EL TOCATA: LA LEYENDA DEL CLARO DE LUNA

No fue su trigésimo aniversario el mejor año para Beethoven: a la pérdida de su mejor discípulo y el amor imposible con la condesa Josephine Brunswick, se sumó el agravamiento de su progresiva sordera sumiéndole todo ello en una profunda depresión.

Salía en soledad a dar largos paseos nocturnos por las calles de Bonn intentando vanamente dulcificar su angustia.
Una noche, sus pasos le llevaron hasta perderse por un barrio humilde, intentaba orientarse cuando repentinamente oyó el característico sonido de las teclas de un piano.
Siguiendo el rastro de la música llegó hasta una habitación donde una joven ciega desgranaba con notable maestría una de las piezas más populares de su propio reprertorio.
Fascinado, el joven Ludwig preguntó a la niña dónde había aprendido a tocar el piano.
Ella confesó tocar de oído y pronto ambos comenzaron una conversación que se alargó hasta el amanecer.
Antes de irse, el músico dijo a la joven que le pidiera un obsequio a cambio de la gentileza de su compañía.
“Un claro de luna, ¿me puede regalar, Maestro, un claro de luna?”.
Y Ludwig Van Beethoven compuso una de las más hermosas y evocadoras piezas jamás escritas.

La historia es apócrifa, de hecho casi seguro que no ocurrió así, tan solo una leyenda… pero no me digan que no pueden -cerrando los ojos- ver nítidamente el claro de luna mientras escuchan la Sonata.

LARREA    JUL/2018

 

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