EL TOCATA: “ESE HOMBRE”

En mi vida hay canciones, por extrañas que sean, que pertenecen al verano. En concreto, cada una a un verano y a unas circunstancias. La más extraña de todas pertenece al verano de 1981 y aunque escrita por un hombre, sale a grito desgarrado del pecho de una Señora.

Creo que la escuché aproximadamente unas 376 veces en tan sólo 30 escasos días de vacaciones en la casa de la playa de un amigo y compañero de fatigas en el Colegio en el que teníamos filiación conocida y residencia fija ad eternum. Por necesidad había que vaciar el Internado de residentes invernales para llenarlo con residentes estivales. Así que con destino o sin él, debías ausentarte al menos 30 días de dicho penal durante el verano. Con muy buen criterio, los padres de mi amigo se ofrecieron voluntarios para acogerme durante esos días, compartiendo con su hijo y conmigo la magnífica idea de que playa mejor que montaña. Picaron. Nuestro nivel de testosterona alcanzó niveles Copa de Europa al saber que sería Punta Umbría, provincia de Huelva, nuestro Flandes particular. Ya nos veíamos ondeando las Aspas de Borgoña sobre nuestras veraniegas conquistas después de duras luchas y volviendo al frío de Alcatraz con al menos 10 cabelleras. Menos mal que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo … dicen.

Y vive Dios que vivimos un Flandes, pero no el nuestro. Entre su padre y su madre se desarrollaba en sus últimas recreaciones la Batalla de Rocroi, siendo el padre España y la madre los Países Bajos. Nos amargaron las vacaciones, nuestra merecida libertad y nuestras estudiadas, y nunca llevadas a cabo entonces, aventuras y conquistas. Las incursiones verbales y huidas del matrimonio a retaguardia, digo yo que para aprovisionar, eran constantes. Aquello era francamente desagradable, especialmente para mi compañero de celda. Si acordamos que el nivel de ruido es proporcional al problema, eso era la Mascletá. Si, además, acordamos que el nivel de mala leche es proporcional a una multa caprichosa, ésta sería de 30.000 euros.

Todos sabemos cómo acabó en su Siglo el tema con los herejes. Esta vez no iba a ser diferente. La madre venció por KO técnico al abandonar el padre el combate, la casa de la playa, el matrimonio y posiblemente su salud mental por el camino.

Volvimos al penal habiendo cumplido de malísima gana los benditos 30 días de obligada ausencia. Que volviéramos con ganas y ondeando la bandera de la derrota a la Isla del Diablo es mérito, en parte, de Manuel Alejandro, de Rocío Jurado, de los padres de mi amigo y, con el tiempo me enteré, de una señora de Badajoz.

Ese verano de 1981 conocimos el despecho de una mujer en Nivel Dios. Eso nos cambió la perspectiva que teníamos sobre las mujeres. De Madres o Ninfas pasaron a Diosas. Y ahí se han quedado perennes, como la letra de esta canción en mi cerebro.

A. MARTÍN

https://youtu.be/n162eO3wfGA

ALB3

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