EL TOCATA: UN TRIBUTO A THE TEMPTATIONS, POR LEE RITENOUR

Fue el 3 de septiembre.
Recordaré siempre ese día, sí.
Porque fue el día que mi padre murió.
Nunca tuve oportunidad de verlo.
Todo lo que escuché de él era malo.
Mamá, dependo tanto de ti, dime la verdad.

Y mamá movió la cabeza, y dijo:
“Hijo, papá era un bala perdida …
Dondequiera que ponía
su sombrero siempre fue su hogar.
Y cuando murió, lo único que nos dejó
fue a nosotros sólos”

Bueno, bueno …

Oye, mamá, ¿es cierto lo que dicen?
¿Que papá nunca trabajó un sólo día de su vida?
¿Y esa mala fama que se cuenta por la ciudad
que dice que papá tenía tres hijos
con otra mujer?
Y eso no está bien …
He escuchado que papá
hacía negocio sermoneando por ahí.
Hablando de salvar almas y viviendo del cuento.
Negociando con deudas
y robando en el nombre del Señor.

Y mamá movió la cabeza, y dijo:
“Hijo, papá era un bala perdida …
Dondequiera que parase,
su sombrero siempre fue su hogar.
Y cuando murió lo único que nos dejó
fue a nosotros solos”

¡Oh!

Oye, mamá, oí decir que papá
igualó una apuesta con una jota (al poker)
Dime, ¿fue eso lo que le llevó a la tumba?
Se dice que quería pagar
sus deudas a cualquier precio.
Oye, mamá, la gente dice que papá
no pensaba mucho las cosas.
Que gastaba su tiempo
persiguiendo mujeres y bebiendo.
Mamá, eres tú quien me tiene
que decir la verdad.

Mamá elevó la mirada
con una lágrima en sus ojos, y dijo:
“Hijo, papá fue un bala perdida …
Dondequiera que parara,
su sombrero siempre fue su hogar.
Y cuando murió lo único que dejó
es a nosotros solos”

AMÉN.

A. MARTÍN

 

ALB32

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