. Sólo un cáncer de próstata, diagnosticado en 1997, fue capaz de domar a la bestia que llevaba dentro. “Me ha suavizado y prefiero el yo de antes. Ya no me quedan fuerzas ni para cabrearme, y eso te mina la moral”.

El desgarbado Joey, con casi dos metros de altura, es uno de los miembros más queridos por la parroquia ramoniana. Empezó como batería y cantante cuando la banda daba su primeros pasos en formato trío, pero rápidamente adoptó el rol de frontman. No era precisamente un líder. Para eso ya tenían a Johnny. La banda protegía al entrañable cantante, con más o menos paciencia, conociendo su trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno le obligaba a repetir ciertas cosas, como abrir y cerrar una puerta varias veces. “Con Joey trataba de entenderme, de hablar con él, pero la cosa se fue estropeando. Y es que era un puto pelmazo, así que desistí”, recuerda en sus memorias Johnny, quien luego reconoció cierto sentimiento de culpa por haberlo tratado así. Joey, que tras la disolución de la banda inició una brevísima carrera en solitario, murió de un linfoma en el 2001.

Dos años después de la muerte del querido cantante, la cara más amable y simpática de la banda, la ciudad de Nueva York incluyó su nombre artístico en el callejero. La calle Joey Ramone Place está situada muy cerca de la mítica CBGB, donde los cuatro amigos de Queens dieron sus primeros conciertos y sacudieron el rock’n’roll para siempre.”

 

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