ELIGIENDO BANDO

“Pongo en tus manos abiertas mi guitarra de cantor, martillo de los mineros, arado del labrador”
(Victor Jara, “A Luis Emilio Recabarren”)

“Ni izquierdas ni derechas, el yugo y las flechas” se me definía un día una señorona verdaderamente enfadada porque yo le había hecho no-se-qué observación acerca de la falta de coherencia entre el discurso burgués que estaba entonando y la simbología que esgrimía como parafernalia propia. Cuando me definí amparándome en textos extraídos al azar de mi memoria, textos que habían sido escritos con su propia sangre por los hombres que dibujaron aquellos símbolos que la señorona degradaba como oropel, se puso lívida y me espetó “rojo, lo que tú eres es un rojo”. Como su respuesta era la por mí esperada, tranquilamente sonreí y me fui con la música a otra parte recordando el consejo de mi abuelito, “no te pierdas con medios días habiendo días enteros”.

No ser de izquierdas ni de derechas es ser un bicho demasiado raro en una sociedad programada para ser el correcto engranaje del Sistema.
Pero mientras terminan de perfilar los señores del Poder nuestra penúltima destrucción definitiva, parece de una gran estupidez ayudarles en el cometido con la participación en su circo. Actitudes suicidas como el reconocimiento de las leyes del 78, la sumisión de las urnas o la inclusión de inmigrantes en las listas electorales, son un lametazo en la mano que lo único que te va a pasar por el lomo es una vara de abedul.
A día de hoy todavía, yo, que escogí el bando de los malos muchachos, tengo derecho a ser tratado correctamente dentro del cordial maltrato habitual, incluso aunque haya elegido ser una voz clamando en el desierto. Caminar por la vida con dignidad es lo único que nos queda.
Derechas e izquierdas… ¿cómo tener la certeza de que eres sincero contigo mismo?.

En Diciembre de 1907, en la región salinera de Iquique (Chile) los “obreros del salitre” se mantenían en huelga para protestar por las durísimas condiciones laborales a las que estaban siendo sometidos. Y digo bien, sometidos. La economía chilena dependía en un altísimo porcentaje de las explotaciones del salitre y éste se encontraba en manos de consorcios extranjeros, mayoritariamente ingleses, nada dispuestos a ceder a sus reivindicaciones por muy justas que estas fueran, como el reajuste de salarios, la reducción de la jornada laboral de 12 horas y la eliminación del pago con cupones que solo permitían comprar en las pulperías ligadas a las oficinas salitreras británicas.

El 21 de Diciembre, todos los huelguistas del desierto de Atacama decidieron marchar con sus familias –mujeres y niños– hasta la población de Iquique, concentrándose unas 10.000 personas en la Escuela Domingo Santa María y en la Plaza Montt de esta localidad; muchos de ellos enarbolaban banderas chilenas e incluso algunos vitorearon a los soldados mientras descendían de los barcos, creyendo en su ignorancia de obreros que, como buenos patriotas venían a mediar en su pugna con los patronos extranjeros, por ser ellos el sostén de la nación en la que de sol a sol y con sus propias manos, extraían su principal riqueza. Tal vez por ese motivo, nadie se alarmó cuando instalaron sobre sus trípodes las ametralladoras Maxim. 3.600 personas entre hombres, mujeres y niños fueron vilmente asesinados por el ejército enviado en auxilio de los intereses británicos por el gobierno chileno para sofocar la revuelta obrera.

El 5 de Octubre de 1934 comenzó la “última revolución social, bien que fracasada, del occidente europeo”, conocida como la Revolución de Asturias. Los primeros objetivos de los amotinados, tras los cuarteles de la Guardia Civil, fueron las iglesias que pronto serían pasto de las llamas con 34 religiosos asesinados. En sí misma, la revolución de 1934 no fue una revuelta popular o proletaria como contestación a una situación determinada, sino un movimiento político gestado por distintas organizaciones que no tenían un proyecto común para el día después y que sembraba muchísimas dudas entre la clase obrera y por ende, carecía de un verdadero y eficaz proyecto insurreccional.
A esto hay que añadir que simultáneamente al levantamiento de la cuenca minera asturiana y haciendo del Pisuerga el Ter, Cataluña proclamaba su independencia.
Con estos mimbres, el aún incipiente movimiento falangista no dudó en cuál debía ser su trinchera y eligieron el bando del estado de derecho, combatiendo valientemente al lado del ejército del gobierno de la república. Tres camisas azules se dejaron la vida en ello.

Si tras estos dos relatos, aún hay quien mantiene dudas acerca de en qué lado se habría posicionado si se hubiera visto en ambas circunstancias, decididamente, ese no es de los nuestros. Busque su ubicación entre la amplísima oferta de izquierdas o derechas porque no se engañe: usted amigo mío, no es, ni nunca será de “los malos muchachos”.
Reconciliar al obrero con su patria, ese es nuestro frente y esa lucha no está al alcance de cualquiera.

Porque la patria ni es, ni nunca será, patrimonio ni de la burguesía, ni de la aristocracia, ni de las oligarquías.

Sin acritud.

LARREA   OCT/2020

 

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    1 thought on “ELIGIENDO BANDO

    1. Eternamente incomprendidos en una sociedad en la que sólo puedes decidir entre blanco o negro. No entienden que queremos superar su reduccionismo, que queremos elevar a la persona a un nivel superior, tanto en dignidad como en espiritualidad. Es luchar contra molinos. ETERNAMENTE INCOMPRENDIDOS, ETERNAMENTE ODIADOS…ETERNAMENTE LIBRES.

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